Un sentimiento de pertenencia inunda la tierra con nombre de vino cuando el Rioja entra en el debate. Un sentimiento de pureza, de territorio, de prestigio y orgullo. Un sentimiento compartido por quienes cultivan las viñas y por quienes elaboran esas joyas embotelladas. Y es que todos los éxitos cosechados, entre dificultades, infortunios y vaivenes de los mercados, son fruto de «una tierra con visión pionera y valiente», como bien ha reflejado este jueves el presidente del Consejo Regulador de la DOCa, Fernando Ezquerro.
Rioja ha celebrado precisamente eso, ese sentimiento de pertenencia, ese saber hacer que ha pasado de generación tras generación, la visión de futuro de aquellos que hace cien años supieron que debían ensalzar su producto y proteger su marca con una certificación que amparase su trabajo y lo distinguiera del resto. Es por ello que la diferenciación, la singularidad y la autenticidad han sido los valores más nombrados durante esta jornada en la que se han conmemorado los cien años de historia de la DOCa Rioja desde su fundación en 1925.
Los actos del centenario han dibujado un recorrido por algunos de los enclaves más históricos de Rioja: Bodegas Marqués de Murrieta, el Barrio de la Estación de Haro y Bodegas Marqués de Riscal. Grandes nombres, grandes casas. Desde la de Vicente Cebrián se ha ensalzado el poder de la marca Rioja y, en su conjunto, de la marca España como referente a nivel internacional, aunque el presidente de Marqués de Murrieta no ha perdido la ocasión para reclamar al ministro Planas allí presente que esas ansiadas y necesarias infraestructuras lleguen por fin a esta tierra para que Rioja esté cerca de todo y de todos. Una sesión con un claro componente empresarial que ha dado paso al factor más social y esperado por el público.
De Logroño a Haro el recorrido ha dado por lo menos para asomarse por la ventana y ver cómo avanzan los pámpanos de las viñas y, sobre todo, para ver pequeñas cabezas asomando entre esos renques, fila arriba, fila abajo, apurando esas labores de espergura. También hay tractores espolvoreando los tratamientos para combatir las plagas y enfermedades. El centenario se celebra en Murrieta, el Barrio de la Estación y Riscal, pero el trabajo a pie de viña, y de bodega, continúa.
Eso sí, la ciudad jarrera ha hecho un parón en su rutina matutina para no perderse la llegada del rey Felipe VI. Las vallas de seguridad en las calles que conectan las bodegas del Barrio sostenían a algunas personas que llevaban aguardando hasta una hora y media su turno para ver a Su Majestad. «Desde las doce de la mañana estamos aquí». Los paraguas a modo de sombrilla (porque el sol ha sido el gran protagonista de la jornada) también se han dejado ver. Y, cómo no, las banderas de La Rioja y de España. Alguna roblanvera, incluso, se ha llevado la firma del monarca.

Al grito de ‘viva el rey’, los empleados de las bodegas del Barrio también han salido al encuentro de Felipe VI. Entre ellos también se ha colado algún que otro turista internacional que había pensado que este jueves era el día perfecto para conocer un pedacito de Rioja adentrándose en estas bodegas. Sin embargo, su plan de visita se ha visto interrumpido por la propia visita real. Las sonrisas, sin embargo, daban buena cuenta de su sorpresa y satisfacción.
El pasamanos del rey ha culminado en el parking frente a bodegas CVNE, donde la escultura ‘Somos tiempo’, del artista riojano José Antonio Olarte, refleja a la perfección lo que durante toda la jornada los diferentes ponentes de los actos han ensalzado: el valor del tiempo. El valor de la experiencia, del largo plazo, del aprendizaje, de la continuidad. Una esfera inacabada que escenifica que Rioja tiene muchos más aniversarios por delante que celebrar para seguir construyendo marca, siempre con el factor humano de la mano.
Y de nuevo, puesta en ruta para culminar el recorrido en Marqués de Riscal con un brindis real que también ha servido para palpar ese sentimiento de pertenencia entre los cientos de comensales y echar la vista al pasado de Rioja con los antiguos expresidentes del Consejo Regulador que no se han perdido la celebración. Porque, una vez más, el tiempo y la unión le han dado la razón a Rioja.


