La Rioja

El Convento de los Sueños

Tengo un amigo que se sabe todos los chascarrillos del mundo. ¿Le llamas por teléfono? «Diga, melón». ¿Qué tal andas? «Aquí andamios». ¿Le cuentas un chiste? «Me río de Janeiro». Cuando bostezas y dices casi inconscientemente eso de «tengo un sueño…», el tipo salta rápidamente al acecho como si le fueran a dar dinero por la gracia: «Pues ojalá se te cumpla». Y así va tirando el hombre por la vida. El karma le ha dado un trabajo en Madrid y una novia en Murcia. Por joder. No se puede tener todo.

Este amigo -lo llamaremos Álvaro (nombre ficticio) en recuerdo de otro Álvaro- no conoce ni de lejos el Parlamento de La Rioja. Salvo por las pintas que nos hemos tomado alguna vez en su terraza bajo ese «peculiar aroma» que destila su plaza a partir del jueves por la noche, Álvaro no sabe qué es este lugar ni quién es Alfonso Domínguez, Pablo Baena o Raúl Díaz, por citar algunos. Le sonarán José Ignacio Ceniceros y Concha Andreu, por aquello de mandar en esta nuestra comunidad, pero poco más. Ni hablarle de Teresa Villuendas, Alberto Reyes o ese señor del PP que se parece a Jesús Ángel Garrido pero que no es Jesús Ángel Garrido.

El Parlamento de La Rioja es un lugar escondido a los ojos de los riojanos. Inhóspito. Lúgubre. Señorial. Un antiguo convento con menos afluencia de público que Las Gaunas un día sin Reyes Magos. Nuestra casa del pueblo, donde practicamos sin parar la democracia, se resguarda de las miradas de los curiosos como un tarro lleno de esencias por descubrir. Sólo 33 elegidos y unos pocos satélites conocemos verdaderamente su poder. Y su mala acústica, claro, porque sus pasillos invitan al susurro, el cuchicheo, las caminatas confidenciales y los encuentros en esquinas inesperadas.

No tardará en masificarse. Ya le ha pasado a Venecia con los cruceros, al centro de Barcelona y al campamento base del Everest. La gentrificación es imparable y llegará también a nuestro querido Parlamento. Entonces todos descubrirán su secreto y perderá su encanto. Álvaro me reprochará que por qué no le he contado antes «esa puta crema» y se apuntará a cada Pleno como ahora se apunta a cada festival. Lo mismo dará el Sonorama que el Debate del Estado de la Región. El mismo subidón. Y a colgarlo todo en Instagram.

Yo me excusaré diciéndole que no había descubierto el secreto del lugar hasta este jueves, coincidiendo con el primer presupuesto de la ‘era Andreu’. Quizás haya sido el influjo de haber visitado hace poco Old Trafford, pero entre enmienda y enmienda a las cuentas de Don Celso me he dado cuenta de que el Parlamento de La Rioja es, en realidad, el Convento de los Sueños. Refugiado entre sus gruesas paredes, el calor de la política te invita a soñar sin que te des cuenta.

Hay unos que allí sueñan más que otros. No diremos su nombre por aquello de salvaguardar su empleo, pero alguno se pone tanto a soñar que hasta da cabezadas en el asiento y puede que al día siguiente tenga molestias en el cuello. ¿A quién no le han dejado una noche sin dormir los chiquillos o se ha ido de cena de empresa teniendo que ir al Convento de los Sueños al día siguiente? Por aquello de sacar un poco la cara a nuestros políticos, también diremos que no es diputado.

Su condición de periodista no es importante en este caso sino sus sueños. Al hilo de los sueños de Caty Bastida, quien quería que Ana Santos incluyera no sé cuántos millones en el presupuesto de Servicios Sociales, prefirió cerrar los ojos para evadirse y soñar. Soñar con una comunidad mejor como hacemos todos los allí presentes. Lo mismo dan los populares que los socialistas, los naranjas que los morados o los comunistas. Cada uno a su manera. Es pasar la puerta de ese noble edificio y ponerse a soñar en que cualquier cosa es posible, incluso revertir todos los contratos con Viamed o la redistribución real de la riqueza.

Rememoraba Pablo Hermoso de Mendoza antes de ser alcalde de Logroño que «la política es el arte de hacer posible lo imposible» y el Convento de los Sueños es el lugar ideal para ello. Allí, según el PP, Henar Moreno (única diputada de IU) se ha convertido en la jefa del chiringuito al estilo Chimo Bayo. «Esta sí, esta no, esta enmienda me la apruebo yo». «Esta sí, esta no, esta PNL me la apruebo yo». «Esta sí, esta no, este presupuesto me lo apruebo yo». Un día de estos se lo diré a Álvaro, aunque ya me conozca la respuesta: «¿Qué me estás container? Parece menterio».

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