El Rioja

Carraovejas, «tierras únicas, almas compartidas»

Carraovejas hace su puesta de largo ‘riojana’ en las Catas Underground

Pedro Ruiz, CEO de Alma Carraovejas, y Neza Skrt, directora técnica de Aiurri. | Fotos: Fernando Díaz/Riojapress

Cuando se trata de revitalizar una zona bajo el compromiso de construir un legado único no cualquier enclave sirve. Se requiere que este transmita un carácter, una personalidad, que tenga una esencia clara y reconocible. Alma Carraovejas aplica este requisito a cada uno de sus proyectos y así es como esta firma de Ribera del Duero irrumpió en Rioja, concretamente en Leza. Y lo hizo con un profundo respeto por su esencia. Cuatro años después, ese esmero ha dado sus frutos y el mercado ya tiene en sus manos los tres primeros vinos de Bodegas Aiurri.

Este entorno de la Sonsierra y alrededores fueron los protagonistas de una nueva velada del V Ciclo de Catas Underground celebrado este miércoles y organizado por NueveCuatroUno y Calado by Criteria de la mano de Argraf, Cartonajes Santorroman, Cork Supply, Ramondin y Tonelería Magreñan como patrocinadores, en compañía también de los pinchos de Delicious Gastronomía. El CEO de Alma Carraovejas, Pedro Ruiz, y la directora técnica de Aiurri, Neza Skrt, descorcharon las tres referencias de la bodega de Rioja junto a un Pago de Carraovejas 2021 y alguna que otra sorpresa de última hora para cautivar a un público ansioso.

«Rioja es el gran lugar, con grandes posibilidades y grandes vinos. Si a alguien le gusta el mundo del vino tiene que venir a Rioja y cuando nosotros lo hicimos fue con mucho respeto, al igual que seguimos haciéndolo», remarcó Ruiz.  El viaje de esta cata a través del buen hacer de Alma comenzó a las faldas de la Sierra Cantabria, con un pedazo de tierra de San Vicente de la Sonsierra, otro pedazo de Laguardia y, cómo no, tierra de Leza. Landua (que en euskera significa artesano, hecho a mano) representa un vino de región, «un vino de historia», que fermenta tanto en depósito de inoxidable como en madera y hormigón. «Un vino más de instante» que dio paso a un vino de municipio: un vino de Leza.

Esta villa alavesa estaba en el mapa de Carraovejas desde antes de empezar su verdadera andadura y ahora el proyecto ya aglutina 26 hectáreas de viñedo. «Aiurri es el nombre que mejor representa la identidad de este pueblo y por eso no podíamos ponerle otro nombre a este vino, elaborado con uvas cien por cien de Leza, donde abunda la viña vieja, y eso es un verdadero privilegio. Aquí la elaboración es principalmente en tina y hormigón, mientras que las parcelas más pequeñas sí que pasan a barrica. Nos ha sorprendido mucho lo bien que ha evolucionado en botella, porque hace unos seis meses el vino todavía estaba duro y ahora ya se aprecia más esa textura, una fruta negra, concentrada, especias y monte bajo», describe la directora técnica.

Aquí cada viña es mimada con tiempo y esmero, pero lo de Salas es cosa aparte. Esta viña, ubicada a poca distancia de la bodega, «es una parcela que enamora física y sensorialmente y que, además, te da un vino maravilloso». Una parcela de la que lograron hacerse con parte de su propiedad, mientras que el resto la tienen arrendada. Aquí reposa un mix de variedades, muchas de ellas sin identificar aún, y diferentes ubicaciones, por lo que los ciclos de maduración también son diferentes. «Hacemos dos vendimias en este viñedo, primero la zona más alta donde buscamos preservar la frescura, y después la de abajo con unas dos semanas de diferencia. De igual forma, también se hacen dos fermentaciones por separado, aunque luego se mezclan». El registro más antiguo que han logrado encontrar data de 1911 y los viticultores más veteranos del pueblo aseguran que esta era la viña que más tarde maduraba pese a mantener perfectamente la frescura. «Todo ello nos da un vino, Salas, con finura y textura, un vino que mejorará con los años y que ha llegado a ser uno de los grandes de Alma», sentencia Ruiz.

Pedro Ruiz, CEO de Alma Carraovejas. | Foto: Fernando Díaz/Riojapress

De vuelta a los orígenes, el equipo de Alma ha traído consigo su Pago de Carraovejas 2021 que, en palabras de su CEO, «esta es la mejor añada de este vino» que se estrenó con la vendimia de 1991. Trascendental fue el cambio de enfoque que sufrió Carraovejas al pasar de ser hacer vinos de crianza y reserva a vinos de finca y parcela. «Un cambio que se palpa en Pago de Carraovejas 2021. Aquí hay tempranillo fino junto con cabernet sauvignon y merlot que se ha convertido en un vino de terroir frente al vino de elaboración que era antes. Y todo eso reduciendo también el volumen de botellas al que estaban acostumbrados nuestros clientes. Como dice Emilio Rojo, ‘nos hemos reducido a una inmensa minoría'».

Sin embargo, este no iba a ser el vino de cierre de esta velada. La sorpresa condujo de nuevo a Rioja y llegó de la mano de esa primera añada de Aiurri, la verdadera, aquella 2020 que nunca quisieron lanzar al mercado pese a ser su carta de presentación inicial. Las botellas sin etiquetas comenzaron a recorrer las mesas y llenar las copas para descubrir lo que pocos antes habían catado. Un vino cien por cien sacado de cepas de San Vicente de la Sonsierra, a donde llegó la firma de Ribera en un principio. «El vino no estaba malo, ni lo está, pero para nosotros le faltaba carácter, una identidad definida. No era un vino vibrante y finalmente no nos convenció como vino de presentación del proyecto Aiurri», apunta Ruiz, quien no descarta qué recorrido llevará en un futuro este vino. Pese a ello, alguno de los asistentes presentes en la cata reconoció decantarse más por la añada 2020 que por la posterior.

Neza Skrt, directora técnica de Aiurri. | Foto: Fernando Díaz/Riojapress

Ojo avizor, el trabajo de Aiurri continúa latente en Leza, explorando cada parcela de esta localidad en la que han encontrado el foco de todos sus propósitos. Sin perder de vista a las gentes del lugar ni perder detalle de cada enseñanza que puedan darles y descubriendo nuevas tierras para consolidar un proyecto todavía con muchas hojas en blanco por delante. «Esto es un crecimiento conjunto y lo hacemos de la mano de Aiurri y el resto de nuestros proyectos que siguen su progreso. Porque todo son tierras únicas con almas compartidas».

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