El primer gran descubrimiento de Fernando Ezquerro al frente del Rioja, la gran cantidad de periodistas que hay en la región. «No sabía que erais tantos», bromea, tras encadenar la enésima entrevista de la semana con la misma confesión. «Estoy aterrizando todavía».
– ¿Alguna sorpresa al sentarse en el despacho? ¿Muchos informes? ¿Gráficos?
– Aquí no hay secretos. Como era vocal, yo tenía acceso a toda la información. No hay informes en cajones ni cosas raras. Lo que ahora cambia en mi vida es que tengo que generar tráfico, que los acuerdos fluyan y que haya debate.
– ¿Sabe ya cuál va a ser su día a día como presidente?
– Soy un presidente representativo. Estaré allí donde tenga que representar al Consejo. Creo que es más importante esa parte que la de despacho, aunque también tengo uno y vendré los días que pueda para sacar adelante la tarea que me encomiendan: firmas, reuniones, hablar con gente vinculada al sector…
– Una pregunta recurrente: FECOAR y ARAG-ASAJA han llegado a un acuerdo para designarle como presidente. ¿Cómo ha sido el proceso?
– Nosotros ahora somos lo que más gente representamos, aunque no tenemos el peso como para tener siempre la Presidencia. Dentro de ocho años habrá que ver quién la coge y será una negociación dentro de ocho años. Por ahora, lo que hemos tenido claro es que lejos de las suspicacias anteriores había un orden y esta vez le tocaba a las cooperativas.
– Sólo UPA ha votado en su contra y no para de repetir la palabra ‘diálogo’. ¿Están las aguas calmadas en el Rioja?
– El problema de UPA, y lo han dicho ellos en la prensa, no es con el presidente sino de estar en desacuerdo con ciertos desvíos que ellos dicen que se producen en los estatutos. Nosotros también hemos detectado ciertos desvíos y uno de mis acuerdos es que se deben modificar en los próximos cuatro años para corregir pequeñas desviaciones.
– Aguas calmadas en la votación, pero sí hay una organización (Bodegas Familiares de Rioja) que ha amenazado con marcharse del Consejo si no hay cambios. ¿Lo considera un órdago?
– El problema de los órdagos es que o llevas 31 de mano o no son efectivos. Los órdagos no son buenos. Lo bueno es seguir dialogando, hablar… se están tomando decisiones en este Consejo, si comparamos con otros, que no están a la orden del día como los viñedos singulares o los vinos de pueblo. Ahora, cada uno puede poner el matiz en la botella que embotella hasta lo último que se te pueda ocurrir. Esa diferenciación es buena para la pequeña bodega que no tiene marca ni, a veces, capacidad de crear una marca por volumen. En este Consejo se están haciendo las cosas bien para las bodegas grandes y para las bodegas pequeñas. Hay mucho diálogo. Al final, no entiendo por qué lo hacen, pero lo respeto. Lo importante es el diálogo, llegar a acuerdos y en estos cuatro años van a sobrar.
– Diálogo dentro del Consejo, aunque también diálogo fuera porque sigue en pie la creación de ‘Viñedos de Álava’. Recientemente hemos conocido el revés que ha dado el Ministerio al proyecto.
– No sabemos muy bien en el Consejo qué hay detrás de ‘Viñedos de Álava’. Estamos en una mesa para poder exponer tus quejas y abrir los debates que sean necesarios. Siempre se ha hecho. En este tema no sabemos muy bien qué bodegas están detrás. Sabemos que hay una asociación (ABRA), pero a nosotros nos compete defender a más del 99 por ciento de inscritos que están por la unidad del Rioja.
– ¿Ha derivado en un asunto político impulsado por el Gobierno del País Vasco?
– Lo que traslada el Gobierno vasco es que su deber es tramitarlo. Ellos no están especialmente vinculados. Como administración, todo lo que les llega lo tramitan. Eso nos han trasladado al Consejo y, a partir de ahí, cada uno sabrá cuáles son sus criterios.

– Formulación Estrátegica 2021-25…
– Importante.
– ¿Qué necesita el sector? Es algo ya plasmado en ese plan, pero me refiero a corto plazo.
– Lo estamos viendo estos años, como en el 2017 con la helada o en este 2021, los dientes de sierra en el precio de la uva. Tenemos que potenciar desde el Consejo contratos a largo plazo con precios razonables y rentables para el agricultor, pero también que hagan que la bodega pueda mirar al mercado con sosiego. Sabiendo que va a tener producto y que el producto va a tener un precio razonable. Es importante para todos estabilizar este sector. Sería bueno para el agricultor porque así puede pensar a futuro y en inversiones, así como para las bodegas. Podrían acometer mercados sin sobresaltos en los precios de origen.
– Hay contratos a largo plazo, pero a veces estos se incumplen. ¿Cómo se solucionaría?
– Hay que poner una parte fija y otra variable o una horquilla a los precios. Quizás no se pueda poner un precio fijo, pero sí sería interesante mantener una horquilla. El problema es que sólo lo hace el veinte o el treinta por ciento, el resto está comprometido sin precio y eso no debería ser así. Si hay un compromiso entre la bodega y el viticultor, deberíamos ponerle un precio. Una horquilla donde haya una rentabilidad un poco mayor y otra un poco menor, pero que sea rentable para el agricultor. Hay que olvidarse del gen especulativo, que lo tienen las bodegas pero también lo tienen muchas veces los viticultores. «Vamos a ver si hiela y así vendo más caro». «Vamos a ver si este año el mildiu arrasa y así vendo más caro». Hay que evitar ese punto especulativo y pensar en la denominación. Tener unas líneas maestras es bueno para el sector y el Plan Estratégico lo que nos manda es vender más y más caro. Para eso necesitamos una estabilidad desde la viña.
– En esa estabilidad, ¿habrá nuevas plantaciones de viñedo? ¿Podría crecer el sector por ese lado?
– Ojalá, pero en este momento la oferta está desequilibrada y no sería razonable.
– El mercado internacional ha tenido tensiones con el Brexit, los aranceles estadounidenses… ¿cómo lo ve?
– Los aranceles han desaparecido. El año pasado se vendió más en Estados Unidos, pero con menos valor, y este año estamos creciendo en ventas y en valor. Las bodegas tuvieron que hacer un esfuerzo para compensar el desequilibrio que teníamos con, por ejemplo, los vinos italianos. El Brexit ha acabado mejor de lo que esperábamos. La verdad es que todas las malas noticias las tuvimos juntas: una helada, el Brexit, los aranceles… son los dos principales mercados en valor de Rioja como son Estados Unidos y Reino Unido. La pandemia acabó de rematar las siete plagas y ahora vamos a ver si tenemos más suerte. Queremos recuperar la normalidad en la medida en que sea posible. La campaña de Navidad va a ser vital para nosotros. El año pasado fue un desastre y este año esperamos que sean normales. A partir de ahí, esperar que la pandemia acabe.
– En cuanto al mercado nacional será la hostelería la que deba recuperarse.
– Los vinos más afectados por la pandemia son los vinos de valor, los que se consumían en la hostelería y la gente socializaba, salía de casa y se sentaba en un restaurante o un bar. Eso ha estado mucho tiempo perdido. El sesenta por ciento de nuestro mercado es HORECA y hemos crecido en exportación y alimentación porque la marca es fuerte, pero no hemos podido compensar lo que vendíamos en nuestro principal canal.
– Por último, ¿cómo se plantea la vendimia?
– Hablaba con el jefe de los servicios técnicos y hablábamos de lo bien que está el viñedo este año. Salvo los que han tenido catástrofes puntuales, inherentes al oficio de viticultor porque no tenemos tejado que nos cubra, donde no ha habido granizo o tormentas el viñedo está muy bien. Está muy equilibrado, mucho más que el año pasado, y no hay prácticamente enfermedades. Estamos en un buen momento para hacer una buena cosecha.


