Retrato de La Rioja

Las huellas de un viaje a través del tiempo

Chus García. 43 años. Quel y Enciso. Cocinera y emprendedora de Antigüedades Momo

Reportaje fotográfico: Clara Larrea ©

Se abre el portón y… uno no sabe dónde mirar. No por desagradable, sino por todo lo contrario. Hay tantas cosas que atraen la atención que cuesta enfocar y tranquilizar el cerebro. Chus García (Quel, 43 años) recibe con una sonrisa y con mucha energía. Comienza el viaje por su tienda de antigüedades, Momo, en Enciso. Es, en el fondo, un viaje por su vida.

“Perdonad, que como hoy no está abierta la tienda, gran parte de lo que exponemos en la calle lo tenemos dentro”, aclara. Es solo una pequeña muestra de que le gusta el orden, a pesar de su aire bohemio. “¿Queréis hablar aquí? Pues entonces pongo un poco de musiquita para que percibáis el ambiente en todo su esplendor”, nos asegura.

Saca uno de los múltiples discos de vinilo que vende, coloca la aguja y comenzamos a sentirlo… “Son Los Pasos”. Quizás se escapan un poco por edad, pero los clásicos le dan color al lugar. “Me gusta poner música de los sesenta, de los setenta. De artistas como Elvis, Triana, Leonard Cohen, Patti Smith, Pink Floyd, los Rolling…”, aclara.

Vamos entrando en situación, pero hay tantas cuestiones sin resolver que se agolpan y tenemos que empezar desde el principio. ¿De Quel a Enciso? “No. Cuando terminé el instituto me fui a Zaragoza a estudiar Filología Inglesa; pero la verdad es que allí vi otra dimensión de vida y no arrancaba en los estudios”, ríe ahora, con la sabiduría que dan los años.

“Muy joven monté en Zaragoza un proyecto de ropa urbana con unos amigos, ‘Simbiosis’, que sigue en marcha”

Así que, con el carácter lanzado que aparenta tener, se metió en otras historias. “Muy joven monté con otros amigos un proyecto de serigrafía, de ropa urbana, que hoy ha evolucionado y sigue en marcha muy bien, se llama ‘Simbiosis, serigrafía textil shop’; ahí hice de todo, mi socio era el del diseño y yo era más la que llevaba la parte de economía, contabilidad, y también hacía serigrafía”, explica. Y añade: “Mira, este jersey es de la tienda Simbiosis, precisamente”.

Pero vuelve hacia un tema que se despertó en ella en aquella época y que sigue presente: la economía, en este caso de corte social. “Con Simbiosis formaba y, actualmente sigue formando parte, de REAS (Red de Economía Alternativa y Solidaria)”.

Y en ese caminar evolutivo que ha sido su vida, decidió que en 2007 era momento de cambiar. Fue entonces cuando se adentró en el mundo de la cocina. “Me fui a Huesca, de nuevo a un entorno más rural, y durante dos años cursé restauración en el Centro Público Integrado de Formación Profesional San Lorenzo”, explica. Y entre tanto pasó lo que más suele cambiar la vida de las personas… “Vine a un curso de bioconstrucción en la Escurquilla, una aldea de Enciso, y conocí a la que hoy es mi pareja”.

Así llegó su regreso a tierras riojanas, más cerca de su pueblo natal, Quel, de lo que ella hubiera podido imaginar. Merced a su formación en Hostelería y Restauración consiguió trabajo en el Hotel Victoria de Arnedo, en el Sopitas, también de la localidad arnedana, y después pasó a la Posada de Santa Rita, en el propio Enciso.

Sin embargo, a Chus los cambios no la aterran. “Nos gustaba el coleccionismo y las antigüedades y vimos en ello la posibilidad de tener nuestro autoempleo; así, en 2015 abrimos ‘Momo (un Mundo de Objetos y Máquinas Olvidadas)’, que está abierta al público los fines de semana, puentes y festivos, y en agosto también entre semana; pero si alguien llega fuera de horario, nos llama y estoy en casa le atiendo; a la vez que también vendemos por internet”, precisa.

“Para nosotros es también una forma de rescatar objetos perdidos y olvidados, de mantener el patrimonio etnográfico, de dar valor a lo que se hacía con las manos y con una función”

Habla en plural, aunque ella es la que principalmente se encarga de Momo. “Es una salida laboral compatible con la crianza”, añade. Y es que dos niños de 4 y 7 años han revolucionado sus vidas. “Para nosotros es también una forma de rescatar objetos perdidos y olvidados, de mantener el patrimonio etnográfico, de dar valor a lo que se hacía con las manos y con una función”, subraya.

Aunque Chus es un ciclón y su vida no se remite solo a Momo. “Si hablo muy rápido, me dices, ¿eh?”, repite. La mano está en forma para tomar apuntes, menos mal, porque ciertamente su cabeza y su lengua son rápidas, como su integración en el pueblo de las huellas de dinosaurios, que tan bien las ha acogido a ella y a su familia. Por ejemplo, está metida en la organización EncinArt, la ‘Muestra de teatro y Arte de Calle y Patio’, que el pasado mes de junio cumplió su décima edición.

Sin embargo, no es lo único en lo que anda implicada: está dentro del Colectivo Memoria Industrial Alto Cidacos. Este se dedica a investigar la antigua industria del valle, vital en el desarrollo económico de los pueblos de la zona desde el siglo XVIII hasta el principio del XX y cómo su pérdida supuso el comienzo de la masiva despoblación del entorno… No para.

Llevamos gran parte de la conversación pensando en el origen del nombre y en el logotipo (una tortuga). Vale que es el acrónimo de ‘Mundo de Objetos y Máquinas Olvidadas’, pero no parece algo tan simple… “¿Conoces el libro ‘Momo’, de Michael Ende, el de ‘La historia interminable’? La tortuga es uno de los símbolos… En realidad es un libro juvenil pero es más bien de adultos”. Esta vez lo conocemos. Habla de los hombres grises que se llevan el tiempo y los valores. Aquí Momo se ha quedado con ambos, los recuerdos, los valores… Todos están ‘guardaditos’ entre las gruesas paredes de esta casa de Enciso, cerca de la plaza del Ayuntamiento.

Pero algo no ha conseguido Momo: que el tiempo se frene. Nos damos de bruces con la realidad, llega la hora de irse. Ya nos lo explica una silla que sale de una ventana en la casa de enfrente (es parte de una serie de frases que decoran Enciso): “No es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Cierto. No tiene remedio, es verdad, es tiempo de seguir viajando por La Rioja.

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