CARTA AL DIRECTOR

El pueblo en ruinas

Los pueblos en los que habito son pueblos en ruinas, aquello que verdaderamente considero pueblo es aquello que está recubierto de hiedras, de lagartijas confundidas bajo el sol en las piedras de las casas, y de ventanas astilladas que reflejan la vida en la Sierra.

Y no los considero así porque disfrute de su decadencia ni nada parecido, sino porque ella nos muestra lo que ha sido y no podrá volver a ser, porque nos muestra esas casas de piedras descolocadas y maderas carcomidas que ya nunca se volverán a construir. No se habla de decadencia sino de edad.

Hablo de pueblo en ruinas como lo hacía Zambrano de esto último, entendiendo las ruinas como aquello que en muerte logra expresar todo lo que no pudo en vida, como aquello que nos sobrecoge, que nos araña la piel para que lo miremos y apreciemos lo que fué, como aquella belleza absoluta que ya nunca perecerá.

Esa es la sensación que realmente me transmite un pueblo; el sentir en sus tejados todo lo que ha vivido, el ver en sus gentes un brillo en los ojos al recordar como aquella casa, hoy reconstruida, fue el bar de sus abuelos, como aquella carnicería se convirtió hoy en frontón, o como mi habitación pudo ser antes la guarida de la rueda de un molino.

Los pueblos son ruinas porque rechazan la muerte, porque logran una pacífica revancha contra todo aquello que les impidió ser, una revancha que se ve en el corazón. En el corazón que no puede evitar emocionarse en un pueblo, que no puede evitar sentir sus latidos en las piedras desgastadas, en los campanarios que acarician los cielos y en los puentes que nunca caen.

El pueblo en ruinas es aquello que nunca perece, que se esconde como un recuerdo que no puede ser olvidado. Pues ha cumplido su función y ahora tan solo espera que no se mancillen sus ruinas, que se respeten y se les deje descansar.

Los pueblos son ruinas por sus musgos y hierbas, por sus tejados en pico, sus balcones de madera pálida por el sol y por sus puertas de madera que diferentes unas de otras, pujan con el calor. Los pueblos son ruinas y no son nada más, ni atracciones, ni escombros, ni nada que reemplazar.

Los pueblos son hogares, y sobre todo son vidas que no hay que olvidar.

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