Álex Calleja no necesita presentaciones para quienes han seguido de cerca los concursos televisivos en España. Desde su irrupción hace más de una década en ‘Ahora Caigo’, donde se llevó la friolera de 100.000 euros en su primera aparición, hasta su actual participación en ‘Jeopardy’ —que se ha emitido cada mediodía en La 2—, este joven calagurritano ha sabido moverse como pez en el agua en el competitivo mundo de los platós. Y es que, una vez más, lo está volviendo a hacer: acumula ya trece programas seguidos en el emblemático formato presentado por Paco de Benito.
“No esperaba durar tanto, porque este concurso es más complicado que los anteriores”, confiesa Álex con una mezcla de humildad y sorpresa. Y lo cierto es que no exagera. Jeopardy exige no solo un conocimiento enciclopédico, sino también una rapidez de reflejos quirúrgica. «Hay que estar concentrado todo el rato, no puedes despistarte ni un segundo», admite. En este formato, único por su peculiar mecánica —el presentador da las respuestas y los concursantes deben formular la pregunta adecuada—, el margen de error es mínimo. Y aún así, Álex está resistiendo. Brillando.
Pero esta historia no nace de la noche a la mañana. Hay que rebobinar más una década para encontrar el origen de esta afición. Fue en sus años universitarios cuando, rodeado de compañeros de piso y tardes de sofá, los concursos de televisión pasaron de ser un pasatiempo a una oportunidad. «Fueron ellos los que me animaron a llamar para ir al primero, porque decían que acertaba muchas de las respuestas». Y les hizo caso. En poco tiempo, la llamada de la productora de ‘Ahora Caigo’ cambió su vida. No solo por el premio económico, sino porque le abrió la puerta a una cadena de apariciones que no ha cesado.

Tras ese primer golpe de suerte —o mejor dicho, de talento y reflejos—, vinieron El Cazador, 25 Palabras, y ahora Jeopardy. En total, acumula unos 200.000 euros en premios. Pero, lejos de darse a lujos o caprichos, Álex ha sido siempre comedido. Ya en su primer gran premio comentaba con ironía: «Lo primero que hice fue llamar a mi padre… y después acordarme de Montoro (entonces ministro de Hacienda)». Aunque sí se permitió una inversión de futuro: irse al extranjero a seguir formándose.
Hoy, su situación ha cambiado. «Me caso, me he comprado un piso y ya tengo gastos de adulto», bromea con ese tono cercano que le caracteriza. De aquel joven universitario con tiempo libre y sueños por cumplir, queda la misma esencia curiosa y brillante, pero con una mochila más llena de experiencias… y de facturas, como él mismo reconoce con humor.
A pesar de sus múltiples apariciones, Álex insiste en que no se toma los concursos como algo profesional. «Veo que hay gente que se ha convertido en profesional de los concursos, pero ese no es mi caso». Su día a día transcurre lejos de las cámaras, en una planta de tratamiento en Cuenca.
Sin embargo, cada cierto tiempo, vuelve a colarse en los televisores. Con su rapidez mental, su templanza bajo presión y esa naturalidad que lo hace tan cercano. Y lo hace sin despeinarse, como quien juega una partida más entre amigos. Solo que, en su caso, las partidas vienen con miles de euros en juego y un país entero mirando.


