Rescatar esas cepas viejas a los pies de la Sierra Cantabria ha sido la máxima de Alma Carraovejas desde su desembarco en Rioja en 2020 con el proyecto Aiurri. Esta bodega, asentada en Leza y que refleja el auténtico carácter de Rioja Alavesa, se ha estrenado recientemente en el mercado con tres joyas vinícolas que emanan de estos parajes de suelos franco-limosos con alto contenido en caliza y buena cantidad de materia orgánica.
Unas novedades que se podrá catar este miércoles en el V ciclo de Catas Underground organizado por NueveCuatroUno y Calado by Criteria de la mano de Argraf, Cartonajes Santorroman, Cork Supply, Ramondin y Tonelería Magreñan. Pedro Ruiz, CEO de Alma Carraovejas y Neza Skrt, directora técnica de Aiurri, serán quienes conduzcan esta velada maridada con los pinchos de Delicious Gastronomía. Los vinos que se descorcharán serán Landua, Aiurri y Salas, de la bodega de Rioja, junto a Pago de Carraovejas, todos ellos de la añada 2021.
– ¿Se ha conseguido el objetivo esperado en esta primera jugada de Bodegas Aiurri?
– Desde el principio hemos venido con humildad, pero creo que la gente ha acogido este proyecto con mucho cariño después de estar cuatro años esperando para ver qué tipo de vinos sacábamos. Ha sido un proceso largo, porque partíamos de cero, de un folio en blanco, así que el aprendizaje ha sido, y continúa siendo, algo constante, interpretando el viñedo de Leza y todo su entorno de alrededor para saber expresarlo en el vino de la mejor forma. Algo que para nosotros ha sido una auténtica suerte. Y en este sentido hemos elegido un zona perfecta para desarrollar nuestra idea. Leza es un pueblo en el que tal vez no haya tanta posibilidad de probar vinos de municipio. Un pueblo que goza de tener mucha viña vieja y mucha diversidad en el viñedo, con variedades y biotipos que dan unos taninos más vibrantes, más atlánticos, más rústicos.

– ¿Qué carácter común muestran sus vinos?
– Hay una cosa muy clara en campo y es que trabajamos todo en ecológico desde el principio y con viñas viejas. Aunque aquí predomina el tempranillo, es una uva que nada tiene que ver con el de ahora porque es un tempranillo plantado en los años 1920 y 1930, por lo que la variedad de biotipos es enorme, porque entonces aún no existían los clones. Y en cuanto a los vinos, todos ellos reflejan los tres pilares que definen la bodega Aiurri: textura, elegancia y frescura. Y sobre todo, que todos ellos hablan del sitio del que proceden. A la hora de elaborarlos, sin embargo, tuvimos claro desde el principio que cada viña debía fermentarse por separado para luego probar y valorar hacia dónde dirigir ese vino. Tratamos cada viñedo como un individuo y por eso la viticultura también va adaptada a cada parcela.
– ¿Y qué matices diferencian a estos vinos entre sí?
– Landua (que en euskera significa artesano, hecho a mano) es un vino de región, de mezcla de territorios porque va desde viñas de San Vicente a las de Leza y llegando hasta Laguardia. Aquí hay más fruta roja y fluidez, mientras que Aiurri es un vino de municipio que pone Leza en el centro de todo. Aurri significa carácter, personalidad y creo que Leza es uno de los pueblos con gran personalidad y este uno de los vinos que mejor refleja nuestro carácter. De ahí también que Aurri sea el pilar principal de la bodega. Este vino es más complejo, más negro, con más músculo y la boca también es más profunda con un tanino muy atlántico, muy vibrante, gracias a la sierra y a la altura a la que está. Salas ya es el siguiente paso: un vino de parcela. Diferentes variedades, muchas de ellas prácticamente desconocidas, diferentes suelos y diferentes ambientes. Aquí se gana en textura, frescura y elegancia con un perfil en nariz mucho más especiado y balsámico. Desde el inicio de la fermentación vimos que este vino tenía que ir por separado.

– Salas es el único vino que procede de una sola parcela, aunque aquí la biodiversidad clonal es la protagonista, creando un mapa de micro parcelas. ¿Cuál es la esencia de este viñedo?
– Es una parcela de 1911 formada por muchas parcelas diferentes entre sí. Hay laderas con diferentes variedades, zonas con más humedad,… De hecho, en el momento en el que las hojas cambian de color se ve toda esa diversidad. Ademas, aquí el suelo juega un papel clave. Si en las otras viñas eran más calizos, aquí nos encontramos con arcillas ocres cuando hicimos las calicatas. Y eso se traduce directamente en una textura diferente en el vino. Es una viña muy especial.
– Junto a estos vinos de estreno culmináis con un Ribera como es Pago de Carraovejas 2021, ¿por qué esta selección?
– Para nosotros Pago de Carraovejas es el origen de lo que hoy en día es Alma Carraovejas, por eso hemos querido llevar esta referencia. Aunque ambos vinos, Pago y Aiurri, provengan de diferentes denominaciones, tiene algo en común: representan el lugar del que proceden y del proyecto al que dan nombre.


