El Rioja

Aterrizaje francés, despegue de Rioja

Vendimia en la hacienda de Casa La Rad

Su estructura se escapa de la tradicional historia que esconden la mayoría de bodegas en Rioja, pero no así la esencia de sus vinos, unos que mantienen el terreno como base de calidad. Desde 2014, propiedad de una familia francesa involucrada en la industria energética y de Oscar Solozábal, socio riojano, pero en manos de un pequeño equipo humano que gestiona de principio a fin todo el proceso vitivinícola. Es curioso, pero así se presenta Casa La Rad, una hacienda de 800 hectáreas en el término de Ausejo que se define más como una explotación agropecuaria que como una bodega.

Marta Castro es quien lidera la dirección, aunque recalca que las decisiones se toman en consenso con el resto de los miembros de la bodega. “Los propietarios están pendientes del trabajo que hay aquí desde la distancia, al fin y al cabo no son de este sector, así que depositan toda su confianza en nosotros, a excepción de las cuestiones económicas, de cambio de personal o de cultivos”, decisiones que pasan siempre por ellos.

Marta Castro en los exteriores de la bodega.

Es ese ambiente de unidad que existe en la gestión de la hacienda lo que la directora destaca a la hora de desarrollar un trabajo bien coordinado. No es fácil empezar un proyecto desde el inicio en una finca con infinidad de posibilidades, pero la cautela es la base que defienden quienes cada día recorren sus campos. Los primeros pasos de la nueva propiedad fueron algo desacertados, colocando un personal que poco tenía que ver con el funcionamiento de una bodega y sin valorar la existencia de un factor totalmente determinante en la facturación: la meteorología.

Así que el cambio fue radical. Una directora asturiana con veinte años de experiencia en el sector y en Rioja junto a cuatro pilares fundamentales: Goyo Gordaliza como asesor externo en viticultura y enología, Marta Gallego como enóloga, Aziz Mkhaltar en la gestión del campo y Merche Albéniz dentro de las tareas administrativas y financieras. El nombre, el diseño de etiquetas, los tipos de vino a elaborar… decisiones todas ellas pasadas por los filtros de estos cinco componentes, a base de pruebas y errores hasta que llegan los aciertos.

El equipo humano de Casa La Rad el pasado invierno.

Y en esa búsqueda de la diferenciación, no solo en Rioja Oriental sino en toda la denominación, apuestan por una catalogación de sus vinos en función del tipo de suelo, más allá de las variedades empleadas (que son todas las amparadas por Rioja y que están en propiedad de la bodega). Las 110 hectáreas de viñedo que rodean la bodega se sitúan en tres alturas diferentes y esa es la «verdadera suerte» de Casa La Rad. «Es divertido hacer las catas antes de vendimias y comprobar esas diferencias en los vinos en función del tipo de suelo», apunta Marta.

La bodega tiene capacidad para elaborar la totalidad de la producción que dan sus viñas, pero por el momento se conforma con hacer un 20 por ciento (el resto lo venden fuera). Muchas variedades para los siete vinos que tiene en el mercado, pero es que muchos de ellos cuentan con cuatro o cinco tipos de uva. Solo se salvan los nuevos que han despegado este año: Alma, con tempranillo y graciano al 50 por ciento, y la Edición Especial Garnacha, un varietal sacado del viñedo singular, aunque no descartan apostar por algún que otro monovarietal más.

Aziz Mkhaltar en el viñedo singular de Casa La Rad.

Las complicaciones llegan cuando toca abarcar todos los ciclos de maduración y los diversos tratamientos adaptados a cada parcela, pero ahí esta Aziz para poner orden y concierto a pie de campo. Es el guardián de la hacienda, donde vive y trabaja desde la llegada de los nuevos jefes. Una confianza que se ha ganado a base de esfuerzo y dedicación por sacar adelante este proyecto que ya conoce como la palma de su mano. Pero el cargo no se le sube a la cabeza. Se mantiene con la misma honestidad de siempre, conociendo y aprendiendo cada día de la viña y el resto de cultivos para sacar un producto selecto.

Camina sosegado entre el suelo de roca blanca que caracteriza el viñedo singular de Casa La Rad, una garnacha de más de 40 años plantada a casi 700 metros de altitud, mientras una cuadrilla de vendimiadores corta uva en la finca de al lado. «La vendimia ya llega a su fin, apenas algún graciano se resiste a conseguir la maduración adecuada, pero todo va viento en popa, con buena calidad y una merma de la producción del 20 por ciento propiciada por nosotros mismos, ya que con un año tan húmedo no hemos labrado para que no haya abundancia de racimos», explica.

¡A por el enoturismo!

No cabe duda que la hacienda, la de mayor superficie de toda La Rioja, tiene un gran potencial por explotar. Cerca de 24 kilómetros de caminos agrícolas recorren las viñas, olivares y campos de cereal que ocupan esas 800 hectáreas, con un coto de caza en lo más alto de la hacienda y tres lagos distribuidos por el paraje con patos y cisnes. Una explotación que está a pleno rendimiento durante todo el año, pero casi desconocida al público en general.

Un amplio abanico de posibilidades enoturísticas se abre en este escenario a la espera de poder actuar, porque es cuestión de tiempo. “Hemos elaborado un plan de enoturismo, pero nos falta lo más importante y fundamental que es tener a alguien de la casa que se encargue exclusivamente de esta actividad, porque no queremos que sea un servicio subcontratado ya que entendemos el enoturismo como un eslabón fundamental en la bodega”, remarca la gerente.

Una estrategia de marketing que el COVID-19 ha frustrado en el año en el que Casa La Rad preveía su despegue, tal como comunicaba en sus primeros meses. “Habrá que esperar”, pero Marta pone de plazo máximo el 2021. “El año que viene tiene que ser el año, no podemos prorrogar más nuestro lanzamiento, tanto en materia de enoturismo como de entrada en el mercado nacional, porque queda mucho por hacer”.

En este sentido, la bodega cuenta con algún distribuidor, pero todo va muy lento con la hostelería prácticamente paralizada, sin contar con que Casa La Rad comienza desde cero en este mercado. “Es más complicado moverse aquí. Por eso empezamos antes en internacional, donde vendemos el 70 por ciento. Queremos crecer entre el público más cercano, adaptarnos a las nuevas tendencias de consumo”, añade. La directora de la bodega se muestra optimista y confía: “Hay buenas perspectivas y creo que en unos meses estaremos vendiendo más que antes”. Tiempo al tiempo.

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