Cultura y Sociedad

Eduardo Eguizábal: «Las mujeres son las grandes perdedoras de las guerras»

El escritor logroñés Eduardo Eguizábal

La historia bélica del país ha sido y es una de sus grandes aficiones de Eduardo Eguizábal (Logroño, 1972). Prueba de ello es el lanzamiento de su segunda novela, ‘Hijo por hijo’, en la que da un paso más en su afán de narrar los sentimientos y enfrentamientos más allá de los campos de batalla. Este escritor riojano descendiente de Bergasa ya sorprendió con ‘Sin perdón y sin amén’, su primera obra, editada en 2017 y ambientada entre Ausejo y Alcanadre. Una novela que ahora es el germen de esta nueva pieza literaria autoeditada bajo la Editorial Círculo Rojo, donde se puede adquirir ya, así como a través de su autor.

– Aunque ambas novelas guardan en común esa ambientación bélica, ¿en qué se diferencian las dos obras?

– Son muy diferentes entre sí porque la primera se desarrolla en un escenario donde no hubo batallas, aunque sí mucha represión. Una zona que permaneció en el bando nacional y no se movió de ahí durante toda la guerra. Una novela, además, más íntima por tratarse de nuestra zona. Mientras, en el lugar escogido para la segunda novela caí en el pequeño pueblo turolense de Valdeltormo, en la comarca de Matarraña, donde la guerra fue de ida y vuelta. Primero, con los milicianos republicanos invadiendo los pueblos en el 36 y luego con los nacionales otra vez hasta que ocuparon todo el territorio.

– Y el enfoque también es muy dispar.

– Se trata de un drama pero he querido meterle caña a los dos bandos a partir de los personajes de la novela que pertenecen a una familia desmembrada y desgarrada, ya que unos se quedan en el bando republicano y otros pasan al nacional, y viceversa. La novela, que empieza en el 1940 en Cuenca, se remonta a batallas pasadas como la de Belchite, la Bolsa de Bielsa, la del Ebro, Guadalajara,… Todo ello a través de la mirada y las vivencias de María, una enfermera que no ha sufrido las penurias de la guerra y la posguerra, pero que emprende un viaje a ese trasfondo para descubrir los motivos que han llevado a una paciente suya a suicidarse.

– ¿Qué ha querido mostrar con esta narrativa?

– Lo que quiero contar es el sufrimiento que padecieron las mujeres, quienes fueron y son las grandes perdedoras de las guerras. Son ellas las que se ven obligadas a desprenderse de sus maridos, hijos y hermanos, mientras se quedan en casa encargándose de sus tareas más de las que correspondían a los hombres y, además, con la angustia de si sus familiares volverán o no, vivo o mutilado, o llegará una carta informando de su muerte. Una angustia a la que se suma la situación de aquellas mujeres que han estado en un bando y se ven luego superadas por el bando contrario y, por tanto, una mayor miseria.

– ¿Y qué ha aprendido del proceso de creación?

– Pues me he dado cuenta, tras leer y escuchar mucho sobre la guerra, que este conflicto era inevitable. El ambiente bélico, político y social era el que era y faltaba una chispa para que todo estallara. Era algo que se veía venir y creo, además, que se esperaba.

– ¿Cómo han sido esas primeras críticas desde su presentación?

– Hay que tener claro que es una novela larga (555 páginas), con mucho sentimiento, cruda. La presenté hace una semana en Ausejo y la gente la está leyendo ya y empieza a engancharse, pero hay que cogerla con tiempo. La próxima presentación la haré en mi pueblo, en Bergasa, pero también quiero ir a otras localidades y, por supuesto, presentarla en Logroño. Es más, también me gustaría ir a la zona de Matarraña donde los pueblos carecen de esa historia, de esa cultura y arte que sí tienen los pueblos que no fueron destruidos.

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