Gastronomía

‘Diálogos de Cocina’: Roca Rey y Pablo García-Mancha, a fuego y toreo lento

Una llamada del prestigioso chef de Mugaritz, Andoni Luis Aduriz, trastocó días atrás los planes del periodista riojano Pablo García-Mancha. ‘Pablo, te necesito en ‘Diálogos de cocina’ el martes. Tienes que entrevistar a Roca Rey’. Si Pablo a Andoni no puede decirle que no a nada, mucho menos se puede declinar la invitación para entrevistar a Andrés Roca Rey, máxima figura del toreo en la actualidad. Así que Pablo, en Alicante por motivos laborales, se subió a un avión para llegar presto y puntual a la cita con el chef y el torero, con la cocina y el toreo, en el Basque Culinary Center. Una vez allí, otro prestigioso chef, Mario Sandoval, del restaurante Coque de Madrid, y amigo personal de Andrés, presentó a los dos protagonistas del inminente diálogo con un apasionado alegato al valor de la cocina y la audacia de Andoni para aunar artes, sensibilidad e inteligencia.

La idea era hablar del miedo. Del miedo al que se enfrenta un cocinero. Del miedo a fallar, a fracasar, a no ser capaz de afrontar las deudas que conlleva poner en marcha un restaurante… Era el miedo el leitmotiv de esta última edición de ‘Diálogos de cocina’, un congreso bienal que busca propiciar intercambios interdisciplinares en torno a la gastronomía, con el ánimo de construir sinergias creativas desde la reflexión y el debate y el objetivo de enriquecer al sector culinario desde una perspectiva orientada al aprendizaje, la cultura y la innovación.

Efectivamente, ¿quién mejor para hablar de miedo que un torero? Pero sucede que los toreros no suelen hablar de miedo. Por supuesto, pasan miedo y se enfrentan a él, pero casi siempre terminan hablando de belleza, de naturalidad, de una constante búsqueda de paz interior y un profundo ahondar en volver a ser aquel niño que, inconscientemente, consiguió robar unos cuantos muletazos a una becerrita por primera vez, “como si fuera un juego”, en palabras del propio matador peruano.

Con el cartel de ‘no hay billetes’ colgado en el auditorio del Basque Culinary Center, Roca Rey reconoció que lo natural ante un toro es salir corriendo, pero viene a ser el toreo un viaje contra ese instinto de supervivencia; una revelación interior para ser capaz de estar por encima de la muerte. Solo quien vive cada instante con la máxima intensidad puede entender la vida como una experiencia de calidad y no como una longitud en el tiempo.

García-Mancha condujo el diálogo apoyado en la obra de Angélica Liddell (Chevalier de l’ordre des Arts et des Lettres por el ministerio de Cultura de la República Francesa), ‘Sólo te hace falta morir en la plaza’, donde se narra la belleza, la verdad y la trascendencia del toreo: ‘El toreo es un ejercicio espiritual. ¿Quién ha dicho que hagan falta las piernas para torear? Olvidarse de tener cuerpo es lo único que hace falta para torear… Esta triste cornada que yo he deseado siempre con ferviente anhelo ha sido lo que me ha librado de muchas cornadas. Lo único que nos libra de la muerte es desearla. Hay que ofrecerle gallardamente al destino el sitio por donde pueda herirnos. No es para divertirse la fiesta. La fiesta es para ponerle nombre a los dolores, nos matamos de puro amor. Nunca sé por qué me aplauden, ni por qué me gritan. Solo sé que dentro de un ratito estaréis cenando en vuestras casas sin haber entendido nada mientras la muerte rodeaba mi cintura. Se torea con Dios dando vueltas alrededor. No se enamora uno a voluntad ni a voluntad se torea. Se torea como se es. Se torea como se ama’.

«Y claro que paso miedo», reconoció Roca, que confesó también que «el toro me ha hecho sentir cosas que no me ha hecho sentir nadie ni nada en este mundo. Es un diálogo increíble porque es un animal capaz de percibir cómo se encuentra uno por dentro, cualquier fractura la adivina cuando estás frente a él en la soledad del ruedo».

También se refirió a su papel en la película ‘Tardes de soledad’, dirigida por Albert Serra y última ganadora de la Concha de Oro de San Sebastián: “Ha sido una experiencia muy especial, yo ya ni era consciente de que me estaban grabando ni que tenía un micrófono puesto. Me pasó en Santander, un toro me dio una voltereta terrible, me aplastó contra las tablas pero no me hizo daño a pesar de que fue muy aparatoso. Cuando lo llevaban arrastrando las mulillas, me dirigí a él y le dije: me has perdonado la vida ¿no? Ni me acordaba. Al verlo en la película me impresionó mucho”.

Una mesa y un mantel sobre los que reposaban unos vasos de vermú, unas piezas de fruta y unas gominolas en forma de araña (uno de los miedos de la infancia de Roca Rey), fueron testigos directos de este diálogo rebosante de verdad, belleza, miedo e inteligencia.

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