Tinta y tinto

Conrado, más indultos y más fuentes

FOTO: Josema Cutillas.

El otro día casi atropello al alcalde con una de esas bicis municipales de alquiler. Iba el hombre paseando por el Espolón con su habitual elegancia institucional cuando me di cuenta de su presencia y para allí que me fui. «A ver qué titulares jugosos me da Conrado», pensaba entre pedalada y pedalada. Nos saludamos amistosamente y caminamos medio minuto hasta que llegamos a una carpa de Vox en la que nos asaltaron Ángel Alda y María Jiménez como si fuéramos los dos un par de «menas» camino de atracar a un par de viejas y de robar cuatro móviles por el centro. A punto estuvieron de ponernos un par de pulseras (supongo que llevarían localizador y micros para la UCO) y de sacarse una foto con nosotros, pero todavía les falta calle, bro.

Tras el breve encuentro con el señor Escobar y el asalto rojigualdo, me retiré tranquilamente a contemplar un par de obras de Concéntrico, mientras pensaba en esa algarada en la que andan metidos los políticos todo el día para salir en el telediario. Con todo lo que ha caído últimamente, uno ya no sabe si estamos en política o en una novela de espías escrita por un guionista con resaca. Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García se han convertido en los nombres de moda en las redacciones y en La Rioja ya tocamos la historia de la España corrupta con los dedos: una foto suya en Aldeanueva de Ebro y un expediente de la UCO que, de momento, salpica a la Ronda Sur y la A-12.

Me puse a pensar entonces qué podemos hacer desde aquí y, siendo realistas, no le vamos a pedir al alcalde que solucione la corrupción nacional ni que firme indultos simbólicos. Vamos con algo más sencillo, que sí está en su mano: que cada año, por votación popular, se indulte una instalación de Concéntrico y se quede para siempre en la ciudad. Molan que flipas y queremos un indulto civil, urbano y participativo al estilo de Semana SAnta. Como una amnistía para el arte efímero.

Si algo provoca Concéntrico es que nos detengamos a mirar Logroño de otra manera. Durante unos días, las calles se llenan de preguntas: ¿puede una rampa ser una escultura?, ¿una marquesina convertirse en lugar de encuentro?, ¿una estructura de madera explicar mejor esta ciudad que cualquier discurso institucional? Y luego pasa lo de siempre: que salimos del festival y volvemos a pisar las Cien Tiendas, que siguen hechas unos zorros; la calle San Antón, paralizada hasta (por lo menos) la siguiente legislatura como si la arteria comercial de la capital no necesitara un cambio; el soterramiento, que se va a convertir en materia optativa de los grados de Ingeniería Civil; y un Logroño Arena que no podrá tener conciertos en San Mateo porque no hay dónde aparcar. Como si los logroñeses fuéramos incapaces de andar veinte minutos o de subirnos a un autobús sin desmayarnos. De los taxis, ni hablamos.

Julio Revuelta lo resumía bien esta semana en El Día de La Rioja: todo lo que hay que decir ya está dicho con su «hiperactividad de la nada». Pero como aquí nos gusta repetirnos, ahí seguimos. Hablamos de planificación y a la vez nos quejamos de que en este Ayuntamiento conseguir una licencia es más difícil que pillar mesa un sábado sin reservar. Y eso que esta semana se ha cumplido la mitad de legislatura y el alcalde ha sacado pecho con un balance tan optimista que parecía el programa de fiestas de San Mateo con su fuente del vino…

… lo que me lleva a la última reflexión. Hace un calor insoportable. Antes de prometer nuevas avenidas al sol, pónganos más fuentes, señor alcalde. No sólo de esas en las que poder rellenar la cantimplora. También de las imponentes, tipo Fuente Murrieta o las de la Gran Vía, que para eso somos capital. Y ya que celebramos el centenario de la DOCa Rioja, qué menos que una fuente de vino que funcione todo el año. Como en San Mateo, pero sin tener que esperar al tercer fin de semana de septiembre. Y, de paso, indúltenos también una obra de Concéntrico cada año, que están guapísimas y nos ponen a pensar sobre la ciudad que queremos. Y si nos vale con esta, tal y como está, ya se lo diremos.

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