El Rioja

Monjitas, famosos y «corredores de bolsa» se citan en Madrid Fusión

A Madrid Fusión hay que ir bien desayunado. Se evita así la tentación de hacer el ridículo ante los expositores y mendigar un trozo de pan o una rodaja de chorizo como si estuviéramos en tiempos de la cartilla de racionamiento. Batida de reconocimiento, plano mental y estricta selección de productos a probar: unas (pocas) ostras, una cata horizontal de jamones ibéricos (los hay de todas las denominaciones de origen), una copita de buen vino (o dos o tres, que la representación riojana en TopWineSpain da para ello), un café, un chupito de brandy y va que chuta.

Los «show cooking» (o sea, un cocinero trabajando rodeado de toda la parafernalia posible) también tienen su tirón. Vistoso, por ejemplo, el que protagonizó Mario Sandoval, que, en compañía de media docena de ayudantes, mostró las salsas holandesas y ‘pil piles’ que elabora a partir de productos tan singulares como el tuétano de buey madurado durante un año o el colágeno de la médula y la grasa de los ojos de los atunes. Muy apreciable, esa cultura de «aquí no se tira nada y se aprovecha todo»… Pero uno, que es un clásico, no podía dejar de pensar en aquellos cochinillos (¡criaturas!) que durante lustros y generaciones le dieron fama al restaurante Coque en Humanes.

Porque sí, las emulsiones, los sifones y la thermomix tienen su punto y su público. Pero las aglomeraciones, al final, hay que buscarlas al olor del chuletón. Y allí, con su mesita reservada, se juntaron esos famosos que no pueden faltar a cualquier cita madrileña que se precie: Fernando Romay, que también le hizo honores al chocolate soriano; Ramoncín, cada día más joven, que no perdonó un torrezno, o Edu Soto, mejor conocido como «El Neng de Castefa» (¿o era al revés?).

Más prudentes y discretas, las clarisas de Belorado (que ofrecen ponencia este martes sobre la repostería religiosa) quizá tuvieron que santiguarse cuando llegó la hora de quienes un amigo llama «corredores de bolsa»: parte de ese ‘público en general’ que echa a correr por los ‘stands’ arramblando con lo que pilla y metiéndolo en el saco. Buena parte de esos ‘brokers’ hacen guardia a las puertas de IFEMA a última hora, a la caza de una acreditación que no vaya a ser usada al día siguiente. ¡Lo que hacemos por comer de gorra!

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