Semana Santa

«Cada territorio debe defender sus signos de identidad en el arte»

Aunque su base es evidentemente religiosa, nadie pone en cuestión el papel determinante que juega el arte en la fascinación hacia la Semana Santa. Especialmente el arte barroco, principal apuesta del Concilio de Trento para convertir la religiosidad popular en garantía de futuro de la Iglesia, gracias a su fácil comprensión y su capacidad de conmoción. Este jueves ha pasado por Logroño Juan Miguel González, voz autorizada en el Barroco hispalense por su condición de catedrático y director del departamento de Historia del Arte en la Universidad de Sevilla. Con NueveCuatroUno, analiza el pasado, presente y futuro de la imaginería religiosa y revela sus predilecciones en la Semana Santa de Logroño.

¿Cuáles son los puntos que no ha querido dejar atrás en su ponencia, ‘La imaginería barroca en la Semana Santa’?

Fundamentalmente he querido presentar una panorámica sobre la escuela escultórica sevillana durante el siglo XVII, que es el momento de su máximo esplendor. Se trata de un recorrido complementado con diapositivas de obras de Juan Martínez Montañés, que es el gran maestro que le da una seña de identidad mayor a toda la imaginería hispalense. A continuación me he centrado en Juan de Mesa, su discípulo predilecto y máximo exponente del realismo barroco; y en Pedro Roldán, que evoluciona del realismo al barroco exacerbado, sin olvidar la figura de José de Arce. Gracias a ellos, la escuela de imaginería religiosa de la Sevilla del XVII es uno de los grandes focos de la escultura, no solo española, sino también europea e hispanoamericana.

Hay pocos fenómenos artísticos que generen tanto interés en la actualidad como el Barroco relacionado con la Semana Santa.

El Barroco es un estilo que está pensado para mover y conmover a las masas. Al ser un arte de fácil comprensión no pierde vigencia con el paso de los años y así se entiende que el siglo XX haya sido el siglo del Neobarroco, porque todos los imagineros se han inspirado en los grandes maestros de los siglos XVII y XVIII.

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¿Es un estilo que se presta a evolución o es muy probable que nuestros descendientes vean dentro de varios siglos una Semana Santa muy similar a la que percibimos hoy en día?

Es una expresión plástica limitada de algún modo por unos condicionantes claros, pero también interviene la genialidad del artista para darle su impronta personal. En lo que concierne al Neobarroco sevillano se sigue mirando con auténtico deleite al glorioso pasado de Montañés, Pedro Roldán o Duque y Cornejo.

Ha llegado a nuestros tiempos, incluso, cierta militancia hacia los imagineros contemporáneos, con seguidores acérrimos de Álvarez Duarte o Miñarro que casi se asemejan a los de Quevedo y Góngora en el Siglo de Oro.

Creo que eso ha pasado en todas las épocas, pero que aun así todos los escultores del presente hacen suyas las fórmulas ‘montañesinas’, ‘roldanescas’ o ‘mesinas’. Concretamente Miñarro, en su tesis doctoral, llegó incluso a atribuir imágenes de ‘La Roldana‘ al propio Juan de Mesa. Son cuestiones efervescentes que constituyen un signo de inquietud y cierta añoranza hacia el pasado que se nos fue, pero que sigue viviendo en el sustrato de la sociedad contemporánea.

Hay quien apunta a cierta ‘globalización estética’ en las Semanas Santas de otros lugares que se miran en el espejo de la andaluza y tratan de emular sus cánones. ¿Existe la posibilidad de que esos territorios abandonen su esencia para abrazar los elementos meramente andaluces?

Aunque pueda haber un cierto mimetismo por la Semana Santa de Andalucía, cada ciudad y cada región deben ser respetuosos con su pasado y con sus tradiciones. Eso no quiere decir que no haya unos trasvases ni unas influencias; es algo que ha ocurrido siempre a través de la Historia y el propio arte español ha estado influido por el italiano desde la época medieval. Al margen de ello, creo que hay que defender los signos de identidad de cada territorio.

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¿Ha tenido ocasión de conocer la Semana Santa de Logroño?

La conozco a través de fotografías y documentales, pero nunca he podido participar en ella. Me cuesta mucho trabajo salir de Sevilla y en alguna ocasión me he escapado a Huelva o Cádiz, que también tienen muy buena imaginería por sus relaciones comerciales con Italia en el pasado, pero no me ausento mucho de Sevilla.

Y de esas referencias que le han llegado, ¿hay alguna imagen que haya captado especialmente su atención?

Me consta que cuenta con imágenes verdaderamente interesantes. El Cristo de las Ánimas me ha llamado poderosamente la atención porque es una escultura verdaderamente impactante. No deja indiferente al espectador y eso es muy importante en la imaginería; que te dé el aldabonazo en la conciencia y te haga pararte a reflexionar.

¿Hacia dónde hay que mirar en la actualidad para encontrar el mayor talento de la nueva escuela imaginera?

Hay muy buenos valores jóvenes, pero de momento creo que el interés siguen acaparándolo los imagineros de la segunda mitad del siglo XX, especialmente Luis Álvarez Duarte y Juan Manuel Miñarro. Se están haciendo muchas cosas en Córdoba, pero dentro de la estética sevillana, aun siendo imágenes de una extraordinaria delicadeza emocional y de un refinamiento espiritual muy elevado.

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