El verano ya ha comenzado, y con ello la fiesta de los pueblos riojanos. Entre la diversión y la alegría también surgen muchas tentaciones que hay que tener en cuenta para no convertir una noche de fiesta en una emergencia. Desde Cruz Roja Juventud de La Rioja advierten del nuevo hábito de consumo de los jóvenes. «El consumidor regular parece que va desapareciendo y está dejando espacio al consumidor más ocasional, pero de atracón», aseguran.
El acceso al consumo de alcohol se mantiene en la barrera de los 12/13 años de edad. Es por ello que los técnicos de Cruz Roja se han tenido que adaptar a estas nuevas tendencias y remarcar que «consumir grandes dosis de alcohol en poco tiempo, aunque sea de forma muy ocasional, es igual de peligroso. No lo normalicemos». De igual manera, destacan la «normalización» de ciertas drogas como el Popper o o la marihuana que mezcladas con el alcohol producen efectos muy negativos que llegan a causar una emergencia vital.

Dinámica de Redox de concienciación en un colegio de Logroño
En la misma línea, Cruz Roja La Rioja ha reforzado el programa anual de Redox. Este proyecto está activo desde enero hasta diciembre, teniendo sus picos de actividad del 15 de junio al 15 de octubre. Este proyecto pretende concienciar, in situ, de los peligros y prevenciones sobre el consumo de alcohol y drogas durante las fiestas. En estos meses el dispositivo se va a desplegar en las fiestas de los pueblos, festivales y demás actos sociales multitudinarios.
Un espacio clave
César es uno de los coordinadores de este espacio y recalca la importancia de estar «en el sitio del consumo del alcohol», ya que facilita la captación del público a quien se quieren dirigir. Una vez en el lugar, el trabajo no es fácil. Es por ello que realizan dos tipos de intervenciones: «Por un lado tenemos nuestras carpas fijas para que la gente que quiera se acerque a consultar algo o hacer alguna actividad. Para los más reacios tenemos otro tipo de método que consiste en acercarnos, con las mochilas de Cruz Roja, a proporcionar información a los propios grupos de amigos».
Marta Ganado es técnica de sensibilización en Cruz Roja Juventud y recalca la variedad de dinámicas que ofrecen en estos puestos móviles. «Hacemos controles de alcoholemia para la gente que quiere coger el coche, juegos de simulación de alcohol y drogas con gafas que recrean los efectos de dichas sustancias, ruleta de preguntas y circuitos», explica Garrido.
Por otro lado estos puestos no solo sirven para realizar estas actividades, sino también como un punto de acceso a información útil. «Para las personas que han bebido les damos información sobre taxis o buses para no coger el coche», recalca César. Sin embargo, Marta destaca que el trabajo de reducción de riesgos una vez consumidas las sustancias se une al trabajo de prevención que se hace durante todo el año. «Estas mismas campañas se hacen en colegios e institutos con los adolescentes para que experimentes los riesgos de una manera simulada», apunta.
Los voluntarios, el pilar
Pese a que en estos programas hay varias personas contratadas, el pilar fundamental reside en la labor del voluntario. Alrededor de unos 30 ó 40 personas son las que, durante todo el año, conformar el engranaje que ejecuta las actividades.

Carpa de Redox en un festival riojano
David García es uno de esos voluntarios desde que tenía 18 años: «Quería colaborar con cruz roja y este programa al estar ligado al ámbito festivo me pareció muy atractivo». Un punto fundamental de los voluntariados es la formación que reciben antes de salir a la calle, y en este caso consiste en tres partes. «Por un lado la parte más teórica sobre los efectos del consumo, otra parte es formación en primeros auxilios y la última consiste en métodos de actuación ante agresiones sexuales que a veces se dan en la noche», informa David.
Para él estar realizando este voluntariado en las calles de noche es «bastante divertido», ya que al hacer dinámicas con las personas «la noche es bastante entretenida». «Cuando yo empece pensaba que la gente iba a pensar que éramos unos corta rollos, pero todo lo contrario. Las personas se acercan y nos agradecen mucho las actividades que hacemos. Concienciar mediante el juego es la clave», comenta García.


