El Rioja

Sin improvisar: «Primer tractor descargado, media vendimia hecha»

Quince días. Cinco personas. Más de cuarenta proveedores listos para comenzar a descargar uva. Mucho se habla del trabajo en vendimias, pero las horas invertidas en las jornadas previas merecen también un homenaje por protagonizar una verdadera odisea en las bodegas. Este año, además, con el precedente de «nervios» e «incertidumbre» motivados por el COVID-19. Bodegas Murillo Viteri, asentada en Cenicero, abre sus puertas a uno de los momentos cruciales del año, a las tradiciones familiares y a sus secretos para alcanzar la excelencia.

En pequeñas bolsas de plástico y con gran meticulosidad, Iñaki Murillo Viteri sondea las cepas que servirán para el muestreo analítico. Todo se rige por un proceso meditado previamente para que nada se salga de su curso. Así, el veedor de la bodega recorre los viñedos siguiendo una línea imaginaria en forma de W para abarcar todo el espectro de cada parcela, almacenando bayas de los hombros, las puntas y de la parte delantera y trasera del racimo.

Los hermanos Iñaki y Patxi Murillo Viteri durante una de las visitas de muestreo a las viñas.

«Así conseguimos una representación bastante realista de lo que hay en la viña con muestras de unos cien o doscientos granos que se envían a la Casa del Vino de Laguardia. Pero también permite conocer lo que se avecina en bodegas, porque los parámetros de calidad y producción marcarán la organización del trabajo tanto dentro como fuera de campo», apunta Iñaki.

Con estas pautas, el enólogo deja claro que la improvisación no forma parte de la filosofía de Bodegas Murillo Viteri. Lejos de aventurarse a los devenires de una nueva cosecha, la familia no deja ningún cabo suelto antes de comenzar a llenar los cestos de uvas: «Es como quien se prepara para una prueba deportiva, donde el esfuerzo previo es indispensable. Por eso siempre decimos que, una vez ha descargado el primer tractor en bodega, ya tenemos media vendimia hecha».

Todo organizado, incluso el menú de los almuerzos diarios que amenizarán las duras jornadas de la campaña. «Llegamos al punto de dejar ya preparados los platos para no perder ni un minuto. Almuerzos, eso sí, de cuchillo y tenedor, como migas, pimientos rellenos o rabo de toro. Este año tendremos incluso una mesa para cada uno para guardar bien las distancias dadas las circunstancias», apunta Iñaki.

Con la bodega patas arriba, los protocolos de limpieza y desinfección se intensifican. «Este año va a ser una locura porque el objetivo principal se va a centrar en pasar unas vendimias sin sobresaltos en cuanto al COVID-19, de ahí que los trabajos de limpieza sean muy intensos para tenerlo todo ‘mascadito’ y que nada altere la labor», recalca el veedor y bodeguero.

En el esquema de preparación diseñado también se marcan los destinos que va a llevar cada parcela, algo sabido gracias al trabajo en campo durante los muestreos, «aunque luego a pie de bodega las tornas puedan cambiar según la situación». Asimismo, los parámetros resultantes de los muestreos también arrojan conclusiones que pueden marcar el camino en los vinos de Murillo Viteri.

«Hasta ahora los análisis nos han mostrado que la baya pesa algo más que el año pasado, por lo que es muy posible que hagamos sangrados para rosados para que así los tintos tengan una mayor concentración de color. El motivo es que a más peso, más líquido en grano, por lo que la concentración de color y aromas es menor», explica Iñaki.

Buenas sensaciones

Las blancas entrarán en bodega a partir de esta semana, mientras que los depósitos de las tintas tendrán que esperar unos cuantos días más. Sin embargo, la vendimia comenzará de forma selectiva, «proveedor a proveedor, parcela a parcela, para que la uva llegue de la mejor forma». Además, la programación diaria es especialmente importante en el caso de las blancas, cuya recogida se organiza en cupos ya que las prensas limitan la capacidad. 

«Como dicen en nuestra tierra, septiembre tiene la llave de la calidad». Y lo cierto es que si el tiempo acompaña, estas pueden ser unas «vendimias de calidad porque el fruto está muy sano a pesar de la complicada primavera que ha protagonizado este año», destaca el bodeguero. Expectativas que superan a las de hace unos meses, aunque en términos de calidad Iñaki considera que será una cosecha «normal».

A las puertas, por tanto, una campaña con buenas sensaciones y también de mucho ajetreo. «Lo que pasa en vendimias se queda en vendimias». Ese es el lema que los Murillo Viteri mantienen campaña tras campaña porque es en esos días cuando afloran todos los sentimientos a la vez de una forma más intensa. «Estamos más agitados y cansados, por lo que algún chillo que otro se escapa. Pero todo eso se olvida una vez pasa la cosecha, todo va en el pack», apunta entre risas el enólogo.

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