Angelines y Fernando están preocupados por lo local. Por tanto, por todo aquello que ocurre y observan de camino hacia el trabajo, cada mañana, antes de subir la persiana de DellaSera, en plena calle Portales; o cuando salen a tomarse un vino, o a darse un paseo, o a enseñar su ciudad a alguna de sus muchas ilustres visitas. Miran su ciudad, a sus vecinos, a los comercios cercanos, y lo hacen con los ojos de quienes poseen una mirada crítica que surge del amor a un territorio, con el noble objetivo de ayudar a mejorar las cosas e intentar entre todos dejar una mejor herencia a los futuros logroñeses.
Se fijan en la plaza de abastos del Mercado de San Blas, miran qué se está sirviendo en los bares, se preguntan qué se come en los restaurantes, qué vino se bebe, o qué papel juegan las administraciones públicas para dejar una huella perenne y positiva para disfrute de los que están por llegar. Y Angelines y Fernando se sirven de sus numerosos amigos para sentarlos ante la audiencia que desee escucharles y entre todos buscar soluciones a cuestiones centrales para Logroño -y cualquier ciudad media-, con sus mercados vacíos, sus bares «de toda la vida» en declive… Analizan las cocinas de alimentos irreconocibles, que no cuentan historia ninguna, e indagan hacia dónde se dirige Rioja, entre otros asuntos.
Son sus conversaciones. Las Conversaciones Heladas, diálogos necesarios y fructíferos que se han producido durante este martes en las Bodegas Franco Españolas. «En un mundo acelerado está bien que el ritmo en la cocina lo marque la naturaleza», ha explicado Gonzalo Capellán, presidente del Gobierno de La Rioja que ha inaugurado una edición en la que se ha puesto el foco, en la primera de las mesas redondas, en el futuro de las plazas de abastos. «Queremos saber hacía dónde nos dirigimos, por eso esta edición la hemos enmarcado bajo el eslogan de ‘Quo Vadis'», ha explicado Fernando Sáenz Duarte, que está preocupado por el Mercado de San Blas de Logroño.

Es un espacio que ha superado una importante reforma, pero que a día de hoy sigue tan vacío como desde hace años, cerrados los sábados por la tarde, todos los domingos, y con pocos puestos de alimentación durante las tardes de a diario. «Quizás puedan surgir ideas que encajen en Logroño». Aunque ningún representante político del Ayuntamiento de Logroño ha participado, aunque fuera como oyente, de este simposio de ideas y experiencias útiles que han tenido éxito en otros lugares no tan lejanos.
Sobre la mesa se han puesto elementos turísticos esenciales para una ciudad poco monumental como Logroño, que vive de sus bares y presume de un producto local de kilómetro cero inalcanzable en las grandes urbes de nuestro país. ¿Hacia dónde vamos? Una pregunta existencial que puede encontrar respuestas en todas y cada una de las facetas de una ciudad que quiere estar viva. «Salvar el barrio es salvar el bar de la esquina». Por aquí empiezan los gestos, tal y como ha indicado Leah Pattem. Y si salvar un bar es salvar una ciudad, salvar un mercado de abastos es ganarse la eternidad. Pero para ello, «no se puede ceder a procesos de privatización de espacios municipales para grandes cadenas de alimentación», como está pasando en Barcelona, tal y como ha señalado Jordi, de la Plataforma Justicia Alimentaria, que se ha mostrado en contra de «la gastro colonización de los mercados», pero también en contra del «abandono» que están sufriendo estos espacios públicos. Habla de relevo generacional, de cultura de barrio, de sensibilidad con estos entornos, de apoyo público…
Los mercados, como los bares, son lugares vecinales, donde quedar. «Porque el bar es de los pocos sitios en el que la gente, a día de hoy, donde todo va muy rápido, parece estar dispuesta a perder el tiempo», ha destacado Samuel Ruiz, propietario de Las Verónicas, uno de los bares más populares de Murcia, próximo a un mercado, al que volvió tras la pandemia. Porque la segunda mesa redonda, la que ha tratado el asunto de los bares de toda la vida en las ciudades españolas, ha tenido muchas derivadas relacionadas con la ponencia inaugural.

Porque los bares de toda la vida están afectados por los mismos problemas que los mercados de toda la vida. «Un bar -también en un mercado- es un oasis tecnológico, donde se solventa la brecha generacional, y en donde, como dice Samuel, estamos dispuestos a perder el tiempo», ha resumido Jorge Alacid, moderador de esta segunda mesa sobre los bares de toda la vida. «Salvar los bares es ayudar a solventar el problema inmobiliario de una ciudad como Barcelona», ha apuntado Alberto Moyano, de ‘En ocasiones veo bares’, un proyecto que intenta salvar bodegas y bares de toda la vida en Barcelona abocados a la desaparición en favor de los pisos turísticos.
La defensa de lo propio es un debate que durante estas Conversaciones Heladas se ha tratado de alejar de la melancolía o de aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Por eso se ha hablado de si existe o no el sabor local. Es una gran pregunta, de respuestas inciertas. «Porque las patatas con chorizo ahora son el sabor de los riojanos, pero, ¿de dónde vinieron las patatas?. Y hacer un helado de castañas en Galicia sería visto como algo muy exótico, mientras que nos hemos acostumbrado desde la más tierna infancia a comer un helado de vainilla, cuando es el alimento que a buen seguro, como el chocolate, viene hasta La Rioja desde más lejos». Es la paradoja del sabor local, «que igual dentro de veinte años es el de una smash burger», ha fijado Rodrigo Fernández, chef, junto a Beatriz, del Arsa de Logroño, que ha participado en la mesa redonda sobre le sabor.
Se trata de ir construyendo una memoria gustativa. Aunque no siempre es sencillo. «Debemos tener en cuenta que a los de fuera igual nuestro sabor local no les gusta», ha indicado Felicia Guerra, del restaurante Ausiàs de Alicante. Y ha puesto un último ejemplo: «Es complicado que a un extranjero le guste un ajo untado en un pan con aceite».
Se conversa precisamente para fijar espacios de entendimiento, para ver otros puntos de vista, para coger ideas y asimilar procesos de evolución continuados, porque si no hay una única respuesta cuando se pregunta «¿hacia dónde vamos? -‘Quo Vadis’-«. Y es más importante responder a esta pregunta desde la necesidad constante de evaluar las metas de un mundo en constate cambio que asumir que se va a Roma para ser crucificado de nuevo -‘Romam vado iterum crucifigi’-.


