Firmas

Señor Vallejo

¿Nunca te ha pasado eso de encontrarte con alguien por la calle y no saber cómo se llama? Por la noche no suele haber problemas: “¿Qué pasa, máquina?”; “Hombre, crack, ¿cómo así por aquí?”; “¿Qué vida?”; “¿Qué dice el hombre?”. Y todas sus variantes: figura, artista, jefe, genio, fiera, tronco, loco, socio… asunto arreglado. Patada y a seguir. La vida continúa sin más avatares que un pequeño golpe en el hombro a modo de despedida de esa persona de cuyo nombre no puedes acordarte.

Hay más tensión en olvidar un nombre que en pillar a tu mujer en la cama con otro. En la infidelidad tienes claras tus opciones: marcharte resignado a buscar un bar donde poner el codo en la barra o montar un 2 de mayo. El despiste es más complicado. Tiene demasiadas aristas. Y el nivel se eleva hasta límites insoportables cuando el olvido lleva a la equivocación. ¿Sacar a esa persona de su error o dejarle solo a la deriva? Es algo parecido a lo que se soporta cuando descubres que alguien es tartamudo. ¿Completas la frase o dejas que termine?

Sólo se permite el fallo si a quien se nombra es a la Duquesa de Alba: María del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz-James Stuart y de Silva Falcó y Gurtubay. Como para acordarse. Decía el escritor Xoan Tallón que en la vida conviene saber cuándo tu nombre se vuelve una losa para deshacerte de él como si fuese el calzoncillo de ayer: “En último término, un nombre tiene que ser un salvoconducto, una llave maestra, una versión mejorada, a poder ser, de ti mismo, y no una mera señal para que te des la vuelta cuando te llaman”.

Todas estas reflexiones les pasaron por la cabeza a los miembros del Gobierno de La Rioja este jueves mientras el consejero de Educación, Alberto Galiana, iba convirtiendo una y otra vez a Ricardo Velasco (PSOE) en el “señor Vallejo”. No son raros los pequeños cambios de nombres durante las sesiones en el Parlamento, pero hasta ahora ningún diputado o miembro del Ejecutivo se había empleado tan a fondo en esta tarea.

Un, dos, tres, catorce. No repitió las mismas veces que cantaba Bono de U2, pero cada “señor Vallejo” resonaba tanto en el antiguo convento de La Merced que hasta los micrófonos se pusieron a funcionar. Los compañeros de pupitre de Galiana (Conrado Escobar, María Martín y Alfonso Domínguez) empezaron nerviosos, intentando susurrarle el apellido correcto. Estaba demasiado lejos. El atril central es la soledad del político. Solo ante el peligro. La única forma de salir de ahí es sacado por soldados de los Navy Seal que se descuelgan del techo o, como el Partido Riojano, no llegando al 5% de los votos.

En el tercer “señor Vallejo” lo intentaron con más fuerza, pero el consejero estaba obcecado con su presa. No la podía soltar. “Y para terminar, le voy a decir una cosa…”. ¡No! ¡No lo digas! Y lo volvió a decir para ponerle más énfasis: “Y para terminar, le voy a decir una cosa, señor Vallejo, jugador de chica, perdedor de mus”. Para entonces ya sólo se podía reír y que el señor Vallejo, el verdadero, el diputado de nombre David (Ciudadanos) pidiera la palabra por alusiones. Menuda bronca se había llevado sin comerlo ni beberlo.

No hubo tal petición y una simple disculpa de Galiana sirvió para devolvernos a la cruda realidad, esa donde no había risas sino una sesión en la que descubrimos que la tasa de abandono escolar ha alcanzado un “nuevo mínimo histórico” al situarse en el 12,5% y que la ADER es una “herramienta esencial” de la política económica e industrial del Gobierno de La Rioja. En el Parlamento no se para de aprender. También supimos en ese ratito que las tendencias del mercado de trabajo indican que “se está creando empleo cada vez de mayor calidad en La Rioja”. Menuda gozada. Y gratis.

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