Las colmenas de Roberto Calvo están trabajando en una temporada de primavera que está funcionando bien, aunque no al ritmo que este apicultor riojano querría. Afincado en la aldea de Santa Marina bajo la marca Apícola El Praeño, el año pasado perdió casi la mitad del volumen de su explotación por varios factores, entre los que sobrevuela la avispa asiática, por lo que ahora se ocupa de reponer las faltas con la vista puesta en la campaña de otoño, ya que es la miel negra, la de roble, la que concentra la mayor parte de su producción.
Tiene más de un centenar de colmenas en la zona de Jubera, en lo que llama el valle, y donde está dedicando estos días a hacer divisiones para crear nuevos núcleos con los que reponer las cerca de 200 bajas que ha tenido durante el invierno. El tiempo, sin embargo, no acompaña, con una falta de humedad que ralentiza todo el proceso. Mientras tanto, en la sierra, en Santa Marina, también mantiene algunas colmenas que hibernan ahí todo el año. «A esas ya les di el tratamiento contra la barroa y ahora están arrancando», relata en los micrófonos del podcast La Voz del Agro.
«Yo parto de que ya la cosecha de otoño no fue buena porque no hubo gran cantidad de miel negra, miel de roble. Además, ahora el campo tampoco está húmedo porque no ha llovido lo suficiente y apenas ha nevado, por lo que ha sido un invierno suave. La sierra está seca y eso ralentiza las colmenas. Además, cuando hace mucho frío las abejas hacen una parada muy fuerte de cría que es importante de cara a frenar la barroa porque esto da un margen para tratar. En Santa Marina siempre tengo asegurada esa parada, pero en el caso de las colmenas que bajo a la zona de Jubera andan más justas porque ya a finales de diciembre empieza a arrancar la floración del romero y luego le sigue el almendro, así que esa parada de cría no es tan clara», apunta.

Uno de los colmenares de Roberto Calvo.
Las colmenas, pese a todo, han arrancado bien la temporada, aunque Calvo preferiría que estuvieran más fuertes para poder así crear buenos núcleos de reposición. «De cara a los próximos días tampoco hay previsiones de lluvias y eso puede afectar muy negativamente a las abejas. Si no llueve, no se le va a poder pedir más al campo, así que tendremos que adelantar el movimiento a la sierra. Pero es que la sierra tampoco está cargada de agua, por lo que el roble no va a florecer con la suficiente fuerza ni va a haber agua para pasar el verano», advierte.
Los motivos de la alta mortandad que sufrió el año pasado, algo que nunca había registrado a esos niveles (en años anteriores registraba entre un 10 y un 15 por ciento de mortalidad), son diversos: «Por un lado, la abeja llegó en unas condiciones un poquito justas a la entrada del invierno. Además, la avispa asiática me atacó un colmenar que dejé en la sierra para que se recuperase y me lo machacó, me lo dejó muy pobre de abejas. A ello se suma que tampoco había humedad para el brezo y en el último mes han venido dos golpes de frío justo cuando las colmenas habían arrancado bastante bien, así que eso las frenó bastante y ahora están dando el último empujón».
Reconoce que, con estas circunstancias, este año no podrá reponer todas las bajas que sufrió, así que confía en que llueva en la sierra para librar la mayor parte y compensar. Su plan es sacrificar gran parte de la cosecha de miel de primavera para reponer esas bajas y así poder llegar a la de otoño en mejores condiciones: «Al final, prefiero sacar más cantidad de miel negra que sacar de primavera».


