La Rioja

La emotiva carta de Luci: «Mi madre me sacó de la escuela a los diez años»

Luci nació el 1 de mayo de 1934 y ha ‘celebrado’ su cumpleaños en ‘La Barranca’ para protagonizar el momento más emotivo del también aniversario del cementerio civil riojano, que este miércoles cumple cuarenta años: «Esta carta se la di a un reportero que estuvo en un periódico de La Rioja, pero no me la publicaron. ¡Qué coj… me van a publicar! Que la quemara y que la olvidara».

«Pues ni la he quemado ni la he olvidado ni he perdonado. ¡Viva la libertad, viva la República y viva La Barranca!», ha finalizado, entre los aplausos y el ‘cumpleaños feliz’ que le han dedicado las cerca de quinientas personas congregadas en la fosa común.

«Os voy a contar un poco de lo que ha sido mi vida. Otro día os contaré mucho más porque hoy no puedo dar nombres de los cuatro que sé que fusilaron a mi padre. Tienen hijos y yo no soy ninguna hiena. Los dejo que vivan en paz», ha dicho antes de comenzar.

La carta de Luci

Saludos a todos. Hoy es un buen día, felicidades a todos.

Soy Luci. Tengo a mi padre aquí, Cipriano Berrozpe. Si me dejáis un poquito, me gustaría contaros un pequeño relato de mi vida, aunque me figuro que aquí hubo muchas personas que podrían contar muchas cosas de lo que ellos pasaron. Y deberían de contar lo para que para que los jóvenes sepan lo que nos hicieron a las familias de estos seres fusilados. Solamente para pensar cómo nuestras madres sufrieron muchísimo en silencio y sin poder poner ni una flor. No nos dejaban entrar. Sin saber por qué se los llevaron. Porque todo, todo, hasta hablar, lo tenían prohibido.

A mi padre lo fusilaron en 1936 a los 33 años aquí en La Barranca. Estuvo preso en la Escuela de Artes y Oficios y de allí lo trajeron aquí. Dejó a la mujer -mi madre- y cinco hijos, de los que la mayor tenía 12 años y una servidora, 2 años. Estaba la familia durmiendo, llamaron a la puerta y mi padre salió a ver quién era. Unos guardias civiles le dijeron que era solo para hacerle unas preguntas en el cuartel. Mi madre quiso ir con él y se lo prohibieron; le dijeron que enseguida volvería… Hasta estas fechas. Mi madre, con los cinco hijos, se fue con sus padres y con su trabajo -que hizo como una mula- y la ayuda de sus padres nos sacaron adelante.

Tanto la viuda como los hijos tuvimos que pasar muchísimo. Nos insultaban, nos degradaban. Nos prohibieron muchas cosas, me contaba mi madre, que había racionamientos y un día ella estaba en la fila como muchas mujeres, hasta que una buena señora -por decir algo bueno- y un municipal estaba intentando que no se parase nadie. La señora le dijo ‘Pepe, ahí está una roja que han fusilado a su marido y para los hijos de los rojos, ni aire para respirar’.

De oficio, mi familia eran alpargateros. Mi madre me sacó de la escuela a los diez años para trabajar en la alpargata. Yo estaba encantada de no ir a la escuela porque mi maestra todas las mañanas, al entrar, me hacía cantar el ‘Cara al sol’. Mi madre no pudo disfrutar de su marido, pero sus cinco hijos no pudieron llamar padre a su padre, con lo bonita que es esa palabra. ¿Quién nos dejó sin él? Mi padre está aquí fusilado como muchos más. Solamente por envidias y malos quereres de buenas familias. Todos de Haro.

El que quiera preguntar por la familia de Cipriano Berrozpe tiene mi casa dispuesta paraa todo el que vaya a Haro. Somos honrados y ayudamos a quien puede y todos estamos trabajando. Mis hijas en una oficina de una empresa. Otra es enfermera en una residencia. Un nieto reportero y fotógrafo que hace mucho bien en imagen y sonido. Y un yerno que me adora. Todos aquí honran a todo.

No olvidéis, juventud. Con sus vidas, estos fusilados ayudaron a conseguir la libertad que tenéis. No dejéis que vuelvan a hacer otro estrago como hicieron con los que fusilaron aquí. Muchas gracias por escucharme. Y doy también las gracias a los que cuidan esto y se desviven para conseguir mejorar este cementerio. Gracias.

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