Firmas

Sólo faltó bailar al ritmo del himno merengue

Los que nunca hemos ganado nada en la vida asistimos al espectáculo de esta noche electoral en el Círculo Logroñés como un aprendizaje rápido de cómo se celebra una victoria. Una canción a todo trapo que reviente los oídos de los presentes, banderitas al viento, abrazos largos, sonrisas y puños en alto, croquetas, vino, cerveza, bocatitas de jamón y fotografías sin parar. Y no hace falta más si tienes 73.000 votos en el bolsillo. Ni un gol de Iniesta en el minuto 116.

Ambiente de día grande. V de victoria. Un peso quitado de encima. Era el aroma que se respiraba en el refugio popular en una feliz noche en la que el triunfo se saboreaba con mayor placer por ser inesperado. «Éramos nosotros contra todos», decía un dirigente del PP, mientras comentaba que había que seguir en la línea de la «humildad» para tomar los resultados. Pero apenas podían contener la emoción de ver cómo PSOE y Podemos se alejaban en escaños.

Tanta era la alegría que casi se olvidan de ver a su líder, Mariano Rajoy, titubear desde el balcón de Génova sin palabras para describir la situación. «¡Presidente, presidente!». «Yo soy español, español, español». «¡Viva España!». No era un círculo de Podemos el más feliz sino el círculo del PP en las noches electorales: el Círculo Logroñés. No se le escapó el detalle al concejal Javier Merino, quien al ver la televisión apagada llamó a los técnicos de sonido e imagen. Miraba Twitter y se tranquilizaba: «Aún no ha hablado». Rozando la tragedia.

El que sí había hablado era Albert Rivera desde la calle Alcalá. Los reproches al número uno de Ciudadanos se acabaron cuando alguien decidió apagar la televisión que observaba todo desde la esquina, pero Merino se dio cuenta del detalle y acudió a solventar el problema. Así convirtió ese rincón de la capital riojana en una extensión de la céntrica calle madrileña en la que se agolpaban miles de personas para ver cómo Rajoy daba el discurso «más difícil» de su vida. «Esa foto ni cuando las mayorías absolutas», señalaba un afiliado.

Asentía la alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra, cuando el presidente de su partido aseguraba que no había sido una etapa fácil para gobernar. Pegada a su jefa de gabinete y desde ayer diputada en el Congreso, la primera edil de la capital riojana también rebosaba la misma felicidad que el resto de sus compañeros, aunque ninguno podía igualar a un exultante Emilio del Río, que abrazaba sin parar a todo aquel que se le acercaba. Es posible que partiera tres o cuatro columnas vertebrales.

Sólo un pero se le puede poner a la celebración del PP. Quizás dos. La segunda es consecuencia de la primera. El himno que sonó cuando salieron a escena todos los candidatos y el presidente Pedro Sanz, cual estrellas del rock, no fue el del merengue sino el de toda la vida. Hasta para eso en La Rioja somos tradicionales. Y por tanto, no hubo baile de Emilio del Río, Pedro Sanz, José Luis Pérez Pastor o Cuca Gamarra emulando al socialista Miquel Iceta.

Si había un día para ello, ese día era este 26 de junio de 2016. El PP riojano ha perdido el miedo y ha vuelto a creer en sí mismo, pero todavía no se ha atrevido a bailar. Cuestión de tiempo.

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