Fuera, en las calles de Logroño, todo cambia. Nada permanece. Hay cambios constantes. Cerca, un poco más allá, algo más lejos, en el centro y en nuestros barrios… Poco queda de aquel Logroño ochentero. En muchos espacios, el asunto está mejorando, aunque por el camino, como siempre, se van perdiendo cosas. Porque nada permanece inalterable. Solo, quizás, unos pocos sitios, como los jamoneros, que repasamos en NueveGastroUno.
Uno de esto lugares es el Bodegón Vitoria. Continúa siendo lo que fue desde el primer día, un bar para ir a comerse uno de los mejores bocadillos de la ciudad. Aunque este hecho, el de mejor bocadillo, es discutible. Cada uno tiene el suyo, pero muchos los tienen en este bar de la calle Vitoria. El Bodegón Vitoria es un bar pequeño, con pocas mesas, con un espacio reducido, pero con muchos amigos, que se adaptan al espacio.

El Bodegón Vitoria es un bar tranquilo. Se habla en voz baja, para no molestar ni tampoco ser molestado. Cenan juntos unos cuantos amigos al tiempo que un vecino se acerca para recoger su pedido, y otro espera en la barra disfrutando de su soledad con su bocadillo. No existe mejor forma para cerrar una jornada laboral o para abrir un fin de semana o para afrontar el inicio de una nueva semana que pasarse por aquí para comer un sencillo bocadillo, que de sencillo no tiene nada.
Porque en el Bodegón Vitoria han logrado, desde el principio, el bocadillo inalterable. Al contrario de estas modas insulsas y un tanto estúpidas que requieren hasta de guantes para comer un bocata que chorrea sin sentido alguno… en El Vitoria el bocata es cosa seria, un concepto que han perfeccionado. Tanto que han conseguido que sus bocadillos permanezcan inalterables entre las manos de los comensales.
No se rompen, no se desmontan. El bocadillo no puedo ser un pringue. Y aquí, da igual de lo que se pida, son bocadillos que permanecen inalterables mientras se degustan. Dicen que uno de los pilares para entender el éxito planetario del Mc’Donalds fue haber logrado que sus hamburguesas nunca se desmonten. Los bocadillos del Vitoria, del todo logroñeses, que solo se comen aquí y no en todas partes del mundo, han logrado esto y no se han dado tanta importancia.

Y nos bocadillos sencillos. Por ejemplo, el completo, es sencillamente perfecto. El pan siempre calentito. Otros van con queso, o con multitud de chacinas, con patés… pero se puede hacer la prueba del algodón para demostrar que estos bocadillos están muy pensados y perfectamente ejecutados. No hay forma de comerse un bocadillo vegetal -el que lleva mayonesa, huevo, lechuga, cebolla, incluso espárragos- sin que se desmonte el asunto y acabe eso siendo una ensalada con pan. Este reto está superado en el Vitoria. Su vegetal es perfecto, y hay que darle muchas vueltas para acabar por deformarlo.
Mención especial merecen los bocadillo que pasan por el horno. No solo el pan. Pasan por el horno para darle a todo un toque incluso superior a los bocadillos más normales. Son un poco más especiales, igualmente ricos, tardan un poco más en salir… pero la espera merece la pena. Mientras, se puede ir disfrutando de sus ensaladas, a las que se le añaden ingredientes al gusto.

Y todo sucede a la vista del comensal. Es un jamonero. Se toma la comanda, y se empieza a trabajar en el pequeño mostrador a la vista de los clientes. Se corta el jamón, también el cocido, el queso, el chorizo, el salchichón… se unta el paté, se va montando el bocadillo, y llega a tiempo para disfrutar de los pequeños placeres que una ciudad como Logroño sigue conservando como si de una joya fuera. Y el Vitoria es un pequeña joya logroñesa.
**Queremos saber tu opinión: ¿qué jamonero recomiendas? ¿Qué bocadillo te gusta?… Participa enviando tus propuestas al correo electrónico [email protected] o al Whatsapp 602262881


