Esteban Peña lleva más de quince años pegado a una bicicleta. Mecánico de profesión, ha conseguido conjugar su pasión con el bello deporte de las dos ruedas. Allí donde haya una carrera, acude el riojano. Debutó en 2005 en mountain-bike con Carlos Coloma y en 2010 en carretera. Tras acumular muchas experiencias, el profesional se ha enrolado en el equipo UEA Team de los Emiratos Árabes Unidos. Ahora se encuentra en la Tirreno – Adriático y acudirá al Tour durante las cuatro etapas finales para ayudar a Tadej Pogacar, líder del UAE y candidato al triunfo final en París. Su desparpajo y valentía recuerdan a Alberto Contador.
Será su primera vez en la ronda gala, así que está inquieto: «Tengo mucha curiosidad, aunque no la voy a vivir por dentro de la misma manera. Nos jugamos la carrera y serán unos buenos kilómetros. Voy a dar material para la contrarreloj a Pogacar». Y después, su destino será el Giro de Italia, quizá la más ofensiva de las tres Grandes Vueltas. Debido a los caprichos de este calendario COVID, la ‘corsa rosa’ coincide con la Vuelta Ciclista a España, que ha vivido en cuatro ocasiones. No podrá estar en Moncalvillo y lo lamenta: «Pues sí, me da rabia no poder trabajar ese día, pero iré como aficionado a ver a mis compañeros de equipo».
El ‘mercenario de la llave allen’, como se define en Twitter, cuenta su experiencia a NueveCuatroUno: «En casi todas las carreras se hace una burbuja y estamos prácticamente aislados, solo con la gente de carrera y nos hacen dos test antes de cada prueba». La pandemia obliga al contingente a permanecer en plantas separadas, dificultando el contacto: «Tenemos un médico que nos guía con los protocolos, siempre con mascarilla y no nos dejan hacer nada que perjudique nuestra salud». Alrededor de 200 kilómetros le esperan cada jornada, con más de cinco horas de etapa y otra de traslado. Días duros.

Trabajar arreglando las monturas de los mejores del mundo permite a Esteban acumular una montaña de recuerdos: «Estuve en el Mundial que ganó Valverde y fue una experiencia inolvidable. En la Tirreno estoy con Fernando Gaviria (velocista de súper élite), Rui Costa… Ahora en el Tour estaré con Pogacar, estuve con Peter Sagan cuando estuve en Tinkoff». Además, como mecánico de la selección española de ciclismo, estuvo al lado de Carlos Coloma cuando el ‘biker’ de Albelda de Iregua consiguió la medalla de bronce en Río 2016, con aquel inolvidable gesto orientado hacia la testiculina. Historia máxima del deporte regional.
A veces, los deportistas de élite suelen tener un aura de personajes inaccesibles para el público, en el ciclismo esto no ocurre con tanta frecuencia: «Ellos son mucho más cercanos, cualquiera puede acercarse a una salida o a una meta de la carrera. Ahora con el COVID no, pero normalmente puedes hablar con ellos, echarte fotos y hacerte una foto con prácticamente cualquiera». Una cercanía que facilita su trabajo día a día y que en otros deportes como el fútbol es difícil de ver. Un ejemplo práctico: es muy fácil hablar con Primoz Roglic, líder del Tour de Francia; pero sin embargo, es harto complicado conseguir una foto con Leo Messi.
Sueños y aspiraciones
Peña declara su ilusión por participar en el Giro de Italia, quizá la que más espectáculo ofrece a los aficionados: «Tenía muchas ganas de ir y lo voy a hacer completo, este año la tercera semana del Giro y la primera de la Vuelta se solapan». Si tradicionalmente el calendario coloca las clásicas en primavera y las carreras de tres semanas en verano. Ahora no será así y toca elegir: «Ya he hecho clásicas belgas pero me falta la París – Roubaix con profesionales, sí la he corrido con juveniles y aficionados y me gustó mucho».
También llamada ‘Infierno del Norte’, incluye hasta 50 kilómetros de pavé, convirtiéndola en una auténtica prueba de supervivencia. Un ciclismo diferente, alejado de los puertos de montaña y las etapas tobogán que tanto gustan a la afición patria; pero que congrega auténticas multitudes en el norte de Europa. Sería la guinda a una trayectoria destacable.



