El Rioja

La nueva era de la viticultura: suelos ricos para preservar la calidad

Siembra de cubierta vegetal en el surco de la viña

En su pueblo le llaman el «hierbero». Será por eso de no labrar la viña, dejar hierbas y flores campar a sus anchas y segar de vez en cuando para que estas no sobresalgan por lo alto de los pámpanos de la vid. Francisco Javier Balanza se lo toma a risa y contesta: «Si no te estorba la hierba, déjala». Sabe perfectamente de los beneficios de estas prácticas vitícolas, de ahí que no dudara ni un momento en participar en el proyecto VITISAD en el que España y Francia trabajan de la mano por el desarrollo de una viticultura más sostenible.

La Rioja es una de las regiones participantes en este ensayo, donde bodegas y viticultores aportan parcelas con el fin de experimentar con metodologías eficientes y sostenibles para combatir el cambio climático, preservar el medio ambiente y, a su vez, asegurar la calidad del fruto y del vino ante las inclemencias del tiempo futuras.

Francisco ha aportado una viña ubicada en Rodezno con seis renques entre los que crecen flores, tréboles y hierbas varias. «Ojalá tener algo más porque estoy encantado con este proyecto. Para el año que viene creo que aumentaré la superficie piloto para ir introduciendo poco a poco estas prácticas, labrando lo menos posible la tierra», señala el viticultor, que dedica esta semana a recoger los sarmientos de la poda.

Ahora también está sembrando viñedos en algunas propiedades de bodegas, principalmente, con festuca, cebadas de corte bajo, flores o tréboles. «Esa cultura, todavía muy arraigada, de no querer ver una sola hierba en el campo está cambiando. Hay que entender que una cubierta vegetal reduce costes y tiempo al agricultor, ya que evita labrar la tierra y echar productos frente a una sola siega Además, la hierba no es un enemigo sino un algo que hace bien al cultivo. Basta con ver las uvas que ha traído esta campaña pasada esta viña, muy bien de calidad y de cantidad», añade.

La experimentación en campo es algo que acompaña desde hace años a Francisco. Fue de los primeros en plantar viña con máquinas guiadas por láser y recoger la uva con una vendimiadora, además de participar en proyectos de la mano con Javier Tardáguila, del Instituto de las Ciencias de la Vid y el Vino. Aunque se define como un «viticultor de toda la vida», reconoce que no puede llevar la viña de la misma forma que lo hacía su padre o su abuelo.

«Las cubiertas vegetales son un foco de riqueza de ecosistemas por la cantidad de fauna útil que otorga, con insectos, lombrices, materia orgánica que hacen que la tierra se encuentre más esponjosa gracias a las raíces y filtre mejor el agua, evitando así la erosión y escorrentía ante fuertes precipitaciones», apunta. Y ante sequías, Francisco apuesta por labrar las cubiertas a partir de junio o julio para evitar que las plantas le quiten alimento a la vid, «también reduciendo el uso de herbicidas». En este caso la siega también es una labor importante para evitar que compita en exceso con el cultivo en momentos no deseados.

A diferencia de las cubiertas con vegetación espontánea, las sembradas ofrecen un mayor control de la plantación porque las hierbas suelen ser de corte bajo, lo que implica segar con menos frecuencia, y también se asegura una cubierta homogénea sin calvas. «Un proyecto en el que el agua juega un papale fundamental, porque se nota mucho las parcelas con riego y las que no», destaca el viticultor. VITISAD, en este sentido, trabaja en el manejo y monitorización donde se estudie el potencial hídrico foliar de la cepa como indicador para aportar la hidratación justa que la planta necesita en cada momento de su ciclo vegetativo.

Francisco añade que otro de los beneficios de estas prácticas se evidencia en el equilibrio de la producción de la vid: «Si en una viña de 6.500 kilos sacamos 10.000 estamos inflando la producción a costa de la calidad, lo veamos o no, y eso puede provocar también que luego haya que ir a tirar uva. Yo de mis viñas saco los kilos que tengo que coger y tengo algún viñedo muy viejo que llevo sin labrar muchos años y aguanta cada cosecha sin enfermedades, con sus kilos justos y unas uvas de gran calidad. Sería interesante que los precios también acompañaran a esta calidad».

Del suelo al vino

Sergio Ibáñez, ingeniero agrónomo del ICVV y responsable del proyecto VITISAD en La Rioja, explica el análisis estadístico de los datos que arroja el estudio, donde se ha planteado un diseño experimental dividiendo una parcela en cuatro bloques: laboreo en secano, laboreo con riego, cubierta en secano y cubierta con riego. Las conclusiones más destacadas recaen sobre el factor cualitativo del vino con una valoración «muy positiva».

Principalmente, «con la estrategia de riego plantada, se ha favorecido la acumulación de fotoasimilados en la baya, como son azúcares, ácidos orgánicos, cationes, antocianos y compuestos polifenólicos, lo que mejora la calidad del mosto y del vino», señala el ingeniero agrónomo. Además, destaca el incremento que ofrecen los tratamientos con cubierta en secano respecto al laboreo en secano en parámetros como el índice de polifenoles totales o el contenido en antocianos, con valores de un 16 y un 10 por ciento superiores, respectivamente.

«Por otra parte, los tratamientos con riego, muy parejos entre sí tanto con la cubierta como en el laboreo, también mejoran los valores, aumentando un 11 por ciento el índice de polifenoles totales y un 12 por ciento el contenido en antocianos», añade. En cuanto al vigor de la cepa, cuyo indicador más significativo es el peso medio del sarmiento, el proyecto piloto refleja que la cubierta reduce notablemente (en un 23 por ciento) el vigor de las cepas, «un aspecto muy interesante para controlar los viñedos de nuestro entorno».

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