La Rioja

Logroño se llena de peregrinos por primavera: «El Camino te llama»

Logroño se llena de caminantes en primavera que disfrutan más allá del recorrido

El sonido hueco de los bastones de los peregrinos retumba en los adoquines del Casco Antiguo logroñés durante todo el año. Pero es en los meses de primavera cuando lo hace con más fuerza.

Después de dejar sus macutos y cambiar sus desgastadas botas por unas cómodas chanclas que algunos combinan con unos elegantes calcetines, los peregrinos se disponen a recorrer y degustar la capital riojana hasta que sus perjudicados pies lo permitan.

Las torres de La Redonda ya están acostumbradas a que caminantes las fotografíen asombrados mientras cargan a sus espaldas con grandes mochilas, de las que cuelgan zapatillas y la concha del peregrino. Los muros de las calles de la parte más antigua ya son políglotas tras siglos escuchando lenguas y acentos de todos los puntos del globo. Los pinchos de La Laurel han traspasado fronteras que jamás imaginaría y seguro que más de uno sigue teniendo en mente los champis de El Soriano al entrar en la Plaza del Obradoiro.

Encontrar su lugar en la vida, una promesa o celebrar que estás vivo mientras recuerdas a quienes perdiste por el camino son algunos de los motivos por los que la gente se lanza a esta aventura.

El refrán dice que todos los caminos llevan a Roma, pero en el caso de España, todos los caminos llevan a Santiago de Compostela. La peregrinación más común, conocida como el Camino Francés, comprende los 764 kilómetros que separan la localidad francesa de Saint Jean Pied de Port hasta Santiago de Compostela.

Pero no es la única opción y no hay por qué hacerlo completo: cada peregrino puede adaptarlo a sus capacidades, haciéndolo más o menos largo, o ni si quiera llegando hasta la capital gallega. También puede caminar a orillas del Cantábrico si realiza la ruta del norte o recorrer Portugal desde Lisboa, si elige el Camino Portugués.

No hay un manual de instrucciones que explique cómo hacerlo y las vías hasta Santiago son diversas. Lo más importante que debe tener un peregrino son ganas de afrontar el reto y mucha, mucha vaselina.

Paola y Claudio, son dos peregrinos que llegan desde Padua. Normalmente suelen hacer noche en Viana y en Navarrete, pero esta es la primera vez que duermen en Logroño: «Los años suben y las etapas se acortan». Pero no es, ni por asomo, la primera vez que hacen el Camino. Claudio lleva trece peregrinaciones a sus espaldas y Paola, doce.

«El Camino te llama todos los años y nosotros respondemos. Somos muchos los que volvemos», afirman. Lo que más les gusta de La Rioja es caminar rodeados de viñedos y la hospitalidad de la gente.

Pero no es oro todo lo que reluce: «Lo peor es la masificación. Está estropeando todo. Hay muchos que no hacen el camino con su mochila, que no lo hacen a pie y que preguntan dónde está la parada de bus. El Camino se necesita hacerlo con todo: con sus ampollas, su cansancio..», comenta Claudio. «Y con su lluvia», añade Paola entre risas. «Es una prueba», concluyen.

Este joven de solo 19 años ha venido desde California para hacer el Camino. Ahora descansa en un banco de la calle Portales y reorganiza su mochila para poder guardar todos los souvenirs que ha comprado. «Es mi primera vez y me está encantando. La gente está siendo muy agradable. Hasta ahora lo he estado haciendo con un amigo, pero él se va hoy y yo voy a continuar hasta el final», explica. Para este peregrino novato las mayores complicaciones son las lesiones en los pies que le «han estado ralentizando y ha sido un poco frustrante». Y admite que lo que peor lleva es tener que madrugar mucho.

Su padre fue quien le impulsó a lanzarse a esta aventura: «Lo hizo hace unos años y siempre comentaba lo mucho que le gustó y cuánto disfrutó».

Por otro lado, cuenta que está en la universidad y que necesita «saber qué hacer con el resto de mi vida, resolver algunas cosas, estar solo y pensarlo todo». Aunque admite que no es una persona muy religiosa, cree que hacer el Camino es una buena forma para acercarse a la espiritualidad.

Esta pareja de peregrinas húngaras son de los que ya han probado la magia del Camino y repiten: es su cuarta vez. «Es un gran desafío para nosotras porque estamos fuera de nuestra zona de confort y eso nos hace estar más seguras de nosotras mismas. Tener más confianza», explican.

En esta ocasión empezaron su andanza en Pamplona y llegarán hasta Burgos: «Hemos elegido repetir esta parte porque es la más bonita y desafiante del Camino Francés para nosotras».

«Estuvimos aquí hace catorce años, recordamos algunos edificios y algunos lugares, pero la ciudad ha mejorado mucho», comentan. «Además está todo muy bien señalizado, algo muy importante para nosotras», explican entre risas.

«Además la gente es muy amable y hospitalaria. Podemos parar a cualquiera y preguntarle si necesitamos algo y todos nos ayudan o vienen y caminan con nosotras», añaden. Y es que ya lo dice el propio himno de la ciudad: nadie en Logroño se siente extranjero.

Pero, no nos engañemos, una de las mejores recompensas después de una larga etapa del Camino es poder descansar y hacer un poco de turismo. La zona en la que se concentra el mayor número de peregrinos es el Casco Antiguo de la ciudad.

Una pareja de peregrinos franceses deambula por la calle Laurel decidiendo cuál de todos los pinchos probar. Tampoco es su primera vez haciendo alguna etapa del Camino, pero sí es la primera que pasan por La Rioja y aquí termina su aventura esta ocasión. «El año que viene, si Dios quiere, haremos desde aquí hasta León», comentan.

En una terraza dos peregrinos ojean concentrados su credencial, observando todos los sellos que ya han conseguido. Uno de ellos es alemán y el otro noruego. Para ellos, lo mejor es poder coincidir con otras personas y lo peor, las subidas.

«Hago el Camino porque ya estoy mayor. He perdido a mucha gente y esto me está sirviendo para acordarme de todos ellos y también para celebrar que estoy vivo», explica uno de ellos. En una lista va apuntando los nombres de todas las personas en las que piensa.

En cambio, el más joven comenta que para él, el Camino es «una forma barata de viajar».

El epicentro del Camino de Santiago en la capital riojana es el albergue municipal. En su patio descansan y se refrescan, por dentro y por fuera, los peregrinos.

«Ahora está hasta arriba. El mes de mayo suele ser muy concurrido», explica una de las hospitalarias que está ahora de voluntaria en el albergue. «Llevo aquí dos semanas y se ha llenado casi todos los días. La mayoría de los peregrinos son extranjeros de todas las nacionalidades. Solo el dos por ciento son españoles».

También hay gente de todas las edades. «Hay quienes vienen con su grupo de amigos, quienes lo hacen solos, quienes deciden venir padre e hijo, incluso familias enteras. Hay variedad», explica la voluntaria. «La gente por lo general se porta muy bien, son respetuosos y se nota que están abiertos a lo que surja y que están viviendo el camino. Aunque procedan de culturas muy diferentes aquí pasan a tener todos la misma: el Camino de Santiago».

Los voluntarios comentan que el Camino presenta un gran problema y que no tiene solución: una vez que lo hagas, vas a querer repetir.

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