El Rioja

El valor del tiempo en Martínez Lacuesta

Fotos: Fernando Díaz/RIOJAPRESS

Limpididez, clasicismo y eternidad son los pilares sobre los que se sostienen los vinos finos como los entienden en Martínez Lacuesta. Javier Bañales, gerente de esta firma jarrera, se ha encargado de remarcar esas líneas que definen la filosofía de la bodega en la cita inaugural del VI Ciclo de Catas Underground celebrada este miércoles y organizada por NueveCuatroUno y Calado by Criteria de la mano de Argraf, Cartonajes Santorroman, Cork Supply, Ramondin y Tonelería Magreñan como patrocinadores, en compañía también de los pinchos de Delicious Gastronomía.

«Somos afinadores de vinos y nos gusta que este acaricie cada vez que se beba y para eso hay que darle importancia al tiempo. Nosotros hacemos vinos de calidad, pero a su vez primamos mucho la crianza larga en barrica y también en la botella, que es donde se afina. La botella es la dirección de orquesta, de donde sale la verdadera belleza del vino. Porque no siempre se habla de la influencia del tiempo en el resultado final del vino, pero este es clave», remarcó Bañales al comienzo de la velada. Con el mismo romanticismo con el que se construyen los vinos en Martínez Lacuesta, con el foco en la historia de Haro, en la historia de Rioja.

La primera botella en descorcharse no fue precisamente para ver ese valor del tiempo, pero sí para plasmar el potencial de una viura con dos vendimias, dos encubados, con una fermentación con pieles pero sin llegar a la parte oxidativa. Una viura polifacética «pensada para ahora y para guarda». Así lució Campeador Viura 2023.

Fotos: Fernando Díaz/RIOJAPRESS

Más afilado y fresco se presentó Campeador Reserva 2019, unos matices propios de las garnachas de Rioja Alta agrupados en un ensamblaje novedoso. Un vino que tras cuatro cosechas (la última en salir al mercado fue la de 2015) ha vuelto a ver la luz. «Es un vino tánico que aún está en una fase de evolución, de crecimiento, que requiere de esa labor de alfarero para ser un vino eterno», describió Bañales. Una gama, la de Campeador, que refleja perfectamente la influencia borgoñona de los vinos de Haro.

Y de Borgoña a Burdeos para entrar de lleno en la gama Martínez Lacuesta con dos joyas que evidencian el buen tratamiento del tiempo. «Con paciencia, sin prisa». Hinia 2015 se presentó este miércoles en primicia, y es que hasta principios de marzo no sale al mercado. «En la evolución que muestra vemos arte. La limpidez del vino en nariz es algo muy característico de Martínez Lacuesta y aquí hay más longitud y finura. Un vino higiénico, además, que deja la boca en una sensación de paz».

La mayor representación de la crianza llegó con Colección Familia 2012, el broche de la cita. Mayor envejecimiento y también mayor porcentaje de graciano respecto a Hinia (un 20 por ciento frente a un 10) que marca una diferencia notable. «Ambos son estilos que nos dan una perspectiva para ver el potencial de un vino de guarda, pero en el caso de Colección Familia creo que debería existir una categoría de Gran Gran Reserva y es que todo lo que se dice dos veces gana más valor. El tiempo es ese valor», sentenció.

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