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Empresas

Otro clásico baja la persiana: Coté cierra tras 60 años de actividad

A estas alturas de la vida y con la que está cayendo, no podemos dejar atrás los placeres que la vida nos regala. Y para más de uno y una, uno de esos deleites cotidianos pasa por ir de compras. Pero no a un gran centro comercial, sino compras a la vieja usanza: con bolsas, paseos y escaparates.

Y precisamente las tiendas multimarca son las protagonistas de este, para algunos, banal placer. Locales cuidados, con clase y ciertas comodidades que recogen en el mismo espacio varias firmas de referencia. La descripción perfecta para uno de estos establecimientos en Logroño es Coté.

Una boutique destacada en el sector de la moda femenina que empezó su andadura en 1960 de la mano de la reconocida modista Conchita Nájera Blanco. «Comenzamos en un local de lo que es ahora Avenida de La Rioja. Estuvimos allí hasta 1980 que nos trasladamos a Jorge Vigón y, de ahí, en 1995, nos vinimos a Vara de Rey», cuenta Carlota Álvarez, hija de Conchita, que quedó al cargo del negocio cuando murió su madre en 1997.

Todo comenzó con la puesta en marcha de un taller que regentaba su madre y en el que trabajaban varias chicas. «Años más tarde empezaron los tiempos del Prêt-à-porter y ya montó la tienda. Compaginaba los dos negocios: vendía la última moda y hacía ropa a medida. En aquellos años estábamos prácticamente solos junto con Tena».

Carlota señala que no había comercios como estos en Logroño. «La ropa se caracterizaba por la exclusividad y la calidad, y todo acompañado de una muy buena atención y profesionalidad». Las primeras firmas fueron españolas, pero a base de acudir a varias ferias Alemania, Italia y Francia pusieron su toque ‘chic’ en las perchas de la tienda logroñesa.

Cómo han pasado los años. Las vueltas que dio la vida

El tiempo pasa y el comercio cambia. Y con él, surge la exigencia de adaptarse a la nueva realidad, pero sin dejar atrás la tradición y filosofía de Coté. Situación complicada si tenemos en cuenta que «antes te comprabas un abrigo bueno que te duraba cuatro o cinco temporadas y ahora la gente cambia de prenda de un año para otro».

La oferta es muchísimo más grande y los métodos de financiación y de compra son totalmente distintos. «Nosotros seguimos anclados en un sistema de negocio, la multimarca, y vemos que no es válido. Compramos con nueve meses vista y en fijo. Pagamos con ciertas condiciones y lo que sobra te lo quedas. Las grandes tiendas, sin embargo, cada tres meses fabrican y sacan cosas nuevas dependiendo de lo que se lleve en cada momento. Ahí estamos en desventaja y, si no ponemos remedio, la multimarca va a morir».

Carlota confía en que Coté siempre ha estado atento a los cambios, «atendiendo a las necesidades de nuestra clientela», pero si algo les ha «venido grande» ha sido la venta online. «Si hubiera una generación posterior a mí seguro que la cosa variaba, pero yo ya no estoy para esto y no viene nadie por detrás. Además, para hacer una venta online tienes que tener un volumen de negocio muy grande y nosotros compramos una prenda o dos por talla».

El fin

Más de 35 años cuidando de sus clientas, aconsejándolas y vistiéndolas, pero Carlota siente que ha llegado el momento de echar la persiana definitivamente. «Me quedan dos años para jubilarme, no tengo hijos y nadie de mi familia quiere seguir con el negocio. Visto lo visto y cómo está la situación, no me expongo a pasar dos años malos aquí».

Ha decidido adelantar el cierre al próximo enero, «empujada» por la crisis sanitaria y económica que ha generado el coronavirus. «Tomé la decisión durante el confinamiento. Mis empleadas tienen la misma edad que yo. Lo tienen todo resuelto como quien dice y los hijos ya colocados. Me di cuenta de que esta campaña iba a irse al traste. Mucha inversión perdida, y el futuro no es mucho más halagüeño. Sé que vienen años duros y me pilla sin fuerzas».

Además, como buena vendedora, Carlota conoce a la perfección a su clientela y sabe que la pandemia, de una forma u otra, afecta más a distintos sectores de la población. «Las mujeres que vienen a comprar aquí, de toda la vida, son de edad media alta. Un grupo que ahora limita mucho más sus salidas, no como la gente joven».

Álvarez reconoce que le ha costado tomar la decisión y que, por supuesto, «es una pena tremenda después de tantos años», pero, como bien dice ella, todavía «me queda mucho por delante, así que aprovecharé para jugar más al golf y hacer algún curso. ¿Es lo que se hace en estas situaciones, no?».

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