La Rioja tiene vida más allá de PP y el PSOE. La justa, pero la hay. El mapa político se completa con un puñado de siglas, un par de nombres reconocibles y varios silencios estratégicos. El ecosistema es escaso, endogámico y cada vez más parecido a un álbum de cromos repetidos. Hay movimientos, sí, pero todos huelen a regreso, a reciclaje, a ese «vamos a ver si esta vez cuela» tan propio de la política local.
El último en mover ficha ha sido Miguel Gómez Ijalba (¡concejal en Logroño en 2003!), que ha fichado por Por La Rioja, la formación que preside Sonsoles Soriano desde que Alberto Bretón dejara la política aunque el tinglado siempre lo haya llevado realmente Rubén Gil Trincado. Un partido que suena a lema de campaña pero que, poco a poco, va tomando forma de estructura política. O mejor dicho: va pareciéndose peligrosamente (o no) al Partido Riojano. El mismo que va camino de morir de éxito, de abandono o de melancolía según a quién se pregunte. Ahora que Rubén Antoñanzas ha anunciado que se va, la duda es razonable: ¿podrían los que se marcharon en su día reaparecer por la puerta de atrás en un congreso?
Mientras tanto, por la izquierda, el panorama es aún más desolador. Podemos no está, ni se le espera. La única huella visible es Amaya Castro, concejal en Logroño desde hace una década, que sobrevive como marca blanca, figura independiente o símbolo de una época que ya no es. No hay estructura, no hay ruido, no hay siquiera conflicto. Que en Podemos no haya lío es como si en Haro dejaran de hacer vino: algo se ha roto.
Sumar ni siquiera ha llegado a cuajar en la región. Izquierda Unida, que fue su aliada natural en otros territorios, se ha desmarcado sin rodeos. Y ahí aparece Henar Moreno, la reina roja, como única voz reconocible a la izquierda del PSOE. En las últimas elecciones salvó los muebles por la mínima. Un escaño (IU se hizo con otro tras la dimisión de Raúl Pérez -Podemos-) que sabe a prórroga más que a victoria. Lo lógico sería que ya estuviera preparando la renovación del partido, pero en IU las transiciones son más lentas que un tren de media distancia por La Rioja Baja. Henar lleva años jugando a todo el tablero. Lo mismo interviene en el Parlamento que defiende causas laborales, que se pelea con sus propios socios o que protagoniza algún titular incómodo. Su constancia, su discurso y su presencia la han hecho inevitable, pero también imprescindible. Y eso, en política, no siempre es buena noticia. Porque cuando un espacio depende de una sola figura, el día que esa figura se cansa —o se apaga— no queda nadie detrás para encender la luz.
Y si giramos hacia la derecha, ahí está Vox, intentando hacerse un hueco con más ruido que éxito. El partido verde ha demostrado en La Rioja que importar siglas nacionales no garantiza estructura, ni organización, ni liderazgo. Hace unas semanas ya contábamos por aquí que su lío interno es la prueba más clara: dimisiones, despidos, decisiones desde Madrid, falta de actividad. Viejos vicios en partidos nuevos. La realidad es que en esta comunidad, tan serena, tan moderada, tan instalada en la comodidad del «aquí no pasa nada», las propuestas radicales —de uno y otro lado— no terminan de cuajar. Vox no rompe en votos ni en calle. Y eso, para un partido que vive del ruido, es un problema serio. Aquí no hay platós, ni manifestaciones masivas, ni alcaldes encendidos. Hay vino, tranquilidad y fiestas con cohete. Lo otro suena a exageración.
Así están las cosas. Un escenario político con pocas voces, pocos relevos y muchas inercias. Por La Rioja intenta ocupar un espacio regionalista sin pasar por regionalistas. IU resiste como puede. Podemos es ya una nota al pie. Vox sobrevive con estructura nacional y eco mínimo. Y mientras, el PP y el PSOE siguen ocupando el centro del tablero, sin demasiada competencia a los lados. Sinceramente, no creo que haya ahora mismo grandes huecos para nuevos proyectos. Los partidos y sus líderes deben entender que La Rioja no necesita inventarse grandes causas (nos vale con las infraestructuras), sino cuidar las pequeñas. Para que alguien, de una vez, diga algo distinto sin que suene a lo de siempre.


