Los expertos defienden la importancia de la educación para erradicar la violencia de género: educar en valores de respeto a la mujer, a su dignidad y de igualdad entre hombres y mujeres. Pero la educación no es solo cosa de niños. Es algo que incumbe a la sociedad en su conjunto y los medios de comunicación juegan un papel fundamental en este asunto, tanto con el tratamiento de la información como con su manera de transmitirla.
Para ello, las periodistas Remei Castelló y Anna Gimeno han llevado a cabo el ‘Manual de estilo para el tratamiento de la violencia machista y el lenguaje inclusivo en los medios de comunicación‘, publicado y editado por la Unión de Periodistas Valencianas en 2018. NueveCuatroUno ha hablado con ellas acerca de la violencia, la igualdad y los medios de comunicación.
– ¿Cómo surgió la idea de hacer el Manual?
– El manual responde al compromiso de la Unió de Periodistes Valencians como firmante del ‘Pacte Valencià Contra la Violència Masclista’. Esta asociación de periodistas, que es la mayoritaria en nuestra comunidad, firmó el pacto y se comprometió a actualizar un anterior manual que tenía y que había quedado obsoleto. Publicaron una convocatoria y Anna Gimeno y yo presentamos una propuesta y nos concedieron la elaboración del manual.
– ¿A quién va dirigido? ¿solo a medios de comunicación?
– El manual va dirigido principalmente a las personas profesionales que están relacionadas con la comunicación, ya sean periodistas, fotoperiodistas, cámaras, editoras y editores, responsables de redacción… y a los equipos directivos de las empresas de comunicación. Pero nos hemos topado con una realidad que no esperábamos. Nos están llegando muchas peticiones del ámbito educativo con la intención de formarse y preparar al alumnado para una lectura crítica desde la perspectiva de género.
– Actualmente, ¿cómo tratamos los medios de comunicación el tema de la violencia machista?
– La mayoría de los medios repiten los mismos estereotipos desde hace años y se recogen los mismos mitos. Entendemos que es muy difícil –con las rutinas productivas actuales, con unas redacciones bajo mínimos y con una falta de formación en este ámbito y sin ayuda de las empresas periodísticas- cambiar los hábitos. Pero eso no significa que no somos responsables del mensaje que lanzamos. Continuamos culpabilizando a las mujeres, continuamos poniendo el foco en ellas y justificando indirectamente a los agresores, por ejemplo.
Tal como se redactan las noticias aún se da a entender que la agresión o asesinato ha sido fruto de un arrebato, o que ha sido porque el agresor iba borracho, drogado o por celos, eludiendo la causa real y de fondo que es el machismo.
También parece que la mujer es la culpable por aguantar esa situación de maltrato. Dos ejemplos: cuando decimos que él la asesinó después de que ella le dijera que iba a pedir el divorcio la ponemos a ella como causante, como imprudente, cuando ella tiene total libertad para pedirlo.
El divorcio no es la causa, puede ser el detonante, pero la causa es que él es un machista y piensa que ella es de su propiedad. Se debería separar esa idea. O cuando los medios informan de una violación y dicen que la chica había bebido, también se está poniendo el foco en la víctima en lugar de ponerlo en el violador. Los medios deben cambiar la imagen que se da de las mujeres.

Remei Castelló
-¿Está bien dicho violencia machista? ¿Cuál es la diferencia entre violencia de género, doméstica, machista…?
– Violencia machista es un término muy correcto y muy preciso porque es el machismo, la cultura patriarcal, la que da pie o justifica este comportamiento, este es el origen de la violencia de los hombres hacia las mujeres por el simple hecho de ser mujeres, y, si se nombra como ‘violencia machista’, se visibiliza esa causa.
Violencia de género nos parece menos correcta porque omite qué género ejerce este tipo de violencia. No lo hace explícito, aunque podamos saber a qué se refiere. Es correcto, y hasta ahora era la denominación más utilizada.
La que no utilizaríamos nunca es violencia doméstica ni violencia familiar si se trata de violencia machista porque, por un lado nos remite a la idea antigua de que la violencia contra las mujeres era una cuestión privada, y porque, además, hay que tener en cuenta que la violencia que se produce en el contexto de la familia puede no ser una violencia machista, sino una violencia entre hermanos, por ejemplo.
– ¿Hay diferencia entre los medios (tv, radio, internet…) en el tratamiento de la información?
– La diferencia de base no es muy grande. Todos recurren a los mismos hábitos, pero como estamos hablando de diferentes canales sí que encontramos algunas. La televisión es uno de los que peor trata los temas. Por la inmediatez y la necesidad de contenido es la que presenta mayor sensacionalismo.
La radio en el momento en que salta la noticia también necesita información inmediata y por tanto recurre a fuentes fáciles como las del vecindario o a anécdotas o perfiles que no aportan mucho al caso. Después, pasadas unas horas, tiene la capacidad de aportar una información más completa y sosegada. Además, es la que –según el compromiso del medio o de la persona al frente del programa- más adapta su lenguaje. Internet es el canal que más rápido recoge la información y tiene capacidad para adaptarse.
– En su Manual hablan sobre la todavía mirada androcéntica de la sociedad. ¿Los medios contribuyen a ello?
– Sí, por ejemplo, la mayor parte del espacio deportivo se dedica al fútbol y por tanto se da por hecho que la preferencia masculina es la universal. Cuando se habla de arquitectura o urbanismo no se habla de las necesidades de las mujeres, igual pasa cuando se habla de transporte urbano, remodelación de líneas y horarios, etc.
En la mayoría de los medios cuando se habla de economía, o de las subidas de las pensiones, no se visibiliza la situación de las mujeres y por tanto parece que a todas y a todos nos va a afectar igual. Afortunadamente en algunos medios esto ya está cambiando. Otro punto muy llamativo es el de las voces autorizadas. La mayoría de las veces se presentan como fuentes expertas o acreditadas a los hombres, y se reservan a las mujeres temas puntuales que en muchos casos se consideran más bien como temas femeninos o más ligeros.

Anna Gimeno
– ¿Tan importante es el lenguaje como para crear este tipo de conflictos?
– Nosotras distinguimos el androcentrismo –que sería el tratamiento de los temas- y el lenguaje –que es el uso del lenguaje sexista o no inclusivo-. Pero sí, el lenguaje es muy importante. Lo que no se nombra no existe y si todo lo nombramos en masculino hay una parte de la población que no se siente representada o incluida, que somos nosotras.
Al final, la voz masculina es la autorizada, con jerarquía y credibilidad. Las mujeres y las niñas aparecen subrepresentadas y los niños y los hombres sobrerrepresentados. Es mejor hablar de profesorado que de profesores, o de ciudadanía en lugar de ciudadanos, o de equipos de investigación en lugar de investigadores. Hemos encontrado casos de ‘Investigadores han descubierto….’ y en la noticia había un investigador hombre y cuatro investigadoras mujeres.
– Hablando claro, ¿los medios de comunicación pueden llegar a influir tanto como para que alguien pegue, insulte o veje a su pareja?
– Los medios –o mejor dicho las personas que los conforman- forman parte de la sociedad y como parte de esta tienen en su ADN el patriarcado. Los medios tienen el poder de concienciar y contribuir a los cambios sociales. Si el discurso pasa por estereotipar y lanzar mensajes discriminatorios por supuesto que este discurso se normaliza y se interioriza y puede suponer un peligro.
Si por el contrario se condena y se desprecia, esos potenciales agresores se ven desautorizados. De todos modos, los medios no son los únicos que pueden contribuir a ese cambio social tan necesario, deben ir de la mano de una mayor educación y formación. Ese cambio no lo queremos solo las mujeres, muchos hombres también están revisando su masculinidad, que también es opresora, como parte del sistema patriarcal en que vivimos.


