La Rioja

Almeida, impasible durante la primera sesión del juicio por el crimen de Lardero

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

La primera sesión del juicio por el asesinato del pequeño Álex en Lardero, que este lunes ha comenzado en la Audiencia Provincial de Logroño, ha vuelto a servir para contemplar la frialdad de su único acusado frente al tribunal que puede condenarlo a vivir sus últimos días en prisión.

Francisco Javier Almeida, a quien su propio abogado defensor -del turno de oficio- ha calificado como “un monstruo”, ha permanecido impasible durante las casi cuatro horas que ha durado la primera sesión del proceso. Podría decirse, incluso, que el acusado ha sido la persona más serena de una abarrotada sala de vistas, en la que han estado presentes las partes, los once miembros (nueve titulares y dos suplentes) del jurado popular que emitirá el veredicto, familiares de Álex y alguna persona que ha acudido como público a la vista.

El lenguaje no verbal del presunto asesino ha estado definido por la calmada escucha de todo cuanto se decía en relación al macabro asesinato perpetrado la noche del 28 de octubre de 2021. La mirada del reo apenas reflejaba pestañeos mientras Fiscalía y acusación particular relataban los hechos. Tampoco durante el interrogatorio de cada una de las partes, en el que ha aportado por primera vez sobre lo ocurrido en la urbanización de Entre Ríos aquella noche.

Con la espalda relajada y las manos entrelazadas -dentro de la sala ha permanecido engrilletado en todo momento-, Almeida apenas ha alternado su postura corporal para cruzar las piernas en momentos puntuales de una larga sesión inaugural del proceso.

Una expresión calmada, casi ajena, que interrumpido en contadas ocasiones para buscar con una mirada curiosa a los primeros testigos que han pasado por el banquillo para señalarle “sin lugar a dudas” como autor del crimen.

Angustia e indignación

En el interior de la sala de vistas el contrapunto emocional lo ha puesto el público -entre el que se encontraban familiares del menor asesinado-, que ha asistido al cruel relato de los hechos con una mezcla de impotencia, indignación y angustia.

Un dolor especialmente palpable en el momento en el que Almeida ha asegurado que su víctima accedió “voluntariamente” a mantener relaciones sexuales con él y durante el visionado de las primeras pruebas aportadas a la instrucción, de una crudeza al nivel del terrible crimen cometido y que ha conmocionado a los asistentes a la vista. No así al acusado.

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