El conflicto entre médicos y Ministerio de Sanidad ha vuelto a dejar huella esta semana en La Rioja, donde el pulso se ha trasladado de las mesas de negociación a los pasillos de hospitales y centros de salud. En unos días en los que la primavera debería traer cierta normalidad, la actividad sanitaria se ha visto salpicada por cancelaciones, agendas a medio gas y pacientes pendientes de una nueva fecha.
La huelga, de carácter nacional y promovida por organizaciones como la Confederación Española de Sindicatos Médicos, llega tras semanas de desencuentros con el Ministerio que dirige Mónica García. Las negociaciones en torno a la reforma del estatuto marco no han logrado acercar posturas y el malestar del colectivo médico ha vuelto a traducirse en paros que, una vez más, han tenido un reflejo directo en la atención sanitaria.
Desde el propio comité de huelga se ha llegado a acusar al Ministerio de «manipular el relato», al considerar inviable su propuesta de solución sin una modificación previa del marco legal, mientras que desde Sanidad se defiende que se ha hecho «todo lo posible» por desescalar el conflicto.

EFE/Raquel Manzanares
En La Rioja, el balance de estos cuatro días de huelga dibuja una semana marcada por la ralentización de la actividad. Desde el lunes hasta el jueves se han suspendido un total de 225 intervenciones quirúrgicas programadas, en una secuencia que ha ido creciendo jornada a jornada: 48 operaciones aplazadas el lunes, 55 el martes, 62 el miércoles y otras 60 el jueves. A ello se suman 224 pruebas diagnósticas que tampoco han podido realizarse, añadiendo más presión a un sistema que ya arrastra listas de espera exigentes.
Pero donde más se ha notado el efecto del paro ha sido en la atención diaria. Más de 5.400 consultas y asistencias han quedado en suspenso a lo largo de la semana. El lunes se dejaron de atender 1.275 citas, cifra que aumentó el martes hasta las 1.450. El miércoles, aunque el número descendió hasta 960, volvió a repuntar el jueves con otras 1.450 atenciones aplazadas. Detrás de cada número hay pacientes que han visto cómo su visita al especialista o al médico de familia se pospone sin una fecha clara.
Todo ello con un seguimiento que, sin ser masivo, ha resultado suficiente para alterar el funcionamiento habitual. Cada día, entre 95 y 129 facultativos han secundado la huelga en La Rioja en una plantilla de más de 1.300 médicos, lo que ha obligado a reorganizar servicios y priorizar la atención urgente frente a la programada.
Ese malestar también se ha dejado ver en la calle. Alrededor de medio millar de personas se han manifestado en Logroño para reclamar mejoras laborales y un estatuto propio para el colectivo. Bajo lemas como ‘Condiciones laborales justas’ o ‘Estatuto médico propio ya’, los profesionales han puesto el foco no solo en el Gobierno central, sino también en la responsabilidad de las comunidades autónomas.

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La portavoz del Sindicato Médico en La Rioja, Beatriz Fernández, ha insistido en que «necesitamos que se regulen los turnos de guardia, porque no podemos asumir jornadas de 24 horas y semanas de 70 u 80 horas», y ha advertido de que esta situación «condiciona la seguridad de los pacientes y la nuestra».
Pese al impacto de la huelga, desde el colectivo han asegurado que cuentan con la comprensión de la ciudadanía. «Los pacientes nos entienden», ha señalado Fernández, quien ha reconocido que el paro está afectando especialmente al bloque quirúrgico y que eso «va a aumentar las listas de espera», pero lo considera un paso necesario para mejorar el sistema a largo plazo.
El paro, el tercero de carácter semanal en lo que va de año, confirma que el conflicto sigue enquistado. Los sindicatos mantienen la presión y no descartan prolongar las movilizaciones hasta junio si no hay avances reales en la negociación. «Esto no va a parar, necesitamos que nos escuchen y vamos a ser firmes», han advertido durante la protesta.
Mientras tanto, la consecuencia más visible no está en los cruces de declaraciones, sino en las agendas interrumpidas y en una espera que, para muchos pacientes, se alarga un poco más de lo previsto. Porque, como resumen desde el propio sector, el debate va más allá de una reivindicación laboral: «Se trata de definir qué modelo de sanidad queremos sostener en los próximos años».


