Antes, con una moneda de un euro, comprabas el pan y aún salías con alguna monedilla en la cartera. De un tiempo a esta parte, los clientes y amantes del pan de siempre, del recién hecho, el de miga, han visto cómo uno de los alimentos considerados de primera necesidad ha aumentado su precio y, según los panaderos, va a seguir haciéndolo.
El precio del gas, la escasez de materias primas y la incógnita de cómo será la cosecha española tras las altas temperaturas pasadas hace que la situación sea «malísima». Así la califica Juan Carlos Calvo, propietario de Panadería Tudanca. «Se ha incrementado la electricidad, y la harina se ha puesto por las nubes. Se ha duplicado el precio del kilo. Hace un año estábamos pagando el kilo a 35 céntimos y antes de final de año se va a poner a 70».
Calvo reconoce que no pueden subir el precio del pan en proporción a este aumento y al del gas. «Porque a mí, por ejemplo, con el horno que utilizo se me ha triplicado la factura, así que estamos trabajando casi a pérdidas». Y en próximos capítulos la trama no mejora. «La fábrica de harinas ya me ha dicho que la próxima partida va a ser más cara».

Este incremento en el precio se ve reflejado en la compra por parte de los clientes, «que si antes se llevaban una barra grande ahora con una media o una barra de cuarto lo hacen. Y no vamos a hablar de las ‘cosas de vicio’ como las magdalenas, los churros…, ahora se venden mucho menos que antes». Según Juan Carlos, el pan ha pasado de costar un euro a 1,15, «y me consta que nosotros somos de los más baratos, pero ya se está hablando de que para finales de año podría llegar a encarecerse un 30 por ciento».
«La invasión de Rusia en Ucrania ha favorecido esta situación, sí, sobre todo si hablamos de materia prima, pero esto viene de antes, y en España la subida del gas no ha sido a partir de la guerra», señala Juan Carlos. «Esto va a ser un ‘sálvese quien pueda’, y el que haya sido previsor y tenga el riñón un poco cubierto podrá seguir tirando hasta que esto haga tope, pero el que viva al día, se hunde».
«¿Esto no va a parar de subir?»
Adrián Blanco recorre cada día con su furgoneta cientos de kilómetros para llevar el pan a varios pueblos de La Rioja. Por lo que, si a la crisis de la harina y el aumento del precio de la luz le sumamos el coste del gasoil, apaga y vámonos. «Todavía me acuerdo cuando hace menos de dos años llenaba la furgoneta pagando 85 céntimos el litro y ahora casi estoy pagando 2 euros».
«El incremento de los costes de producción no sé cuántas veces ha subido ya y, lo peor, es que tiene pinta de no parar». Adrián cuenta que al principio sus clientes preguntaban si no iba a parar de subir. Sin embargo, ahora, son ellos mismos los que salen de casa con dinero de más por si les dice que ha subido el pan. «Ya no saben lo que va a pasar. Aún con todo, las veces que ha aumentado, yo lo he avisado con tiempo».
Para este joven panadero no es un consuelo que toda la cesta de la compra esté subiendo. «Afortunadamente mis clientes son mayoritariamente gente mayor que, por lo general, no tienen problemas para llegar a fin de mes. Dicen que para lo que les queda en el convento, por lo menos que no les falte el pan».
Durante el invierno ha visto cómo las rutinas de consumo han cambiado. «Sí que es cierto que las ventas han disminuido y, mucha gente que antes compraba dos barras, ahora lo hace con una y media». Lo bueno para Adrián es que ahora llega el verano y es ‘temporada alta’ para él, ya que a los pueblos llega más gente, «sobre todo chiquillos» y eso se nota a la hora de vender más.
Adrián no pone en duda que la guerra de Ucrania haya interferido en la situación, pero más bien cree que ha servido de pretexto para muchos para tener carta blanca. «Sube todo, así que cada uno sube lo suyo y así lo que estamos consiguiendo es que todos perdamos poder adquisitivo, menos los que siempre lo han tenido y no lo van a perder».


