Gastronomía

Las chuletillas iluminan la calle San Agustín: Mesón Charro

Rubén Jiménez llegó a la calle San Agustín en 2019. Tras pasar por los fogones de Echaurren, Tastavín y Guardaviñas, el joven cocinero logroñés aterrizó en el corazón gastronómico de la capital riojana con «producto de temporada» debajo del brazo. Después de tres años cerrado, el Mesón Charro volvió a la vida para recuperar sus platos tradicionales (salchichón, chistorra picante, chuletillas…) con su propia personalidad.

Por ejemplo, el salchichón asado lleva un chimichurri de cilantro. «Hacemos cocina auténtica, donde la apariencia no engaña ante una tomata con cebolla, ventresca y aceitunas, unas patatas a la riojana o unos garbanzos con bacalao», apunta Rubén, quien cuenta todos los días con un menú del día (28 euros) con cinco primeros, cinco segundos y postre. «Cocina tradicional con algún toque», añade.

A destacar, los pimientos asados en casa con ventresca. «Intensidad de sabor y producto fresco hacen de este un entrante de primer nivel», añade, ya que en su cocina se citan los nuevos modos en todas las elaboraciones. Entre los primeros, revuelto de boletus, arroz con chipirones, alcachofas y vainas con jamón… producto cercano y de calidad.

Para los más contundentes, la propuesta gastronómica de Rubén Jiménez arroces caldosos, pochas con verduras, las patitas de cordero en salsa, el entrecot a la brasa, sin olvidarse de las estupendas raciones de chorizo o salchichón a la brasa.

Sin embargo, entre todos los olores y sabores familiares que dan vida al Mesón Charro, sobresalen los de las chuletillas. «Es un plato clásico sobre el que recrearse en este templo de las brasas. Son pocos los lugares en la capital riojana que honran a este alimento, casi ritual en estos lares, como se merece». Si bien La Rioja es la tierra con nombre de vino, también podría incluir en su propia bandera dos chuletillas cruzadas a modo de arma más emblemática.

«El gusto sella una de las tradiciones culinarias más buscadas por propios y extraños, que es lógico reclamo para estómagos de siempre. Un bocado tan sencillo como exquisito en el que impera la calidad del producto», apunta este joven cocinero, rey también de los postres de elaboración artesanal. «Son una de las joyas del menú porque no hay comida completa sin remate dulce», reconoce.

Entre su particular joyería, la tarta de queso brilla casi más que el sol después de pasar por el horno. Para muchos, un bocado tan exquisito que siempre dejan para el final de su ronda por La Laurel. Porque además de restaurante, el Mesón Charro conserva la esencia del bar de siempre. Rubén, tras la barra, con sus pinchos hechos al momento dispuestos para todo aquel que pasa por su puerta. Y vino, por supuesto, de Rioja.

– Dirección: calle San Agustín, 9, Logroño

– Teléfono: 941 20 27 04

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