Firmas

El Parlamento del tiempo

El tiempo no existe. Es algo que hemos inventando como método de orientación para darle orden a nuestras vidas y podemos jugar con él a nuestro antojo. Incluso podemos movernos a través de él sólo con la palabra y la imaginación. Da igual hacia adelante que hacia atrás. En un instante se pasa de historiador a vidente y de melancólico a futurólogo optimista (o agorero). Las manecillas del reloj indican segundos, minutos y horas. Apenas se mueven. Tampoco la más finita. Pero a veces van a demasiada velocidad haciendo caer las hojas del calendario en un desparrame que convierte las semanas y los meses en instantes fugaces. Y si no que se lo pregunten a cualquier padre. Porque nadie entiende el tiempo. Ni siquiera en el Parlamento de La Rioja por mucho que los diputados se empeñen en hablar de él.

La consejera de Salud, María Martín, dio ayer una clase magistral sobre la Administración en los siglos XIX, XX y XXI. Antes se medía todo en términos presupuestarios: presupuesto alto, bien; presupuesto bajo, mal. Ahora, en estos tiempos, va todo en términos de eficiencia, explicó. Ya saben que la pobreza agudiza el ingenio. Pero si magistral fue la lección de la consejera que siempre lleva cuellos altos (menos mal que todavía no aprieta el calor), cum laude fue la de Tomás Martínez Flaño (Ciudadanos). El diputado naranja puede tener hueco en el gabinete de Ceniceros como consejero del Tiempo. Quizás se pueda habilitar una Dirección General o crear un Instituto Riojano del Tiempo por aquello de no aumentar los altos cargos. Demostró Flaño conocer a la perfección cuáles eran los malos horarios de los españoles. Desayunamos a las ocho, vemos el Ministerio del Tiempo cuando los alemanes ya están en la cama… sólo le faltó decir a qué hora leen los riojanos El Tempranillo cada mañana.

Llegó más tarde el turno de los videntes. Jesús Ángel Garrido (PP) predijo que el próximo Gobierno de España estará presidido por Mariano Rajoy y Emilia Fernández (PSOE) le replicó que no, que el próximo Gobierno de España iba a estar presidido por Pedro Sánchez. Por lo menos uno, se equivoca. Si no los dos. Cosa de colores. Rojo y azul. Naranjitos y morados no entraron al trapo. Fernández decidió también llevarnos al mes de junio y dijo que ya estábamos de campaña electoral. Pronto empiezan (empezamos), si es que alguna vez hemos dejado de estarlo desde comienzos del 2015, allá cuando todavía José Ignacio Ceniceros era presidente, pero del Parlamento.

Y del mes de junio, al mes de abril. Le tocó al popular Álvaro Azofra volver a intervenir tras sufrir un mareo en la última sesión parlamentaria y lo primero que hizo fue agradecer la preocupación que le había mostrado «la gran mayoría» de los allí presentes. Más tranquilo y sin percances, dejó todo listo para que en ese ir y venir del tiempo saliera a la palestra la estrella mediática: Rebeca Grajea de la Torre (Ciudadanos). Había bajado su extraordinario rendimiento en los anteriores Plenos, pero todo era una estrategia para no quemarse al final de liga, cuando llegan las finales importantes antes del parón veraniego, aunque este año hay Eurocopa. La primera, en la frente. Confusión en los folios que llevó al atril. «¡Uy! ¡Me he equivocado! ¿Puedo ir a por…?», le preguntó a la presidenta Ana Lourdes. Respuesta afirmativa. «Qué maja», contestó la siempre vivaracha Grajea de la Torre.

No encontraba el folio correcto en su escaño y por allí apareció la mano de Juan Calvo (Podemos) intentando colar el suyo. No lo consiguió ‘el diputado calvo’, pero sí consiguió el engaño la consejera María Martín. Se cambió de sitio y se marchó al gallinero (entendamos por gallinero la segunda fila porque sólo hay dos) junto a Azofra y Noemí Manzanos. Y Grajea de la Torre no la encontraba cuando la quería interpelar. Sin folios ni consejera a la vista, citó a Solón de Atenas: «Nada en exceso». «¿Tampoco la verdad?», contestó el consejero de Educación, Abel Bayo, aunque también podría haberle comentado que incluidas las citas en las intervenciones.

El último pequeño viaje en el tiempo de la tarde no tardó en llegar. Grajea de la Torre (insistimos siempre en el apellido compuesto) recordó sus tiempos de azafata en el Riojafórum y una leyenda que por allí corría. La ‘APP Pedro Sanz’. No dijo ‘Pedrone’. ¿Y de qué se trataba esa APP? Los periodistas damos fe de que ni en iOS ni Android está porque comprobamos al instante si existía por si nos estábamos perdiendo la aplicación más popular. APP: Ambulancia Privilegiada Presidente. Contó Grajea de la Torre que si iba Pedro Sanz al Riojaforum, había ambulancia. Si no iba, naranjas de la China. O de Mongolia, por donde ha andado últimamente el expresidente.

Ceniceros y María Martín confirmaron entre risas al terminar la sesión, ya en el pasillo, que desconocían la existencia de la APP. Ahí queda la leyenda, como el Pleno más corto de la legislatura (menos de cuatro horas). Tenían muchos que llegar a los premios de Onda Cero en el ya citado Riojaforum. ¿Habría ambulancia? ¿Sería la famosa APP? Quién sabe. Quizás sea otro invento como el tiempo. O se la haya tragado la nueva política. O sea esa ambulancia que Cruz Roja – La Rioja ha donado a los refugiados de la frontera entre Grecia y Macedonia. Demasiadas dudas que sólo podrá resolver el Parlamento del Tiempo en una próxima sesión.

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