La fe mueve montañas y una pasión como el balonmano puede con todo. Esa determinación muestran tanto la pivote Silvia Ederra ‘La Roca’ (Estella, 1983) y la extremo izquierdo Lorena Pérez (Salceda de Caselas, 1991). Ambas militan en el Sporting La Rioja y desde los ocho años practican su deporte favorito. 23 años lleva Lorena y siete más, 30, acumula Silvia. Las dos son parte de un equipo recién ascendido que está dando que hablar. Tras seis partidos, llevan cinco puntos y quieren más.

Lorena (izquierda) y Silvia (derecha)
«Estamos siendo la sorpresa de la liga, a nosotras no nos sorprende. Sabíamos el bloque que teníamos y nos está dando resultado al trabajo previo», resalta Silvia. Atención al objetivo que se marca Ederra: «La permanencia siempre está bien, pero creo que tenemos que ser egoístas y decir que queremos luchar por todo. Sabemos que ganar la liga es complicado, pero al menos, poder jugar el playoff (lo disputan los ocho primeros). «No hay que ponerse límites. Soñar es gratis, hay que aspirar a lo máximo, querer lo mejor», le complementa Lorena. Todo ello, pese a contar con uno de los presupuestos más humildes.
En la pasada jornada, el líder Atlético Guardés sufrió de lo lindo para imponerse en el Palacio (21-23). Una demostración de lo que les espera a los rivales. «La liga es larga y nadie la va a ganar en enero, la va a ganar jugando un playoff y nunca se sabe», comenta Lorena. Su nivel de exigencia es alto, pues ambas lamentan no haber ganado ese encuentro. «Tuvimos opciones para poder ganarlo, perdimos balones que no te perdonan», vienen a decir. Hasta aquí, parece un guion normal, en el máximo nivel de un deporte. Sin embargo, no lo es.
Exigencia profesional, condiciones ‘amateurs’
Porque, pese a jugar en en el máximo nivel, su competición no es considerada profesional. Ni Silvia Ederra ni Lorena Pérez se sienten reconocidas. «En España, no puedes dedicarte solo al deporte. Puedes vivir, pero no ahorras para tener un futuro. No es como el fútbol. Aquí tienes unos años, pero tienes que compaginar con estudios, trabajo o hijos. Es más complicado vivir y tener para el futuro. Empecé jugando en Estella y se llegaron a sueldos altos. Pagaban bien en Alicante y Castro Urdiales y luego llegó la quiebra. Con la crisis del 2011 en el balonmano se notó el bajón. Y ahora, estamos subiendo», explica Silvia.

Ederra, en Alicante / Foto: Facebook personal
A sus 41 años (segunda más veterana de la liga), Ederra conoce su deporte como pocas. Comenzó en el Itxako, pasó por el Alicante, el Castro Urdiales, el Sporting La Rioja, el Bera Bera y de nuevo, La Rioja. Su apodo, «La Roca», es bien merecido. Superó un accidente de coche y una hernia de disco en 2011 y además, se sobrepuso a una ruptura del tendón de Aquiles en 2018. «El balonmano es como una droga (bromea). Es un deporte que me gusta mucho, me ayuda a asentar la cabeza. Cuando tuve el accidente, mi objetivo era recuperarme y volver a jugar», explica.

Foto: Silvia Ederra
«Cabezona» como buena navarra, Logroño está muy ligada a su carrera. Allí llegó, en 2011, al Sporting La Rioja, por entonces en Segunda, para recuperarse del accidente y la hernia. Y tras ese periodo, fichó por el Bera Bera, donde militó de 2012 a 2018. Ese fue su debut en la élite y le reportó trece títulos nacionales (5 Ligas, 5 Supercopas y 3 Copas de la Reina), además de llegar a la selección española, con la que logró un bronce en un Europeo junior. Su periplo en San Sebastián acabó de forma menos bonita: el Bera Bera no quiso renovarla.
Entonces, decidió volver a la entidad logroñesa, hasta que en 2020, en medio de la pandemia, anunció su retirada a sus 39 años. No fue definitiva. Un año y medio después, con el Grafometal por primera vez en la élite, le dieron la opción de volver. Y lo hizo: «Estaba estudiando oposiciones, pero necesitaba seguir jugando para despejar mi mente». Y desde entonces, Ederra vivió un descenso al final de la 2022/23 y la temporada pasada, volvió a recuperar la máxima categoría con las logroñesas.

Silvia, durante su primera etapa en el Sporting La Rioja / Foto: Facebook personal
Tres décadas en las pistas es un auténtico mundo. «Me quedo con todo, no solo con los títulos. Me quedo con las personas, las compañeras y las amigas que he hecho. No me arrepiento de no poder jugar en el extranjero. Tuve la oportunidad de ir a Hungría, pero se truncó el fichaje. Me hubiera gustado jugar también unos Juegos Olímpicos, pero tengo que estar contenta con mi trayectoria y con seguir jugando a los 41».
Jugar después de los 30 años: una barrera
Lorena Pérez, a sus 33 años, también es una ‘rara avis’. De hecho, no es muy frecuente que haya jugadoras que rebasen la treintena. ¿Por qué? «Hay muchos tipos de presiones, un futuro laboral, formar una familia, tener una vida. Las que siguen jugando es porque se encuentran bien y tienen condiciones dignas, que el Sporting nos da. Se forma, trabaja, está cerca de casa… Es raro que alguien con cierta edad esté fuera de su casa jugando al balonmano. Te entra la presión de un futuro: ¿a quién le pides trabajo con 30, si no has trabajado en 10?».
La propia Lorena desafía ese pronóstico. Llegó a Logroño en 2021, fuera por primera vez de su tierra (morriña): «Elegí este proyecto porque conocía a algunas jugadoras. Quería cambiar de aires, no había salido de Galicia, ya no empezaba de cero y estoy muy contenta estando aquí. He vivido en otros sitios y veo que aquí nos dan condiciones dignas. Es un club pequeño, una familia. Venía de una exigencia muy alta, mucha presión. Aquí quería disfrutar y se puede».

Lorena, en su anterior etapa en Galicia
Optimista con el futuro, Lorena cree que las condiciones están mejorando, especialmente para las jóvenes: «Una estudiante de 20 años no vive mal. La mayoría de equipos tienen plantillas jóvenes, porque es a lo que pueden aspirar. Somos semiprofesionales, el día que nuestra liga sea profesional, quizá los sueldos y condiciones serán profesionales. Se les exige mucho a los clubes, pero no todos pueden sobrevivir y seguir jugando».
Por eso, Pérez confía en que llegue ese convenio profesional: «Las próximas vivirán mejoras que nosotros no estamos viviendo. Pero si se vuelven a cometer los mismos errores, pasará lo mismo. El día que se dé valor al deporte, que se vea como una empresa, todo será más profesional. Se exige a clubes y jugadoras, pero las federaciones también tienen que ponerse serias para que compense».

Lorena, con la camiseta del Sporting La Rioja
¿Y qué cambios habría que llevar a cabo? Varios. «El facilitar estudiar, algo tan básico, muchas jugadoras no pueden ir a la universidad. No se les considera de élite, a pesar de que entrenan todos los días, a veces mañana y tarde, se tienen que pagar viajes largos…», valora Pérez. «No eres profesional, no tienes facilidades para ir a la universidad», continúa. «Nunca hemos llegado al nivel del masculino. Nos consideran minoritarios y más el femenino, no se nos considera deporte de élite», complementa Silvia.
«Se nota por tema de patrocinadores, prensa, quizá no mueve tanta gente y al final, faltan. No hay apoyos y como no hay apoyos, a la gente le cuesta más venir», termina Ederra. En esa lucha siguen ambas, con la voluntad de superar barreras y conseguir más garantías para su deporte. Y por qué no, dar la campanada en liga con el Sporting La Rioja.


