Nadie advertía, a falta de veinte minutos para que diera comienzo una cita deportiva para la historia, lo que estaba por ocurrir. Sentados en su mesita, esta familia de blanquirrojos repasaba en el interior de un bar aledaño a Las Gaunas la alineación de la UD Logroñés. «Juega Pol Arnau, el chico que marcó el gol al Eibar en la prórroga», le explicaba el padre a su hijo mientras agotaban sus consumiciones. Al fondo, el estadio, ya iluminado, tragaba espectadores. «Es hijo del que fuera portero del Barcelona», remataba antes de iniciar los últimos metros que les separaban de su puerta de acceso al campo. Estaban a punto de dar las nueve de la noche.
Tres horas y media más tarde, una corriente eléctrica recorría la grada. Sobre el césped, Pol Arnau lloraba desconsolado, porque la UD Logroñés había conseguido lo imposible, eliminar justamente al Girona tras un partido heroico que costará tiempo olvidar. Su gesto al cielo con los dedos índices de sus manos, protegidas por unos guantes de portero prestados por Alex Daza, solicitaba la mejor ayuda que podía tener en estos momentos, la de su padre, Francesc Arnau, cuando se dirigía a la línea de gol para afrontar bajo palos una tanda de penaltis de la segunda ronda de la Copa del Rey.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Este joven futbolista, lateral zurdo que juega por la banda derecha, se enfrentaba a una situación inesperada, nunca entrenada, para nada preparada… caprichos del destino. Y el de Pol Arnau ha sido realmente duro. Don Fútbol y Doña UDL estaban por escribir uno de los capítulos futbolísticos más sonados de lo que va de temporada en el fútbol español. Lesionado Kike Royo, sin posibilidad de cambio alguno, el hijo de un portero de Primera, fallecido en trágicas circunstancias, dio un paso al frente para situarse durante la prórroga bajo la portería riojana. «Yo me pongo, míster», le insistió una y otra vez hasta que Sergio Rodríguez decidió hacerle caso. «Sabía que tenía un ángel en cielo». Lo que estaba por ocurrir sencillamente ya es historia del fútbol, también del riojano. Historia de la UD Logroñés, uno de esos partidos generacionales.
Existen en este deporte personalidades llamadas a grandes gestas. Mientras unos se acostumbran al error, otros, desde jóvenes, sienten la energía necesaria para marcarle al Eibar en el minuto 108 de la anterior eliminatoria o para adivinarle el lanzamiento a un tipo como Ábel Ruiz, referencia en todas las categorías inferiores de la selección española, actual campeón olímpico y delantero de referencia en el Girona que esta temporada se encuentra inmerso en la Liga de Campeones.
Ajeno al momento, quizás sin pensar en todo lo malo que podía ocurrir en caso de caer eliminados, tocado por el recuerdo permanente de su padre desde el cielo, con la inconsciencia y el desparpajo propios de la juventud -19 años de edad-, Pol Arnau le paró el lanzamiento a Ábel Ruiz para situar a los más de 7.000 espectadores al borde del éxtasis. Mientras, a mitad de camino de su casa, su hermano, Marc, que sí es portero, volvía de entrenar con el Mollerussa, y atacado de los nervios decidió parar en un bar para seguir en directo la tanda de penaltis en la que su hermano se estaba erigiendo en protagonista. «Me temblaban las piernas, nunca le había visto con guantes de portero», explicaba posteriormente en RAC1.

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La afición riojana al fútbol traga barro a paladas. Y solo estas maravillosas citas con la Copa del Rey alivian el dolor de ver cómo temporada tras temporada este proyecto de referencia se choca contra el muro de los intentos de ascenso incompletos. Pero mientras llega, la UD Logroñés se divierte en su Copa del Rey, y ya es un equipo de dieciseisavos final. El lunes estará en el sorteo donde ya entran a competir los cuatro equipos que disputarán la Supercopa de España (Real Madrid, Barcelona, Athletic y Mallorca).
Partido de época
La UD Logroñés se maneja en un estado de esquizofrenia deportiva que le otorga aura, relato y permeabilidad social. Es irresistible, tanto en la victoria como en la derrota. El logroñesismo es existencial, mientras la UD Logroñés sigue siendo una idea. Es un deseo desquiciado, con un aroma sublime como el de este miércoles, capaz de ganar, justamente, a un Girona envuelto en la magia de un estadio dispuesto a empujar mientras sea posible.
De la angustia de sentir domingo tras domingo el fútbol riojano a vivir la esencia de la UD Logroñés, atrapada en la cuarta categoría del fútbol español, dispuesta a renunciar, de boquilla, a la Copa porque sabe que el partido importante se juega este sábado a las cuatro de la tarde en un pueblo de poco más de 150 habitantes, sin bar, en un campo entre pinos llamado Sotoburu. La Copa son flores en el asfalto agrietado, vivencias para seguir empujando una y otra vez hasta recuperar el fútbol profesional para La Rioja.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Este triunfo permite mirar más allá del horizonte, y generar el desarrollo de nueva raíz que se extiende hasta el corazón. Anda la UD Logroñés escribiendo el que podría ser el primer borrador de su historia. Y está lleno de tachones, pero también de frases doradas como la de una noche de diciembre en la que una buena plantilla de Segunda Federación se convirtió, como les pidió el pasado viernes Sergio Rodríguez, en un equipo de fútbol para eliminar, con sangre, sudor y lágrimas a un Girona desencajado por el empuje de unos muchachos que apretaron hasta conseguirlo.
Es una noche en duermevela, con esa sonrisa que solo provocan las noches mágicas que sacan al club y a sus seguidores del lodazal, y les señalan una vez más que si por ilusión fuera este equipo debería lograr los objetivos marcados desde aquel ascenso a Segunda. Pero Don Fútbol y Doña UDL son tozudos, y espera el colista del Grupo 2, uno objetivo real para sacar adelante este curso de supervivencia en el que parece instalada la UD Logroñés.



