La Rioja

La pista de Zenzano

¡Cómo echo de menos el 2011! Cualquier tiempo pasado siempre fue mejor y ahora que nos ataca un tal COVID-19 no podemos ir ni siquiera de bar en peor. Andaba yo por aquella época en la universidad descubriendo Madrid, tomando las plazas y pensando que La Rioja siempre sería el bastión inexpugnable del PP. Luego todo se fue a la mierda en cuestión de un par de citas con las urnas. El cabreo del populacho propició una mayoría absoluta de Mariano, cuatro años más tarde hizo saltar por los aires el bipartidismo y otros cuatro años más tarde cambió la silla hasta del PSOE en La Rioja. Concha Andreu, presidenta.

Los ritmos de la política cambiaron para siempre y ahora se trituran líderes como entrenadores de fútbol. De los candidatos de los principales partidos en 2015 en Logroño y La Rioja ya sólo quedan dos cabezas de lista: Concha Andreu (PSOE) y Rubén Antoñanzas (Partido Riojano PR+). En este tiempo nos hemos despedido del eterno Pedro Sanz (PP), Cuca Gamarra (PP), Beatriz Arráiz (PSOE), Diego Ubis (Ciudadanos), Julián San Martín (Ciudadanos), Gonzalo Peña (Cambia Logroño), Germán Cantabrana (Podemos), Diego Mendiola (IU) y Miguel González de Legarra (PR+). Casi nada. Y el coitus interruptus de Vox, sin representación en el Parlamento.

En el 2011 corría la revolución por nuestras venas. «Lo llaman democracia y no lo es». Habíamos ganado una Eurocopa y un Mundial de forma consecutiva. Teníamos el ánimo por las nubes y la economía por los suelos. No había pan para tanto chorizo y estábamos sin futuro y sin un duro. En La Rioja, una tímida acampada en la Plaza del Mercado no hacía sospechar que las instituciones se nos iban a llenar de rojos y que el PP estaría en la oposición. Nuestra mente no era capaz de entender que eso pudiera pasar. La juventud y su inexperiencia. La falta de memoria. Entre los temas que más nos preocupaban estaban el paro, la clase política y la N-232.

Dos citas más tarde con las urnas, decíamos, todo ha cambiado. Ahora poco o nada se habla de la N-232. Los camiones se fueron obligados a la autopista y la carretera de la muerte se volvió un lugar más transitable. Desde entonces nos hemos tenido que buscar otras preocupaciones en asuntos de comunicaciones e infraestructuras. Quien más quien menos ya ha tirado la toalla con el aeropuerto, el AVE y las autopistas entre Calahorra y Arnedo o Santo Domingo y Ezcaray. La carretera que ahora centra la agenda política de La Rioja es la pista de Zenzano. Sí, sí, como lo lees. Dos plenos consecutivos llevamos con ella en el Parlamento. Desde los noventa llevaban esperando el asfaltado y ahora que lo han hecho resulta que la cosa se ha puesto impracticable para subir. Una chapuza, claro.

De vez en cuando, no se sabe muy bien la razón, asuntillos locales terminan en las paredes del Convento de La Merced para que nuestras queridas señorías se enfrasquen en arduos debates. Atrás quedan los vertidos de Briñas, el polvorín de Ochánduri o el clamor del pueblo de Pradejón contra Pedro Sanz. Me recuerda a esos actos que realizan los candidatos a la Casa Blanca en polideportivos de pueblos de 500 habitantes. «¿Ya les renta hacer campaña ahí?», pienso siempre, como si yo supiera lo que son los caucus de Iowa. Pero claro. Si lo hacen, por algo será. Doctores tiene la santa madre iglesia y en las elecciones riojanas tenemos nuestra ración regionalizada. Cambiamos los polideportivos por los mercadillos y los pueblos medianos por las aldeas de 50 habitantes en invierno.

En aquel 2011 que tanto echo de menos no hacían ni falta esos actos. Conocíamos el resultado de antemano como cuando sabíamos que el fútbol era un deporte de once contra once en el que siempre ganaba Alemania. Luego llegaron los cambios hasta que la pista de Zenzano ocupó nuestras vidas en plena pandemia. Y no digo yo que no sea importante para sus vecinos, claro, pero quizás tenemos ahora una crisis más importante que resolver. Mejor dicho, dos. La de tirarse los trastos a la cabeza, primero. La económica, después. La segunda no llegará sin solucionar la primera. Lo de Zenzano va a ser una pista de verdad.

Subir