La Rioja

Pañuelos en alto: los mayores del Gonzalo de Berceo ‘corren’ el encierro de San Fermín

Llega el verano y los carteles de ‘cerrado por vacaciones’ se multiplican. No es el caso del Centro de Día Gonzalo de Berceo de Logroño, que no cesa su actividad durante el periodo estival. El objetivo sigue siendo el mismo haga frío o calor: mantener el grado de autonomía de los usuarios, que disfruten de su tiempo libre y, por supuesto, dar un respiro a las familias.

Porque hay algunas que se llevan a sus mayores durante estos meses de verano para aprovechar las vacaciones con ellos ya sea en casa, en la playa o en el pueblo, «y eso es precioso», detalla Elena García, directora del centro. Otros llegan al Gonzalo de Berceo de forma puntual porque sus centros de referencia cierran por vacaciones, «y algunos, vienen porque sus hijos, que viven fuera, vuelven a casa a pasar estas fechas y los traen con ellos».

Sea como fuere, ‘veteranos o novatos’, continúan con sus ejercicios diarios de rehabilitación tanto cognitiva como física y la atención psico-social, pero con un aliciente más: las actividades veraniegas «que les ayudan a romper con la rutina y disfrutar del verano y el buen tiempo», explica Sara Aradilla, técnico de animación del centro. Eso sí, «siempre cumpliendo con las medidas de seguridad y protección requeridas en todo momento por las autoridades sanitarias en cuestiones relacionadas con el COVID».

Y en ese intentar, -y lograr-, salir de la rutina, Gonzalo de Berceo ha celebrado por todo lo alto San Fermín. «Por primera vez en el centro hemos organizado nuestro especial encierro donde, tanto trabajadores como usuarios, hemos disfrutado muchísimo». Andadores, bastones, pañuelos en alto pero, sobre todo, espíritu y ganas de participar de principio a fin. «Ellos son los que más se entregan. Hemos tenido incluso una usuaria que ha venido vestida de San Fermín y ha hecho un pequeño teatrillo como si le hubiera pillado el toro. Muy divertido», señala Sara.

Pero esto es empezar y no acabar hasta, por lo menos, San Mateo, «que comenzaremos a preparar a finales de agosto». De momento, ahora están trabajando en un ‘photocall’ muy especial con el que van a colaborar con la campaña ‘Mójate por la esclerosis múltiple’. Y nada más acabar con esta actividad, se activan los preparativos para celebrar su día, el Día de los Abuelos, el próximo 26 de julio. Porque es justo y necesario destacar y poner de manifiesto la labor que han hecho durante toda su vida, «haremos una merienda especial y tendremos una actuación musical».

Llegará agosto y con él las Olimpiadas del Verano en el Centro de Día. No hace falta ser un Rafa Nadal para ganar un Grand Slam, ni Messi o CR7 para hacerse con el Balón de Oro, solo será necesario participar y pasárselo en grande mientras, y sin darse cuenta, trabajan la psicomotricidad. «Practicaremos fútbol, baloncesto, tenis… adaptado a las necesidades de cada persona». De hecho, no habrá raquetas ni pelotas de tenis, pero sí globos…

Las excursiones y ‘los viajes’ al parque están asegurados, «siempre con sombra y protección». Y los días que no haya salida, no pasa nada. El centro cuenta con unas instalaciones exteriores envidiables «y con el toldo y en horas prudentes, jugaremos a los bolos, la rana, diana… pasatiempos tradicionales que modificaremos, por ejemplo con pistolas de agua». Además, desde el centro insisten en la necesidad de mantener hidratados en todo momento a los mayores. «Con esta ola de calor, la ingesta de líquidos es fundamental, y más para los que llegan después de un ingreso hospitalario».

El objetivo es que que saquen al niño que llevan dentro y disfruten ‘como enanos’ del verano mientras sus familias tienen un respiro. «Los cuidadores van a estar tranquilos poque saben que, además de las actividades de ocio, los profesionales de las distintas áreas del centro seguimos estando aquí, al pie del cañón para que no dejen de lado las terapias que hacen durante el año».

Sara reconoce que el estado de ánimo y la socialización es fundamental entre los usuarios. «Para nosotros es muy importante verles felices, y no tiene precio ver cómo en otra etapa de su vida, la última, se fraguan muy buenas amistades». Porque une mucho eso de recordar y compartir anécdotas de cuando eran mozos y mozas y, en las verbenas de los pueblos en verano conocían a ‘ese’ alguien especial.

Es un viaje en el tiempo, un conjunto de reminiscencias que les sirven además para ver cómo ha cambiado el verano, cómo lo ven ellos, cómo lo viven con sus nietos, cómo de las canicas, las tabas, el río y las pozas hemos pasado a las piscinas y campamentos. «Es una forma también de darse cuenta cómo se organizaban ellos en verano con sus hijos y cómo ahora se han intercambiado los papeles. Eso hace que se pongan en el lugar de las familias cuando vienen aquí».

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