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Cuarto Creciente Montessori: la importancia de aprender tocando

Con más de un siglo de trayectoria, la doctora Maria Montessori, primera mujer licenciada en Medicina en Italia, desarrolló un método científico para la educación basado en la observación y en la experimentación. Un procedimiento que hoy en día presenta Cuarto Creciente Montessori School, un centro educativo donde la diferencia radica en cómo se aprende, y no en qué se aprende.

Cuarto Creciente sigue el currículo que recoge el Ministerio de Educación, pero sus alumnos aprenden con un método que tiene en cuenta su propio desarrollo, cómo madura su cerebro, y de qué manera cada uno necesita trabajar los conceptos que se han de adquirir. En el centro Montessori los alumnos adquieren sus conocimientos trabajando con materiales manipulativos.

Porque en sus observaciones, María Montessori concluyó que el cerebro del niño no funciona como el de un adulto, sino que pasa por diferentes etapas a lo largo de todo su crecimiento, y es necesario conocer cada una de estas etapas para poder tenerlas en cuenta. «En Montessori cada uno de los conceptos se trabaja con un material específico, de manera que el niño aprende jugando», explican desde el centro.

El trabajo en el aula se lleva a cabo bajo la supervisión de dos guías o profesoras. En cada clase hay 20 niños y 2 profesoras, una que enseña a los niños la materia en inglés y otra en castellano. «De esta forma se da la verdadera inmersión lingüística en todas las áreas. Los conceptos se explican a través de los materiales en ambos idiomas».

Con esta ratio se consigue una atención más personalizada, garantizando que el alumno desarrolle al máximo todo su potencial, ya se trate de un alumno con altas capacidades, como de otro con más dificultades a la hora de aprender. «Con este método cada cual recibe todo lo que necesita y puede llegar a profundizar en sus estudios trabajando con materiales que se pueden tocar y experimentar».

El primer paso es enseñar al niño cómo se utiliza el material, y una vez aprendido, el pequeño trabaja individualmente gracias a la característica autocorrectiva de cada elemento. «Los niños tienen autonomía para levantarse y cambiar de material, colocado en estanterías bajas a su alcance. Ellos lo escogen, se lo llevan a la mesa, practican con él y lo vuelven a dejar en su sitio una vez acabado el trabajo. Porque así se fomenta la autonomía, el autocontrol y la disciplina». Además, al final de cada jornada, la profesora hace un registro de la presentación que ha hecho a cada alumno, cómo ha sido el desempeño, y de si al día siguiente va a ser necesario repetir la demostración o seguir con el desarrollo de más conceptos.

De la abstracción a lo material

Desde el centro defienden que «estamos acostumbrados a introducir el elemento de escritura demasiado pronto», así, con el método Montessori, los niños aprenden a leer y escribir a través de las denominadas ‘letras de lija’. Se trata de tablillas de madera que tienen las letras contorneadas en una textura rugosa. «Con sus dedos, el niño va repasando esa letra conociendo la figura y la forma de cada una. Después se pasa a una letra de surco, que se repasa con una especie de lápiz sin grafito, y de ahí a un alfabeto móvil donde con unas letras corpóreas el alumno empieza a formar palabras».

Porque «la mano es la herramienta de la inteligencia, todo lo que el niño toca va directamente al lugar del cerebro que necesita». Así, las formas geométricas sirven por ejemplo para identificar nombres, verbos, adjetivos… La Geografía se aprende a través de puzzles de colores y formas que además desarrollan la motricidad fina, «y una vez que pasan a primaria, vamos incluyendo nombres de capitales, ríos, océanos…».

En Matemáticas, el concepto de cantidad se trabaja, por ejemplo, con perlas, conchas, palitos… «Así es como verdaderamente el niño aprende lo que significa tener tres cosas. Hay alumnos que llegan de otros centros, se saben los números de carrerilla, pero si les pides que te traigan cuatro pinturas no saben hacerlo porque no tienen interiorizado lo que es la cantidad. Así cómo van a aprender a sumar tres más dos o a saber que a cinco le puedes quitar tres… El niño necesita tocar y manipular para comprender».

Desde los centros Montessori defienden que en cada etapa se aprende de una manera diferente, porque no asimila igual el cerebro de un niño de 3 años, que el de uno de 6, o uno de 12, «y es importantísimo saber esto para poder aplicarlo en las aulas. El niño que se ha educado en un colegio Montessori llega muy preparado al instituto, porque tiene todos sus conocimientos integrados y adquiridos de manera adecuada y además, no ha perdido sus ganas de seguir aprendiendo, que es lo que suele suceder en los centros tradicionales al forzar los procesos cognitivos».

Pero también salen muy preparados para la vida en general, ya que «nuestros alumnos adquieren herramientas que les permiten conocerse a sí mismos, conocer a los demás, manejar los conflictos que forman parte de la vida, y presentarse ante ellos como una oportunidad de negociar con todo tipo de personas, y no como algo inabarcable que es mejor evitar. Poca gente conoce la importancia que tiene la formación de la personalidad que se gesta antes de los 12 años: es la etapa que va a marcar la manera de percibir el mundo que les rodea, y su propio lugar en él. Lo que venga después, será el fruto de algo ya difícil de cambiar, para bien o para mal».

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