El 1987 comenzó la última etapa del circo Holiday. Fue cuando Justo Sacristán y sus hermanos decidieron continuar con la labor heredada por sus tatarabuelos. Son la quinta generación de una familia de circenses que han visto cómo poco ha poco ha ido cambiando el mundo del espectáculo. Bajo su carpa han visto nacer a sus hijos y ahora, en sus caravanas, están viendo pasar una crisis sanitaria que nos está dejando a todos sin palabras.
El circo comenzó a montarse el día 8 de marzo en Calahorra y desde entonces se encuentran atrapados allí. «Primero se suspendieron los actos públicos y luego salió el Real Decreto; no nos podíamos mover porque cada uno somos de un sitio, incluso de un país distinto», explica Justo. Y allí siguen. Si para los demás está siendo complicado vivir en un piso, a ellos el confinamiento les pilla en sus autocaravanas. «No es lo más complicado, porque al final es nuestra casa y estamos acostumbrados a vivir en pocos metros», cuenta.
Una treintena de personas que se alojan en estos momentos en el aparcamiento de la Era Alta, sin poder salir para nada. «En principio teníamos permiso para estar estacionados quince días, pero el Ayuntamiento nos ha ampliado el plazo entendiendo las circunstancias», cuenta Justo.
Aún ha ido un paso más allá y les está ofreciendo a través de Servicios Sociales comida para estos días. «Somos una treintena de personas, entre ellas algunos niños», comenta Justo que teme la vuelta a la normalidad: «Creo que las medidas se van a ir quitando progresivamente y los espectáculos fuimos los primeros y vamos a ser los últimos, ya veremos como salimos de ésta», cuenta.
La magia en el formato de toda la vida se niega a desaparecer, pero ven muy complicado la vuelta a la normalidad.


