Entrevista

Sheila Bañiuelos: «Hacen falta más mujeres policías y que quieran salir a la calle»

Tras una década entera dedicada a patrullar la ciudad, Sheila Bañiuelos sabe que la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana de la Jefatura Superior de Policía de La Rioja y, en concreto, el grupo de radiopatrullas donde representa a la única figura femenina, es su sitio. «Este trabajo te sorprende cada día, pero hace falta tener iniciativa y saber cómo actuar, no sirve tener miedo a estar tan expuesta. Tal vez sea ese el motivo, sumado a los turnos nocturnos, por el que hay tan pocas mujeres interesadas en este puesto», apunta la policía.

En 2008 comenzaba su andadura en el Cuerpo Nacional de Policía, pero, tras la jura de bandera, su destino fue, durante diez años, Valencia. «Allí, el volumen de gente y de trabajo es muy diferente al de Logroño», relata Bañiuelos al tiempo que recuerda uno de los turnos nocturnos que más le marcó: «Eran fiestas de Fallas y nos entró una llamada de una discusión en un rellano en un barrio de la periferia. Para cuando llegamos, un hombre había recibido varias puñaladas por las que acabó falleciendo antes de llegar la ambulancia en presencia nuestra».

La policía Sheila Bañiuelos en las dependencias de la Jefatura Superior.

A pesar de ser la única mujer en radiopatrullas, de los 44 operativos actuales, Bañiuelos asegura que la desigualdad no existe en su trabajo: «Nunca he tenido problemas con los compañeros por el hecho de ser mujer. En Valencia sí que tuve que lidiar con algún compañero que me miraba de otra manera o ni me hablaba, pero son casos aislados. Donde tal vez existe desigualdad es en el número de mujeres que hay en el cuerpo, además de que se necesitan más policías que quieran salir a la calle».

Resaltan los casos de violencia de género, hurtos y peleas como los más numerosos en cuanto a las llamadas que reciben en la sala del 091. Tres operadores están continuamente atendiendo las cerca de veinte llamadas que llegan diariamente y cuyas cuestiones requieren el desplazamiento de las patrullas al lugar del suceso, a las que hay que sumar también las realizadas por cuestiones informativas. «Un trabajo muy exigente y de mucho estrés aunque carezca de riesgo», asegura Bañiuelos.

Operadores trabajando en la sala del 091.

Con 246 personas operativas, la Jefatura Superior de Policía de La Rioja dispone de cinco Brigadas Provinciales distribuidas en Seguridad Ciudadana, Judicial, Información, Científica y Extranjería, entre las cuales el número de mujeres se distribuye de forma casi equitativa. Sin embargo, Bañiuelos destaca la «mayor carencia» de la institución policial: «Debido al escaso número de plazas que se ofertan, ya que cada vez las pruebas físicas y teóricas son más complejas, el personal operativo resulta insuficiente. Estamos bajo mínimos».

Violencia de género

Casos de agresiones del marido hacia la mujer o de violencia doméstica suelen ser los más predominantes en estos casos, sin haber diferencias en los rangos de edad. «Nosotros acudimos al domicilio y comprobamos cómo se encuentra la mujer, hablamos con ambas partes para conocer lo ocurrido y en base a ello decides y procedes o no a la detención del varón. El resto ya es cosa de UFAM (Unidad de Atención a la Familia y Mujer), quien gestiona los partes de denuncias», explica la policía.

Cada vez denuncian más y cada vez lo hacen desde más jóvenes. El motivo, según Bañiuelos, es que «hay mucha concienciación y ya no hay miedo ni se considera un tema tabú». Sin embargo, considera que «tras el parón que hubo en los casos de violencia de género entre los jóvenes, cuando estaban más sensibilizados, ahora se aprecia que están volviendo a aumentar porque los valores de respeto a la pareja se están perdiendo, provocando así un retroceso».

Sheila Baños en uno de los coches patrulla.

La conciliación, un reto

Madre de un niño, Bañiuelos asegura que la maternidad le cambió la vida, aunque nunca ha dejado de lado su profesión. «Lo más duro fueron los años que pasé en Valencia porque deseaba regresar a mi tierra con mi familia, unido a la dificultad de compaginar los horarios con mi pareja, que también trabaja en el cuerpo. Pero desde arriba siempre nos han dado muchas facilidades teniendo constancia de nuestra situación, nunca hemos tenido problema a la hora de modificar horarios o no coincidir en el mismo puesto», señala.

Aunque nunca ha tenido que elegir entre su trabajo y su familia, en cuyo caso antepondría a la segunda, esta policía incide en la dificultad de «compaginar el cuidado de los hijos con un trabajo como este». Por el momento, Bañiuelos se siente feliz por ser capaz de hacer doblete en ambos aspectos al mejor rendimiento y haciendo lo que más le gusta profesionalmente: «Prevenir el delito y dar seguridad al tiempo que resulta gratificante tu intervención».

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