Gastronomía

Olores tradicionales, tiempo de llenar la despensa

Pasear estos días por cualquier municipio de La Rioja es impregnarse de uno de los olores más característicos del septiembre riojano: los pimientos asados. No es complicado encontrar en alguna bajera a alguien aprovechando los primeros rayos de la mañana para llevar a cabo una de las tradiciones más típicas de este mes: hacer conserva para llenar la despensa y disfrutar durante el resto del año de manjares típicos de la época.

Los hornillos se convierten por unos días en un elemento más de algunas calles de localidades como Calahorra. Hay barrios en los que es más fácil encontrarlos. El Casco Antiguo es uno de ellos, pero también en el ensanche de la ciudad hay bajeras que durante estos días ponen toda la maquinaria en marcha para empezar con un proceso que requiere de destreza y experiencia. Y si la calle no es propicia para el asado de pimientos, las huertas son un lugar perfecto para hacerlo y disfrutar de una jornada diferente en la que las comidas de familia se convierten en un proceso de elaboración y un momento donde compartir buenos ratos antes de la llegada de las bajas temperaturas.

Los mayores son los encargados de dirigir una orquesta que durante los fines de semana se convierte, en muchos casos, en una fiesta familiar. Así lo cuentan Aurora y Arturo. Esta semana están ambos pelando los pimientos que asan a primera hora de la mañana, pero el fin de semana anterior toda la familia participó de embotar tomate para todo el año. «Las hijas se han enfadado porque lo íbamos a hacer solos, porque al final esto se convierte en una reunión familiar con los hijos y los nietos colaborando en el proceso», cuentan. Pero los pimientos llegan cuando llegan y a ellos les han llegado estos días.

A lo largo de la mañana de esta jornada se han asado unos cuarenta kilos de pimientos. «Nosotros los asamos, los pelamos y luego los congelamos». Hasta hace unos años los embotaban, pero «el sabor no es el mismo. Si los congelas, cuando los vas a utilizar saben a pimientos asados, de la otra forma al cocerlos pierden algo de sabor», explican. Ellos utilizan hornillo y carbón. «Ahora hay máquinas que facilitan el trabajo, pero no es lo mismo». El sabor ante todo. Y para eso la clave está en asarlos despacio y darles la vuelta continuamente.

El proceso es sencillo pero laborioso. «Lo que más cuesta es dejarlos bien limpios, pero luego sólo hay que sacar, descongelar y están listos para comer». Otros los congela sin pelar, pero «luego, cada vez que abres un paquete, tienes que andar limpiándolos y es un engorro».

Después toda la familia disfruta del manjar. «Los dejamos en el congelador de la bajera y aquí el que necesita viene a por ellos». Esta familia vive en Calahorra, pero hay alguna que incluso los lleva fuera de las fronteras riojanas, y es que una vez que se prueban los pimientos asados hechos en casa es fácil encontrar las diferencias con los que hay en las baldas del supermercado.

Pero como no sólo de pimiento y tomate vive el hombre, la conserva estos días va mucho más allá. «También hacemos mermeladas, la de mora está exquisita, pero también de ciruela, melocotón…», cuenta Aurora. «Y si vienes en invierno nos verás haciendo chorizos y salchichones». La cuestión es dejar la despensa llena para ir tirando hasta el año que viene. Mientras tanto, La Rioja se llena de aromas que certifican que el otoño está aquí.

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