TRIBUNA

Carta abierta a la Unión Deportiva Logroñés

FOTO: UD Logroñés.

La Unión Deportiva Logroñés me cambió la vida o mi vida cambió junto a la Unión Deportiva Logroñés. Es algo difícil de diferenciar, como establecer de un vistazo dónde termina el mar y dónde empieza el horizonte. El caso es que el club ha sido importante en mi vida. En la profesional y en la personal. Tanto, que hay una especie de Antes De y de Después De en mi particular historia que tampoco interesa a nadie demasiado. Simplemente lo digo porque este Logroñés forma parte inseparable de mi vida en los últimos 16 años. Y nunca antes había sentido que quienes formamos parte de él de alguna forma seamos tan menospreciados por quienes lo dirigen.

El club ha cometido muchos y diversos errores, como cualquier organización emergente, desde su nacimiento. Errores, en la mayoría de casos, deportivos. Si echamos la vista atrás, el grueso de esos fallos lo forman las elecciones desafortunadas de futbolistas, más que otra cosa. Algo que forma parte del día a día de decenas de equipos de fútbol, tampoco es algo especial. En otras ocasiones, el error estuvo en el planteamiento de objetivos poco realistas (“En cinco años en Primera”) o en la apuesta económica a medio camino que nos mandó de vuelta al lugar del que veníamos (ver temporada 2020/2021). Esta segunda tipología de error ha sido también diferencial y a menudo origen de los desencantos. Pero son cosas que pueden pasar. También hay que poner en valor que la apuesta económica nos llevó a Segunda División y permite al club tener un patrimonio nada desdeñable.

En menor medida, pese a las críticas, el club ha tenido algunos errores sociales. Hasta ahora, menores. Quizá se podía haber tenido más gestos de cariño, de nuevo económico, con los abonados o haber sido más agresivo en determinadas acciones que, también es cierto, deberían haber nacido de un inexistente departamento de marketing –cómo reprochó, con acierto, La Liga de Tebas–.

Hasta ahora.

Primero fue una carta. El presente género epistolar está de capa caída, y también es por algo. Félix Revuelta, con algunas esencias de antaño en sus formas, todavía pretende cultivarlo. Esas Revueltinas tan habituales en el presidente, no pasaban de ser munición para el chascarrillo. No recuerdo ni una sola memorable, dicho sea de paso. Pero esta última la llevo rumiando desde que la publicó el club, porque no es suficiente aguantar cada fin de semana la turra de partidos que firma el equipo, sino que encima como aficionados viene el dueño del club y nos regaña. “Hoy escribo estas líneas tras observar con preocupación cómo la afición blanquirroja se está alejando de sus futbolistas”, arrancaba el presidente. ¿No será más bien al contrario? Resulta que tienes una cifra de abonados de récord y el problema es que la afición, para el presidente, se está alejando de sus futbolistas.

Mire, pues no.

La afición no ha dejado de estar con el equipo ni en la peor travesía deportiva del club, penando por Subiza, empatando partidos parsimoniosos y ofreciendo un espectáculo en muchas ocasiones digno de ir a la OCU a poner una reclamación. Y lo digo desde cierto privilegio de verlo casi siempre a través de una pantalla, porque en vivo y en directo es más doloroso aún.

El traspié de la carta fue coronado por otro de esos partidos horizontales como una siesta en Gernika, donde debió de aburrirse hasta el árbol.

Lo preocupante es que este tono de buscar culpables externos disparando, paradójicamente, a los tuyos parece haberlo asumido el director deportivo, como si se hubiese convertido de la noche a la mañana en cultura de club. Dice Carlos Lasheras que en este mercado de invierno hay futbolistas que no han querido firmar con nuestro Logroñés por culpa del entorno. Es cierto que el entorno de la ciudad deportiva no es el más bonito de la ciudad, tampoco el de Las Gaunas, rodeado de la circunvalación y de un aparcamiento que parece un circuito del Mario Kart, pero es que Lasheras encima se refiere al entorno social. A la exigencia. No sé si está proyectando sus propias sensaciones en hipotéticos fichajes, pero observo aquí dos problemas que, para no continuar con el ladrillo, resumo en dos epígrafes:

1. Como director deportivo no estás siendo capaz de convencer en la negociación con tus fortalezas: club que paga, instalaciones de primera categoría, estadio fabuloso para la práctica del balompié, afición no muy grande pero fiel, región con buena calidad de vida.

2. De nuevo, disparas contra los tuyos. Los mismos que arrastran del brazo a todos los que pueden cuando te juegas las habichuelas contra el Marbella. Los mismos que pacientemente no dejan de apoyar al club esté en la categoría que esté, cuando desciendes de Segunda División y cuando no eres capaz de subir de Segunda Federación.

Así las cosas, empiezo a sentir que el club no habla en la misma frecuencia que lo hacemos sus aficionados. No ha sido por los descensos, ni por los partidos infames, ni por los fichajes desacertados. Todo eso nos ha importado poco a los aficionados, que lo hemos seguido siendo incondicionalmente. Pero están empezando a adquirir un tono en el que parece que molestamos, que sobramos en una ecuación que, en realidad, tiene muy difícil existir sin nosotros. Porque frente a la propuesta del fútbol popular, lo significativo es que la Unión Deportiva Logroñés SAD siempre ha contado con una importante popularidad.

Estamos ante un momento crucial en la historia del club, al borde de un auténtico punto de inflexión. En este mundo líquido, los vínculos sólidos son más importantes que nunca. No hagan por debilitarlos. Igual que nadie nos obligó ni nos enseñó a querer a este club, no nos digan ahora desde sus despachos cómo tenemos que apoyarlo sin ser molestos. Porque creo que quienes sobramos no somos nosotros. Aúpa siempre la Unión Deportiva Logroñés.

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