El invierno comienza a doblegar y con él también lo hacen las verduras que abrazan el frío. La borraja, tan popular en La Rioja y a la vez tan desconocida en la mayor parte del país, está en su puesta de largo de la temporada. Pero sigue siendo manjar de unos pocos en manos aún de menos personas (en 2023 apenas se sembraron 16 hectáreas en La Rioja).
Javier Martínez lleva entre hortalizas toda su vida y la borraja es una de sus aliadas. La cultiva tanto en los invernaderos durante el invierno, como al aire libre durante el verano. Y es que una de las bondades de esta verdura es que se adapta a todo tiempo. «En el conjunto de mi explotación supondrá apenas el 15 por ciento de todo lo que cultivo, pero es una hortaliza extra que funciona», apunta este agricultor de Calahorra.
En la zona de regadío de esta localidad es donde Javier tiene los invernaderos y las plantaciones de coliflor y es que la clave, incide, es diversificar cultivos «para que unos compensen con otros y así sacar rentabilidad de la explotación agraria en su conjunto». Y no es el único agricultor: «Aquí todos tocamos varios cultivos entre hortalizas y frutales, principalmente».
«Los veteranos del campo dicen que la borraja se cría muy bien y con mayor sabor fuera de los invernaderos ahora en esta temporada, pero es cierto que si está protegida con los plásticos sale con mejor presencia que si está a la intemperie y esta es una verdura que hay que vender. Luego en verano hace demasiado calor en los invernaderos como para criarla, así que la sacamos fuera y se cría también bien pese a que es una verdura de invierno. En verano es problemática, pero se conserva bien siempre y cuando sea en esta zona de la ribera. El que sea una hortaliza muy local hace que tenga unos clientes más o menos estables durante todo el año, aunque sea en los meses fríos cuando más se consume», describe.

Un cultivo muy local con un consumo muy local que también limita sus capacidades de venta. Javier es socio de la Cooperativa El Raso de Calahorra desde siempre y junto a él están otros cuatro agricultores más con borraja. «Si en la cooperativa vendemos entre 400 y 600 kilos de borraja al día, no podemos producir más porque no va a haber quien la compre. Esta verdura va a parar a tiendas locales, pequeños comercios y mercadillos. Pero si al año hay unas 10 o 15 hectáreas para fresco, que es lo que hacemos nosotros, igual la industria pone medio centenar. Aquí en Calahorra aunque la mayoría es producto en fresco, hay algún agricultor que siembran aquí en verano la borraja que va a parar después a la industria de Navarra», apunta.
Este agricultor reconoce que, pese a ser una hortaliza costosa de cocinar, «sí es apreciada y el que es comprador asiduo mantiene la costumbre». Las tendencias, sin embargo, son las que son y «cuando nuestras madres dejen de limpiar borraja, no creo que nuestros hijos lo hagan».
Una salida para este cultivo sería pasar del freso al producto para industria, pero en otro formato. «Al final en industria los invernaderos no son rentables porque tienen muchos costes, por no hablar de que no es lo mismo la verdura embotada que la que se consume fresca. Se sacan más kilos en industria, pero también se vende más barato. Es que no tiene nada que ver un cultivo con otro porque mientras que nosotros tenemos la producción controlada (porque todo lo que se produce se ha de vender), en la industria funcionan con otros tiempos».

Los costes de producción tampoco tienen nada que ver, aunque Javier reconoce que por ahora la borraja es un cultivo rentable: «Ha estado durante muchos años oscilando entre los 60 y 70 céntimos el kilo y ahora ronda el euro. Una subida que se viene apreciando desde hace algo más de un año a esta parte, pero al final tienes una venta limitada, por lo que tampoco puedes cultivar más. De hecho, creo que es este consumo limitado el motivo por el que los precios se mantienen. Por contra , nos enfrentamos a otro problema que no tiene la borraja de industria y es que en nuestro caso no contamos con productos fitosanitarios autorizados así que usamos productos ecológicos, que son más caros y que hay que aplicar muchas veces».
Un cultivo experimental
Por otro lado, Javier participa desde hace un par de campañas en un proyecto experimental impulsado por la Consejería de Agricultura, Ganadería, Mundo Rural y Medio Ambiente a través de un campo demostrativo para analizar las densidades de plantación en este cultivo y su influencia en el rendimiento y gestión sanitaria.
El calagurritano ha aportado dos de sus invernaderos para desarrollar este estudio en el que se tienen en cuenta parámetros agronómicos, de producción y viabilidad del cultivo, todo ello para optimizar las labores de cultivo, sacar una verdura de mayor calidad y mejorar así la competitividad de las explotaciones hortícolas riojanas.
«Ahora trabajamos con la variedad movera, que es la borraja de toda la vida pero seleccionada para dar algo más de calidad. Esta variedad se consiguió tras unos experimentos en Zaragoza hará ya cosa de 50 años, pero desde entonces no se ha vuelto a estudiar ni investigar con ella. Al final este es un cultivo poco extendido y con pocos productores, por lo que no se le han dedicado los recursos y esfuerzos que sí se han destinado a otros sectores. Así que se agradece que traten de mejorar el producto, ver qué densidades funcionan mejor y así ampliar también el mercado de venta», remarca el agricultor.


