Mar Vilanova (1963, Cambados) dejó hace cuatro años las frescas y húmedas tierras de Rías Baixas para aterrizar en el corazón de Rioja, exactamente en el Instituto de las Ciencias de la Vid y el Vino (ICVV), allí donde se maquinan todos los avances en cuanto al desarrollo vitivinícola. Primero para ejercer como investigadora del CSIC y, desde octubre de 2024, bajo el mandato del ICVV, al que se refiere como «El Centro». Así, en mayúsculas, «porque el ICVV es el más prestigioso en España en cuanto a investigación vitivinícola y de los mejores a nivel mundial».
Bióloga y enóloga de formación, la directora de este centro tiene claro que el paisaje vitícola y el manejo de la vid van a cambiar «sí o sí», por lo que solo queda adaptarse. En este sentido, una de sus principales líneas de trabajo centrada en los efectos del estrés abiótico en la calidad aromática de la uva, producido por el cambio climático, la sequía y unas prácticas de cultivo determinadas.
– ¿A qué retos se enfrenta el viñedo a día de hoy?
– Todo lo que tiene que ver con una gestión sostenible es un reto para la viticultura. A nivel de uso de agua, a nivel de producto, a nivel de suelos,… El cambio climático está produciendo unos efectos importantes sobre todo en cuanto a la biodiversidad, produciendo un gran desequilibrio en flora y fauna. Unos cambios a los que nos tenemos que adaptar y estudiar cómo mitigar esa reducción de la biodiversidad y buscar soluciones a problemas como pueden ser las altas temperaturas, la falta de agua en periodos críticos o la aparición de nuevas enfermedades y plagas que pueden ocasionar grandes pérdidas. Por un lado, está el cambio a variedades que se adapten mejor a estas nuevas situaciones, incluso con nuevas variedades creadas por cruzamientos con otras variedades y que pueden ofrecer resistencia a enfermedades.. También el cambio a otras ubicaciones en las que el viñedo se desarrolle mejor y el cambio a otras formas de cultivar la vid de forma más sostenible. Lo que está claro es que este cultivo va a sufrir una transformación en los próximos años si se quiere seguir manteniendo.
– ¿Cuál es alguno de los proyectos más innovadores que se están desarrollando con la vista puesta en el futuro?
– Uno de los proyectos que estamos desarrollando va dirigido a la adaptación al cambio climático de forma sostenible. Este es un proyecto europeo en el que estudiamos el uso de agua regenerada para regar el viñedo. Esto es el futuro porque la falta de agua es un problema serio y hay que saber gestionar el estrés hídrico porque cada vez hay menos agua y hay que ser responsables con su uso, haciéndolo en momentos determinados, con la cantidad necesaria para la planta, para que sea eficiente. En el ICVV tenemos uno de los piloto de este proyecto, en el que usamos el agua de la depuradora de la Grajera para regar el viñedo y estudiar si su uso tiene algún efecto sobre el desarrollo de la planta y la calidad de la uva frente al agua convencional. Estamos obteniendo resultados muy interesantes.

– Una economía circular que también se aplica a otros estudios enfocados al aprovechamiento de otros productos y las nuevas tendencias de consumo. ¿Cómo se desarrollan estos proyectos?
– Se trata de aprovechar los subproductos del viñedo, como los restos de poda o los restos de hollejos para darles un uso que pueda ser beneficioso para la planta como para el ser humano, abonar el viñedo, elaborar harinas y piensos, entre otras cosas. De esta forma, todo lo que se genera sirva para reutilizarlo y que eso revierta en una mejora del cultivo y también de la sociedad. Otra de las líneas que se desarrollan en el ICVV es la búsqueda de tecnologías para conseguir una bajada del grado alcohólico en los vinos y también elaborar vinos sin alcohol manteniendo su calidad e identidad, algo que demanda el consumidor y en lo que estamos colaboramos también con bodegas de La Rioja.
– ¿Y hasta qué punto las investigaciones del ICVV y sus resultados llegan al sector productor, que es quien ha de ponerlas en práctica?
– Esa transferencia de conocimiento es fundamental porque al final trabajamos para el sector, para solucionar sus problemas. En nuestro caso trabajamos con la empresa privada en muchos proyectos, la cual está muy implicada. Además, desde el ICVV lanzamos un boletín trimestral que va dirigida al todo el sector a nivel nacional en el que presentamos los avances en nuestra investigación y lo proyectos que estamos desarrollando, también realizamos seminarios mensuales para el sector y jornadas. Queremos estar presentes, pero es verdad que hay que hacer mayor esfuerzo en esa transferencia, en esas relaciones mutuas. Es necesario que nosotros como investigadores nos acerquemos más al sector, nos abramos y nos involucremos, pero que también el
sector se acerque a nosotros con propuestas. Esa parte de transferencia, de mayor comunicación y divulgación es uno de mis principales objetivos desde que asumí la dirección del ICVV y, de hecho, estamos trabajando para dotar de más medios a la oficina de transferencia que el Gobierno de la Rioja pone a disposición del ICVV.

– ¿De qué forma afecta a la investigación en vitivinicultura la crisis de consumo de vino?
– Nos motiva a buscar soluciones para el sector y adelantarnos en la medida de lo posible a lo que pueda pasar. A veces no podemos ir por delante, pero se trata de trabajar en todo lo que es una problemática. En el caso de los vinos de la Rioja que tradicionalmente se ha centrado fundamentalmente a vinos tintos, ahora parece que los vinos blancos están siendo los protagonistas en el gusto del consumidor por lo que se está produciendo una transformación hacia variedades blancas. En ese sentido el ICVV aporta conocimiento sobre que variedades plantar, cuales se adaptan mejor según los ambientes de cultivo, cuales son más tolerantes a determinados ambientes, así como su sensibilidad a determinadas enfermedades, o que sistema de cultivo emplear en función de la variedad y el ambiente.
– ¿Cómo ve el futuro de la viticultura?
– Pues la clave es un cambio de mentalidad. Yo entiendo que la tradición está presente sobre todo en un país como el nuestro de gran tradición vitivinícola, que nos gusta mantener esas tradiciones y eso es bueno. Pero también tenemos que hacer cambios para adaptarnos porque, si no lo hacemos, en un futuro próximo no vamos a poder cultivar viñedo tal y como lo hemos hecho hasta ahora. Creo que el sector lo sabe y debe apoyarse en la investigación porque en el ICVV estamos en contacto con la ciencia vitivinícola a nivel internacional que nos permite estar actualizados y así poder aplicar soluciones a problemas que ya se han producido en otras zonas y por lo tanto nos permite conocerlos y prevenir cuando estos lleguen a nuestro territorio. La producción de vinos de bajo grado alcohólico es uno de ellos, un tema en el que investigadores del ICVV llevan tiempo trabajando. Por otra parte, hay que tener en cuenta al consumidor, debemos saber lo que quiere el mercado y evolucionar sin perder identidad en un mercado tan globalizado como el que nos rodea. Realizar cambios sin perder el sello de identidad de la región, pero haciendo entender que con estos cambios estamos sacando lo mejor de la tierra.


