El Rioja

La vida ‘rosé’ de Saioa Goitia

Saioa Goitia en uno de los viñedos de la firma en Laguardia | Foto: Leire Díez

La delicadeza y el romanticismo con los que la artista Edith Piaf cantó por primera vez en 1947 ‘La Vie en rose’ en una Francia de posguerra para hablar de un amor idílico inundan ahora un viñedo de Laguardia del que emergerá elegancia y frescura por tercer año consecutivo. Entre sus cepas de tempranillo tinto camina una empresaria vizcaína que nació bajo los aires frescos de Getxo, a orillas del Cantábrico y entre uvas, en este caso, blancas.

Saioa Goitia acapara una larga experiencia en la restauración vasca tras fundar, en 2005, el complejo Azurmendi, en Larrabetzu (Vizcaya), de la mano de su primo el famoso chef Eneko Atxa (tres Estrellas Michelín) y junto a las instalaciones de la bodega familiar de chacolí Gorka Izagirre, gestionada por el tío de ambos. Que todo lo bueno se quede en familia. Una década entera pasó allá como gerente poniendo en práctica su formación universitaria en Empresariales hasta que puso rumbo a California a emprender nuevos proyectos vinculados a la industria cinematográfica.

Pero su sitio estaba aquí, en España, y concretamente en el norte. Fue poner un pie en su tierra natal y le salió una nueva oferta. Nada que ver con la gastronomía y la restauración. Esta vez estaba enfocada en otra de sus aficiones: la moda. Su amiga Sofía Arribas acababa de montar un pequeño atelier en Bilbao y necesitaba quién le ayudara a gestionar una empresa para complementarlo con sus dotes como diseñadora. Saioa no supo decir que no a la propuesta de aquella arquitecta que quería dar el salto a la alta costura. «Y cinco años después aquí estamos, con ‘Sophie et Voilà’, una marca nupcial y de fiesta con un estilo poco convencional que ya exporta a 16 países y tiene 63 puntos de venta».

Saioa Goitia en uno de los viñedos de la firma en Laguardia | Foto: Leire Díez

Y cuando ambas estaban sumergidas en una vorágine de éxitos apareció la segunda Sofía de esta historia, en este caso de apellido Paramio. «Ella controlaba todo el tema de la comunicación de moda tras haber ejercido como periodista en ‘Vogue’ u ‘Hola Living’ y tener vinculación a grandes firmas como Channel o Hermes. Me unía a ella esa pasión por los vinos rosados y fácilmente surgió otra sinergia que derivaría en Julieta´s Rose, nuestro proyecto enológico», recuerda Saioa, apuntando que el nombre hace homenaje a la hija de Sofía, de nombre Julieta.

No hubiera resultado extraño pensar que siendo Laguardia la villa turística por excelencia en Rioja Alavesa, Saioa y Sofía hubieran elegido este lugar para embarcarse en su proyecto enológico y fijar desde ahí su plan de navegación, tal como han hecho muchas bodegas de padres extranjeros o dueños que no tienen ninguna vinculación a esta tierra. Pero no es el caso. Lo cierto es que los lazos que unen a Saioa con la zona son más profundos que una mera admiración por el paisaje y su tradición vitivinícola: sus hijos llevan el apellido Eguren. Conoció a Koldo Eguren a raíz del padre de este (también Koldo), quien acudía al restaurante Azurmendi para venderles vino con sello Rioja.

Y así, tras tocar varios palos, llegó un tercer ‘made in Spain’ a la vida de Saioa, en este caso ‘made in Rioja’, cuya imagen y etiqueta evocan a aquel Hollywood de los años 80 y 90, con unos tintes californianos con los que las artistas rememoran sus tiempos vividos en tierras americanas y aquellos veranos en la costa francesa de Saint Tropez. «Una belleza como de película antigua que casi añoras». Basta con mirar los perfiles de sus redes sociales.

Saioa Goitia en uno de los viñedos de la firma en Laguardia | Foto: Leire Díez

Un proyecto muy personal bajo la mirada de dos mujeres emprendedoras que han puesto un pie firme allá donde querían estar, cumpliendo sus sueños. «Mis grandes aficiones siempre han sido la gastronomía, la moda y, por supuesto, el buen vino. Y mira por donde que he tenido la oportunidad de crear en todos ellos, aportando mi granito de arena. Y lo más importante: somos nosotras quienes estamos detrás de todo, de las redes sociales, el email y la empresa en general. No se trata de una marca que se ha creado y donde nosotras solo somos la imagen», afirma la vizcaína.

Pero les queda dar un paso más, y es que todavía no se atreven a elaborar su propio ‘rosé’. «Eso mejor lo dejamos en manos de los expertos que saben plasmar muy bien nuestra filosofía en la botella, aunque quién sabe si en un futuro tocaremos también la puerta de la vinificación», ríe. Por el momento, ambas con hijos a su cargo y varios negocios en marcha, escasea el tiempo para abarcar otras funciones, aunque Saioa reconoce que le gustaría participar en una vendimia de esas uvas de tempranillo «para conocer de cerca cómo se crea desde cero toda una pasión».

Se define como una fiel amante de la garnacha y esa uva dura, una mujer muy de tintos. «Así que teníamos que crear un vino que supiera a vino, a fruta, con la acidez justa porque tampoco me gustan los que son muy ácidos. No queríamos un ‘coupage’ con vino blanco ni hacer uno que saliera de los desechos que quedan en la bodega de elaborar un tinto. Queríamos que se hiciera un rosado puro y así logramos ese color cebolla que deja el tempranillo y que nos encantó desde el primer momento».

Saioa Goitia en uno de los viñedos de la firma en Laguardia | Foto: Leire Díez

Esta andadura también le ha hecho adentrarse en el trajín de los mercados en una época en la que el vino rosado, y barato, ha despegado con fuerza. Una tendencia que coincide con el desconocimiento hacia este producto que implica mirar más por el precio que por la calidad. «No estamos acostumbrados a pagar el rosado como lo hacemos con el tinto, pero yo elaboro mi vino como otra bodega elabora su tinto, con las mejores instalaciones, con una vendimia manual en cajas, seleccionando la uva en campo y bodega y haciendo el prensado para que coja el color que buscamos. Toda una labor artesanal que conlleva un precio».

Aunque todavía no han rentabilizado la gran inversión realizada, reconocen estar contentas con los resultados obtenidos. «El año pasado triplicamos la producción, comercializando unas seis mil botellas, y este año, aunque ha costado con el auge de los rosados baratos y la labor de colocar en el mercado un rosado a precio de tinto, hemos conseguido venderlo todo. Yo respeto todas las decisiones y formas de hacer un vino, pero lo nuestro responde a una personalidad ‘slow’, mirando por la excelencia y la singularidad, porque aquí estamos amasando lo que queremos que se convierta en ‘El rosado de España’», añade tajante y con seguridad al tiempo que desvela que el año que viene se podrá catar el primer blanco de esta pareja.

Pero no siempre ‘la vie est rose’. «Es cierto que al venir del mundo de la moda a veces no sé qué se piensa la gente que somos. ¿Dos ‘influencers’ a las que les están haciendo un vino? Nosotras no miramos el tiempo para ver qué ropa ponernos, miramos el tiempo para ver qué va a caer en nuestras viñas. Es más, tampoco creo que el gerente de una gran bodega vaya él personalmente con el tractor a recoger la uva». Dicho está.

Así que con pasos cortos pero certeros avanza un ‘rosé’ que conjuga amistad, amor y autenticidad, tres pilares que las dos empresarias han sabido plasmar tanto en su atelier como en su bodega partiendo desde cero. «Sin ser nadie, sin tener un nombre que nos abra camino, pero sin rendirnos. Tal vez esa inocencia propia que brinda el desconocimiento es lo que aporta a su vez cierta frescura al proyecto que tal vez cuando llevas mucho tiempo en el sector no eres capaz de captarla. Queremos que nuestros éxitos marquen también un antes y un después para demostrar que no nos han regalado nada y a pesar de todo, aquí estamos».

Subir