Un modelo cómodo para el turista, accesible para quien no cuenta con vehículo propio durante unas vacaciones y especialmente atractivo para un visitante urbano que busca combinar gastronomía, cultura, ocio y vino en un mismo viaje. Bodegas Franco-Españolas es todo eso y mucho más, porque el arte de maridar el enoturismo en esta icónica bodega de Logroño va más allá del vino. Aquí las copas bailan al ritmo de proyecciones cinematográficas, de desfiles de moda, de representaciones teatrales, actuaciones musicales y, por si fuera poco, también de eventos corporativos. Porque el mundo del vino se disfruta desde diferentes vertientes y solo hay que saber explorarlas para aprovechar al máximo su potencial.
Ese carácter diferencial de esta bodega, fundada en 1890 a orillas del río Ebro y a escasos minutos a pie del Casco Antiguo de la capital, explica las cifras récord de turistas que la bodega ha alcanzado en los últimos años, demostrando que el bagaje que le otorgan todos estos años de recorrido en el sector combina a la perfección con el carácter innovador del equipo.

Solo en 2025, más de 80.000 personas pasaron por estas instalaciones de la calle Cabo Noval para participar en alguna de sus experiencias, consolidando a Franco-Españolas como uno de los principales focos turísticos de la ciudad. En concreto, la bodega cerró el ejercicio con 80.164 visitantes y una facturación superior a los 2,1 millones de euros, creciendo más de un 32 por ciento respecto al año anterior. El enoturismo tiene gancho, pero al mismo tiempo cada vez la oferta de bodegas y actividades es mayor, por lo que la diferenciación en este abanico en constante reconversión es crucial.
El éxito de Franco-Españolas no es casualidad. La histórica firma lleva años entendiendo el enoturismo no como una simple visita a depósitos y barricas en la que se explica la elaboración del vino, sino como una experiencia cultural completa. Su singularidad reside en la capacidad de mantener actividad constante durante prácticamente todo el año adaptándose a las nuevas demandas turísticas mientras los robustos muros de piedra que la rodean recuerdan el peso patrimonial que sostienen las grandes bodegas centenarias de Rioja.

Uno de los mejores ejemplos es el ciclo ‘+Teatro con Diamante’, una propuesta ya consolidada que une artes escénicas y vino en un formato plenamente reconocido dentro de la programación cultural logroñesa. Las representaciones convierten las salas de la bodega en pequeños escenarios donde el espectador vive el teatro de una forma cercana y diferente, siempre acompañado por el universo del vino Diamante, una de las marcas históricas de la casa.
A ello se suman otras citas también asentadas como el Cine de Verano, que cada año transforma los patios de la bodega en un espacio abierto para disfrutar de películas entre copas de vino y noches templadas; Hallowine, que ha logrado mezclar el ambiente festivo de Halloween con experiencias tematizadas dentro de la bodega; o el Día de la Moda, donde diseño, tendencias y vino encuentran un espacio común en pleno corazón de Logroño.

La clave es que todas estas actividades ayudan a romper la estacionalidad turística. Frente a otros modelos muy ligados únicamente a la temporada estival o la época de vendimias, Franco-Españolas mantiene un flujo constante de visitantes gracias a una agenda cultural estable y atractiva. Ese posicionamiento también ha convertido a la bodega en uno de los grandes referentes del turismo MICE en Rioja, es decir, el segmento vinculado a reuniones, incentivos, congresos y eventos corporativos. Su localización en la capital riojana resulta especialmente estratégica para empresas y organizaciones que buscan celebrar encuentros profesionales sin renunciar a un entorno singular.
La bodega acoge más de un centenar de eventos corporativos y congresos al año, consolidándose como uno de los espacios de referencia para reuniones empresariales, presentaciones, bodas o encuentros profesionales. Para muchas empresas, además, supone una ventaja evidente y es que los asistentes pueden alojarse en hoteles urbanos, desplazarse caminando desde el centro de la ciudad, disfrutar de su oferta gastronómica y completar la experiencia con actividades en la propia bodega, todo ello sin necesidad de largos traslados. Esa integración entre ciudad y cultura del vino es precisamente una de las grandes fortalezas que Franco-Españolas ha sabido explotar.

Pero lejos de conformarse con un modelo enoturístico consolidado, la bodega amplía su programación con nuevas propuestas. Entre ellas, La Bodega Live, el plan musical que debutará el próximo 27 de junio y que llenará de ambiente el recinto de la bodega, así como su terraza junto al Ebro, convertida en uno de los enclaves más atractivos de la ciudad para tomar un vino al aire libre. A todo ello se suma Galería 18.90, un nuevo espacio abierto al arte y a la creación contemporánea, que amplía la apuesta cultural.
Esta primera edición reunirá a grupos como Shinova, Ultraligera y Gara Durán en una propuesta que busca mezclar música en directo, vino y experiencia cultural en un entorno singular. La iniciativa nace con la intención de ir mucho más allá de un simple concierto y profundizar precisamente en esa idea que Franco-Españolas lleva años construyendo: la bodega como un espacio cultural vivo dentro de la ciudad donde el vino se integra en su ritmo cotidiano. Porque en Logroño, y en Rioja, el vino es parte de la idiosincrasia de sus gentes, de sus paisajes y de su forma de vida.
Todo ello ha terminado por convertir a Franco-Españolas en algo más que una bodega histórica. Su estilo de oferta demuestra cómo el enoturismo en Rioja puede evolucionar hacia propuestas más diversas, urbanas, abiertas y transversales, capaces de atraer tanto al visitante especializado en vino como a quienes simplemente buscan diversión y entretenimiento con un ocio cultural de calidad.


