Deportes

Gol en Las Gaunas: ‘Conrado es del Logroñés’

Conrado Escobar y Celia Sanz, en 2020, cuelgan en la ventana de su despacho del Ayuntamiento la bandera de la UD Logroñés.

Fíjate en qué locura se ha movido todos estos años el fútbol logroñés que hasta por un momento llegamos a pensar que Javier Merino, cuando era presidente de Logroño Deporte, podía tener razón. No duró mucho este acercamiento al mundo de Javier Merino, pero el asunto tuvo su miga. Lo dijo hace unos años, exactamente un 11 de julio de 2018. El entonces responsable de la empresa municipal que gestionaba las instalaciones deportivas públicas ofrecía una rueda de prensa para explicar cómo quedaba el uso del estadio tras el ascenso a Primera División femenina del ED Logroño -ahora DUX Logroño-.

Bien, aquel día tuvo que decidir en materia futbolística, lo que suele generar fuertes picores entre los responsables políticos de Logroño. Decidió, al ver que tres equipos no podían jugar a la vez en el mismo estadio, que EDF Logroño y UD Logroñés jugaran en Las Gaunas mientras que la SD Logroñés debía mudarse al Mundial’82. Lo hizo en una rueda de prensa en la que decidió sacar los dientes para defender su parcela.

Javier Merino en aquella rueda de prensa de 2018.

Harto de la situación, Javier Merino, aquel 11 de julio de 2018, a modo de premonición, cerró esa rueda de prensa con una última afirmación: «El fútbol riojano solo lo soluciona un ascenso a la Liga de Fútbol Profesional». Hasta entonces que nadie volviera a llamar a su puerta para asuntos futbolísticos de calado. Dos años después, un 18 de julio de 2020, la UD Logroñés cumplía con esta parte del trato, lograba el ascenso a Segunda División. Pero Javier Merino ya andaba por Madrid. Y ahora, en Logroño, el regionalista Rubén Antoñanzas era el responsable de las decisiones que se tomaban en Logroño Deporte. Y se encargó de que Javier Merino no llevara razón. Porque el ascenso no solucionó para nada lo que los políticos logroñeses entienden en la intimidad como el dichoso fútbol y los problemas que les genera.

Años -de 2016 a 2018- muy intensos para Miguel Sainz, actualmente concejal de Deportes y presidente de Logroño Deporte, que dejaba constancia en sus redes sociales de su pasión por la UD Logroñés asistiendo a numerosos partidos, también lejos de Las Gaunas, y participando en corteos junto a otros muchos aficionados blanquirrojos.

En aquella histórica fase de ascenso a Segunda División, por el dichoso problema del fútbol capitalino, Rubén Antoñanzas, como buen funambulista que quiso ser -sin conseguirlo porque nadie lo consigue-, se encargó de forrar el polideportivo Lobete con una bandera blanquirroja. Fue lógico pensar que se trataba de una muestra de apoyo sincero a un club de Logroño que buscaba recuperar, en medio de una pandemia, un puesto en el fútbol profesional en Málaga ante el Castellón veinte años después de la última vez. Pero siempre hay espacio para la sorpresa: «Es una forma de apoyar a los equipos de Logroño que se están jugando el ascenso». La UD Logroñés buscaba un histórico ascenso. La SD Logroñés también se jugaba un ascenso, a Segunda B, en un playoff regional que le enfrentaba en Las Gaunas… al Varea, también de Logroño.

Entonces, un reconocido seguidor de la UD Logroñés dio un paso adelante. En la oposición, Conrado Escobar colgaba en su despacho del Ayuntamiento de Logroño, anticipándose a Pablo Hermoso de Mendoza, una bandera inequívocamente de la UD Logroñés para mostrar su apoyo en ese momento deportivo tan trascendental, y de paso arrimar el ascua a la sardina de la afición más numerosa de La Rioja para marcar distancia sobre la indefinición del por entonces alcalde.

Conrado Escobar, por afición o por política, jugó en 2020 la mano del fútbol logroñés. La respuesta llegó casi de inmediato, y el alcalde hizo lo propio al colgar del balón del Ayuntamiento una pequeña bandera, del tamaño preciso para que no perturbara a alguno de sus concejales, garante de la tradicional equidistancia en la que se mueven los políticos en materia futbolística, y al tiempo pudiera dejar constancia de que aun de perfil miraba lo que podía estar pasando. «Yo soy de baloncesto», decía siempre que podía el alcalde Hermoso de Mendoza. Como Concha Andreu, que afirmaba «ser del balonmano». Andreu, Hermoso y Antoñanzas dejaron pasar la oportunidad que les abrió la UD Logroñés con su ascenso al fútbol profesional.

Sonada fue la decisión de Antoñanzas (finalmente censurada por Hermoso de Mendoza) de reducir significativamente la partida presupuestaria a la UD Logroñés tras su ascenso a Segunda División, la tardanza para cambiar el césped del estadio… los tres pensaron que una vez conseguida la plaza la UD Logroñés tenía suficiente con los recursos que le llegaban por pertenecer a la elite del fútbol español. Una visión tan corta que se pagará durante años.

En 2024, los seguidores de la UD Logroñés le están pidiendo al Conrado Escobar de 2020 que sitúe a la principal entidad deportiva de Logroño en el lugar que le corresponde de cara a este intento de ascenso. Y que nadie tenga duda de que Conrado Escobar y Miguel Sainz -que sondearon el pasado septiembre el ánimo de un nuevo intento de fusión- son del Logroñés. De ese Logroñés que, como bien dijo su compañero de partido Javier Merino, les resuelva deportivamente el problema de comprensión que tienen con el fútbol y logre un ascenso a Segunda División. Y solo entonces sabremos si al menos son verdaderamente de ese Logroñés (del que sea) o repiten el esquema planteado por Antoñanzas, Hermoso y Andreu -ahora en la oposición o retirados de la política-, que repitieron esa maldita costumbre de ver qué puede hacer el Logroñés (el que sea) por ellos en lugar de ver qué podían hacer ellos por el Logroñés. Al final van a ser todos -de un lado y del otro- dignos herederos de Pedro Sanz.

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