La primera viña que se vendimió el año pasado fue una de tempranillo blanco en el término de Alfaro. Un 13 de agosto, Bodegas Ilurce inauguraba la cosecha 2025 en la DOCa Rioja, una adelantada en fechas y también escasa. Ahora, a pocos meses de cruzar nuevamente la línea de salida, desde esta misma bodega apuntan que la campaña viene más adelantada que los últimos años, pero a diferencia de la anterior, esta llega mucho más cargada.
«Siempre se ha dicho que la fecha de floración marca la fecha de vendimia, pero hace muchos años que eso ya no sirve. Es cierto que se ve todo más adelantado que en estos años pasados, igual con unos 15 días de diferencia, y es complicado frenar el ciclo, aunque puede pasar, ya sea por unas temperaturas totalmente excesivas o por excesivo frío. Aún así, no se puede decir a estas alturas que vamos a vendimiar 15 días antes», apunta Amador Escudero, al frente de la bodega alfareña, en los micrófonos del podcast La Voz del Agro.
En cuanto a la producción esperada, Escudero estima que puede haber en torno a un 20 por ciento más de uva que en un año normal: «Hay bastante cosecha, pero es cierto que yo en mis viñas no tengo un cosechón. Las garnachas están muy bien, pero los gracianos no tienen cosechón y los tempranillos tampoco porque son viñas viejas. Tengo lo suficiente». Nada que ver al año pasado, cuando el granizo golpeó fuerte dos de sus zonas de producción. «En otro sitio las viñas quedaron desarmadas por el herbicida del cereal y en alguna otra zona tuve mildiu, así que los rendimientos del 2025 no son nada representativos», añade.
Por otro lado, la sanidad de la uva es indiscutible. Este productor recalca que el mildiu que se ha visto en campo «ha sido prácticamente testimonial». «La uva está muy sana y al menos en esta zona lo poco que he visto ha sido en hoja y algo puntual en racimos de viñas de otros agricultores, pero era una zona que suele embalsarse cuando llueve mucho y no se pudo tratar por las dos caras. Así como el año pasado tratábamos y no se veía la efectividad de los productos, este años igual veías alguna mancha pequeña y tras el tratamiento el mildiu desaparecía. En cuanto al oídio, aún puede entrar hasta que la uva esté negra, pero normalmente los años que llueve mucho en primavera las esporas se lavan», añade.

Garnacha en vaso en una viña de Alfaro.
Buena cosecha en producción y en sanidad, pero las sensaciones de Escudero son «agridulces». Por un lado, «como viticultor es positivo, pero no querría que me sobrase ni un kilo de uva amparada y que llegaran las famosas cartas porque todo lo que tengas de más es añadir costes a los gastos de explotación que ya hay, con lo que mal vamos». Además, desde la figura de elaborador «también es más fácil elaborar con una cosecha completa que no cuando es muy escasa y no hay forma de llenar depósitos y te quedas con que en los tintos no te llega la camisa o que se queda la prensa para blancos a la mitad.
«Sin embargo, a nivel de denominación no conviene que venga mucha uva. Si después de dos cosechas escasas no se han recuperado los precio como se pensaba porque no hemos sido capaces de vender lo que se esperaba, imagínate ahora si viene más producción. Creo que este va a ser el primer año que se queden uvas en el campo por no tener bodega donde descargar. Lo pintarán del color que lo quieran pintar, pero el escenario sigue estando muy mal. Si esta campaña abundante significase que van a volver unos precios justos, y no hablo de los precios de 2017 o 2016 si no de unos que reflejen una mínima rentabilidad para el agricultor, la situación sería diferente», sentencia.
En la zona de Alfaro el envero, apunta el productor, suele llegar hacia el 20 de julio, pero es probable que este año lo haga antes. Un adelanto que desde la Sonsierra también se palpa. José Gil, de Vignerons de la Sonsierra, pasa estos días haciendo despuntes a mano y aporcando con el tractor (echar tierra alrededor del tronco de la cepa) para cubrir las hierbas en sus viñas de San Vicente y Labastida.

Labores de aporque en la zona alta de San Vicente de la Sonsierra.
«Sí que se ve que el ciclo va adelantado, pero sobre todo es que las viñas están muy bonitas, con buena vegetación y una cantidad de uva buena, sin ser una exageración. Ahora lo importante es que el tiempo siga sin fuertes vientos o tormentas de granizo para llegar a la vendimia en las mejores condiciones», apunta el viticultor y elaborador.
El año pasado inició la cosecha un 20 de septiembre con el blanco de Labastida y confía en que este año sea similar, si acaso con algunos días de adelanto: «Puede pasar de todo. Hay que tener en cuenta que en esta zona, llegado septiembre, puede refrescar algo. Además, al haber más uva le va a costar enverar y madurar más, pero nosotros siempre aclareamos al final, y si luego a principios de septiembre caen 20 litros, con el calor acumulado eso acelera la maduración. Todo está por ver, pero aún recuerdo en 2018, que había bastante uva y el tiempo fue lluvioso y nublado, por lo que se vendimió en octubre. Esa será la última cosecha que hemos vendimiado en octubre».

Así avanzan los racimos entre San Vicente de la Sonsierra y Labastida.
En cuanto a las enfermedades, en la Sonsierra también respiran tranquilos. «Nosotros solo hemos echado dos manos y una de azufre en polvo y por el momento estamos supercontentos. Esta vez las lluvias llegaron en una fase más temprana de la viña, cuando aún no estaba en floración, y después sopló viento norte, pero sin fuertes rachas. Luego ha hecho temperaturas frescas que han sujetado el problema del mildiu que el año pasado dejó tantas complicaciones. Fue un año duro tanto física como mentalmente porque llovió en el momento de mayor sensibilidad de la planta y luego llegó el bochorno, lo que favoreció el mildiu. Yo nunca había conocido un año así», recuerda.


