La Rioja

Cariño y disciplina: la nueva realidad ‘posCOVID-19’ en las residencias

La residencia para la tercera edad ubicada en el barrio logroñés de La Estrella, gestionada por Clece, mantuvo su tasa de contagios por coronavirus en cero, tal y como se indicaron los resultados en el mes de junio. El pasado jueves los residentes volvieron a someterse a otra prueba, consistente en primer lugar en una analítica de sangre y, después un PCR. Ahora se encuentran a la espera de un nuevo éxito.

Respecto al primer y feliz primer resultado, entre las claves de eficencia de la residencia se encuentra la división tanto del personal sanitario como de los residentes por plantas tal y como explica Fernando Marín,  jefe de Servicios del centro: «Cada uno de los residentes han estado comiendo y realizando sus ejercicios en sus habitaciones, además había personal en cada planta que comía, se vestía y realizaba sus descansos en esta». «Creo que hay que alabar al personal, pues en cuanto han tenido el mínimo síntoma o duda han avisado y, con eso, se han podido evitar problemas», recalca.

El centro de día, adosado a la residencia también permanece sectorizado. «Los ancianos que viajan dentro del vehículo que les trae hasta aquí conforman un grupo, habiendo un total de cuatro», explica Marín, quien detalla que cada uno de estos grupos comparte turno para las actividades o baño, sin ningún contacto con el personal de la residencia. «Ambos centros tienen la misma cocinera, pero esta es la única que lleva el carro con la comida de un sitio al otro y lo desinfecta cada vez», apunta.

El pasado 8 de junio, los 148 residentes del centro dieron un paso adelante hacia la nueva normalidad con las visitas a sus familiares en su jardín. «Fue un día emocionante», recuerda Marín. «Hay una señora que viene todos y cada uno de los días a ver a su marido y de repente tuvo que estar casi tres meses sin verlo; se le hizo duro». «El señor la echaría de menos, pero estoy seguro de que ella lo echaba todavía más, porque al final es ella la que está bien, en su casa y siendo más consciente del alcance de la epidemia».

EPI, distancia de metro y medio entre las mesas, tomas de temperatura y recorridos marcados y diferenciados entre residentes y visitantes han sido las medidas de seguridad adoptadas en esta nueva fase de la crisis sanitaria. «Las visitas duran media hora máximo, la perioricidad ahora la marca la residencia y es de una vez a a la semana», explica Andrea Iglesias, neuropsicóloga de la residencia.

Fernando Marín, efe de servicios de la residencia Clece de La Estrella. / Foto: Nuria Pajares

Entre las familiares que, por fin, pueden estar cerca de los residentes se encuentra Graciela que, junto a su madre, Merche, han apurado la breve visita. «Vine el primer día, me emocioné un montón, no es lo mismo que verla por videollamada», cuenta Merche sonriente. «Mi abuela siempre me llama reina, nunca Graciela y en cuanto me vio comenzó a gritar ‘¡Reina!, ¡Reina!'», agradece su nieta. «La media hora se pasa volando, le cuentas cuatro cosas, le preguntas sobre quien es, cómo se llama su nieto…», indican.

Apoyo piscológico durante el confinamiento

«Cuando cerramos la residencia a mediados de marzo se les explicó a todos la situación, pero se les hizo más difícil a aquellos residentes que están cognitivamente bien y que estaban acostumbrados a bajar y a deambular por la residencia», explica Iglesias. «De tener total libertad a estar confinados pues sí que a nivel cognitivo, emocional y físico se ha notado. Son población en riesgo, el estar todo el día en una habitación y no ver a sus familias ha pasado factura».

«Los profesionales en la carrera no tenemos asignatura de ‘Pandemia’, hemos tenido que adaptarnos sobre la marcha», cuenta la neuropsicóloga, cuyo trabajo, «centrado en el apoyo tanto a residentes como a la familia» ha sido crucial durante estos meses tan excepcionales. «La residencia ha habilitado líneas de móvil para poder realizar videollamadas, ese ha sido el elemento psicológico clave para poder comunicarles y reducir síntomas de ansiedad, depresión o alteraciones conductuales».

«Por videollamada siempre me preguntaba por todos, ha sido una línea de contacto», agradece Merche. «No es lo mismo que te digan por teléfono que están bien a realmente verla». Porque la tecnología facilita siempre las cosas, pero hasta ahora no puede reemplazar las emociones de sentir a un ser querido ‘piel con piel’.

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